Poder focalizado

Daily Devotional Audio

Si necesita cortar un trozo de papel, sólo tiene que coger unas tijeras y ponerse manos a la obra. Pero, ¿y si necesitas cortar una pieza de acero de 10 cm de grosor? Muy fácil. Utiliza agua. No estamos hablando de usar una manguera de jardín. Una cortadora por chorro de agua de 50.000 dólares es una herramienta industrial capaz de cortar acero grueso.

El corte por chorro de agua requiere un chorro continuo de agua a alta presión (hasta 90.000 psi) y puede cortar una gran variedad de materiales, como madera, roca y metal. Funciona especialmente bien en materiales sensibles al calor. A diferencia de los cortadores de metal, un chorro de agua nunca se desafila.

Cuando se concentra agua a suficiente presión, se puede cortar acero. Los cortadores láser utilizan haces de luz concentrados y también pueden cortar acero. Imagina lo que ocurriría si la Divinidad se reuniera y concentrara su trabajo en un único proyecto. En realidad, en los atrios del cielo y en los concilios de la Trinidad, se trazó un plan para la salvación de la humanidad, un plan que requería toda la energía concentrada del Dios trino.

Aunque todos los miembros de la Divinidad participan en la redención de la humanidad, las Escrituras se centran en Jesús, que “nos redimió de la maldición de la ley” (Gálatas 3:13). Como la potencia focalizada de un cortador de chorro de agua, la cruz es una revelación altamente focalizada del amor de Dios. A través de la sangre de Cristo, vemos el amor intenso del Padre y el poder desenfrenado del Espíritu Santo.

Isaías explica: “Pero vuestras iniquidades os han separado de vuestro Dios” (Isaías 59:2). El pecado creó una barrera gruesa y casi impenetrable entre nosotros y Dios. La dureza de nuestros corazones parecía imposible de traspasar. Pero un instrumento de tortura -la cruz del Calvario- se convirtió en el medio para atravesar el pecado. Como un rayo de energía concentrado, el amor de la Divinidad se derramó sobre la humanidad perdida, cortando el grueso muro de pecado que nos separaba de Dios.

Aplícalo:

Canta (o lee la letra) del himno Hay poder en la sangre. Luego da gracias a Dios por la cruz que atraviesa el pecado y te libera.

Profundice:

Romanos 1:16; 1 Corintios 1:30; Hebreos 12:2