No te lo puedes llevar contigo
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¿Te gustaría heredar 14.4 mil millones de dólares? Eso es lo que recibió Laurene Powell Jobs como viuda del cofundador de Apple, Steve Jobs. Heredó su fortuna y sus activos, entre los que se incluían acciones de Apple y una participación del 7,3 % en The Walt Disney Company —cuyo valor se triplicó tras la muerte de Steve en 2011, lo que supone más de 12 000 millones de dólares de su patrimonio neto—. Pero, al igual que le ocurrió a su marido, cuando Laurene fallezca, como dice el refrán, «no te lo puedes llevar contigo».
Hay quien ha leído 1 Corintios 15:50 y ha llegado a la conclusión de que el reino de los cielos es un lugar fantasioso y etéreo, lleno de nubes tenues, fantasmas y seres ilusorios que flotan por ahí todo el día. Si «lo de carne y hueso no puede heredar el reino de Dios», ¿cómo pueden los redimidos ser personas de carne y hueso?
Para entender qué quiere decir el apóstol Pablo con «carne y sangre», debemos fijarnos en el contexto de este pasaje. Solo unos versículos antes, explica cómo nuestros cuerpos resucitados serán diferentes de nuestros cuerpos actuales. «Así es también la resurrección de los muertos. El cuerpo se siembra en corrupción, se resucita en incorrupción» (versículo 42). Más adelante añade: «Porque lo corruptible debe revestirse de incorrupción, y lo mortal debe revestirse de inmortalidad» (versículo 53).
El pecado alteró nuestros cuerpos y nuestra propia naturaleza. Por lo tanto, cuando entremos en el paraíso del Edén restaurado, nuestros cuerpos serán transformados para que podamos disfrutar plenamente de la perfección del cielo. «Carne y sangre» es una figura retórica que se refiere al cuerpo humano en esta tierra (véase Mateo 16:17). Cristo, en su cuerpo resucitado, declaró que era verdaderamente «carne y huesos» (Lucas 24:39).
«Carne y sangre» se refiere a nuestros cuerpos corruptibles en la tierra. Cuando Jesús venga, «transformará nuestro cuerpo humilde para que sea conforme a su cuerpo glorioso» (Filipenses 3:21). Al pensar en nuestros viejos cuerpos terrenales, nos alegraremos de dejarlos atrás.
Aplícalo:
¿Qué es lo que más te apetece dejar atrás cuando vayas al cielo?
Profundiza:
1 Corintios 15:35–58; Gálatas 1:16, 17; Efesios 6:12