La fuente de la vida

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Cada vez hay más pruebas de que el misterio de la vida solo puede explicarse mediante una intervención inteligente y milagrosa. A mediados del siglo XIX, cuando Charles Darwin escribió su teoría de la evolución, muchos científicos creían en algo llamado «generación espontánea». Se trata de la creencia de que los seres vivos, como los gusanos, pueden surgir espontáneamente a partir de materia inerte.

Muchas personas creían en ello porque habían observado cómo, aparentemente, surgían gusanos y moscas de materia inerte, como carne o fruta en descomposición. En 1859, el gran científico Louis Pasteur demostró lo absurdo de la generación espontánea. Puso de manifiesto que, cuando la materia en descomposición se aislaba de moscas e insectos, nunca aparecía ninguna larva.

Ahora más que nunca, la ciencia moderna confirma que la vida es extremadamente compleja y solo puede surgir de vida preexistente. Por eso, ni siquiera los mayores esfuerzos de los científicos evolucionistas han sido capaces de producir una sola célula viva, ni siquiera en los entornos controlados de costosos laboratorios de alta tecnología.

Ahora, gracias a las maravillas de los microscopios del siglo XXI, los científicos comprenden que incluso el organismo más simple y pequeño es, en realidad, una fábrica virtual que contiene miles de piezas exquisitamente diseñadas de una intrincada maquinaria molecular, mucho más complicada que la Estación Espacial Internacional. De hecho, ¡cada célula microscópica es tan compleja desde el punto de vista funcional como una pequeña ciudad en hora punta!

Ahora que nos adentramos más en el mundo celular, la ciencia revela un mundo virtual liliputiense de enorme complejidad que ha llevado a la teoría de la evolución a un punto de ruptura. Es probable que, si Charles Darwin estuviera vivo hoy y pudiera ver una sola célula ampliada 50 000 veces mediante micrografías electrónicas, renunciaría por completo a su teoría por considerarla una tontería.

Dado que cada vez es más evidente que no existe una explicación científica para el origen de la vida en la Tierra, los evolucionistas están recurriendo ahora a la «carta de los extraterrestres». En otras palabras, afirman que la vida fue introducida en nuestro planeta por un cometa, un meteorito o por algún tipo de visitantes extraterrestres. Por supuesto, eso da lugar a un argumento «de otro mundo» que hace prácticamente imposible refutar su fantasía.

A pesar de la abrumadora montaña de pruebas de que solo un milagro podría producir la vida, el mundo moderno se niega a aceptar el relato bíblico de la resurrección de Jesús. Pero Jesús no solo resucitó, ¡Él es la Resurrección! Jesús es el Autor de la vida, la Fuente de la vida tanto ahora como eternamente.