Un nuevo lavado

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Algo tan sencillo y habitual como lavar la ropa está cambiando. Antes, la gente solía lavar ciertas prendas con el programa de agua caliente o tibia de sus lavadoras. Sin embargo, gracias a los nuevos detergentes, ahora toda la ropa se puede lavar a fondo con el programa de agua fría. Esto se debe a que la mayoría de los detergentes se disuelven igual de bien en agua fría que en agua caliente.

Muchas personas luchan con las manchas de sus errores pasados. Intentan sentirse mejor haciendo voluntariado o prestando servicio comunitario. Aunque algunas de estas estrategias pueden ser inocentes, el plan de Dios es darles una experiencia más poderosa.

La experiencia de la justificación se ilustra de manera impactante en la historia de Josué, el sumo sacerdote. Este hombre tenía un pasado accidentado. La metáfora de la suciedad en sus vestiduras se utilizó para representar la culpa y la condenación que Josué merecía. Cuando Satanás señaló las faltas de Josué, Dios intervino: «Él respondió y habló a los que estaban delante de Él, diciendo: “Quiten de él las vestiduras sucias”. Y a él le dijo: “Mira, he quitado de ti tu iniquidad, y te vestiré con vestiduras de honor”» (Zacarías 3:4).

La nueva vestimenta que Josué recibió representaba la nueva forma de vida que comenzó a llevar. Por un lado, la fe de Josué en la remisión de sus pecados pasados fue la aceptación de su nueva posición de justicia ante Dios. Por otro lado, su aceptación de esa posición de justicia también se manifestaba en su nueva forma de vida: «Así también la fe, si no tiene obras, está muerta» (Santiago 2:17).

Josué no intentaba ocultar su pasado pecaminoso haciendo el bien; más bien, hacía el bien ahora que la culpa de su vida pasada ya no le agobiaba.

Aplícalo:

Anima a alguien que esté desanimado por su pasado.

Profundiza:

Romanos 5:19; Filipenses 3:9; Zacarías 3:2