¿Creer en el fin de los tiempos convierte a los cristianos en personas peligrosas?
Un nuevo libro que está teniendo mucho éxito: End Times Fascism: Y la lucha por el mundo viviente, de Naomi Klein y Astra Taylor—, agrupa a los extremistas religiosos con los tecnofascistas y los etnonacionalistas, argumentando que comparten una visión apocalíptica en la que un grupo selecto espera sobrevivir —o incluso da la bienvenida— a la catástrofe que se avecina.
La acusación que se hace en el libro refleja una actitud cada vez más extendida en la sociedad. Un número creciente de personas da por sentado que los cristianos quieren que el mundo se queme porque creen que entonces Cristo regresará. Es cierto que hay algunos individuos «cristianos» o grupos marginales que piensan así; por ejemplo, en las redes sociales ha habido influencers que, de hecho, celebran los desastres como «señales» del fin. Además, hay quienes ignoran la responsabilidad de cuidar el medio ambiente porque «de todos modos todo va a ser destruido», así como quienes ven cada conflicto político intenso como un probable «Armagedón».
La politización de la profecía
Si bien es cierto que la profecía se ha distorsionado en ocasiones para justificar el poder político, la violencia, el abandono del sufrimiento o la indiferencia hacia el mundo, esto no es representativo del cristianismo bíblico. Esas distorsiones no son fruto de la profecía bíblica. Jesús nunca dijo a sus seguidores que provocaran una crisis, se hicieran con el control político o abandonaran a quienes sufren.
Por el contrario, les ordenó que permanecieran fieles, proclamaran el Evangelio, cuidaran de los demás y estuvieran atentos a su regreso. Sin indiferencia, sin extremismo.
Durante siglos, los movimientos políticos de todo el mundo se han apropiado del lenguaje religioso para promover sus propios intereses. Desde la antigüedad, la historia confirma un patrón recurrente: países que reivindican el destino divino de ser una nación elegida o superior; líderes que utilizan un lenguaje apocalíptico para recabar apoyo para su causa; y profecías concebidas como advertencias espirituales que son secuestradas para convertirlas en eslóganes políticos, reduciéndolas a mera propaganda. Las estrategias políticas disfrazadas de religiosidad son una imitación que distorsiona la realidad con el fin de obtener poder: todo lo contrario del verdadero cristianismo.
Jesús y el fin de los tiempos
Para comprender lo que creen los cristianos auténticos, debemos saber qué enseñó realmente Jesús. Por ejemplo, Él rechazó el sensacionalismo, el pánico y el alarmismo, e instruyó a sus seguidores: «“Cuidaos de que no os turbéis” (Mateo 24:6) en relación con los acontecimientos del fin de los tiempos. Nada de histeria, sino una confianza serena en Dios. Debían predicar el Evangelio (versículo 14): compartir la buena nueva de la oferta de salvación de Cristo con una humanidad incapaz de salvarse a sí misma.
El objetivo no es la dominación cultural ni la conquista política, sino compartir el amor y la bondad de Dios. De hecho, Cristo dejó claro que sus seguidores deben cuidar con compasión de los necesitados (Mateo 25:35–40). Explicó además que no todo aquel que le llame «Señor» formará parte de su reino eterno, «sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7:21). Su profundo mensaje era práctico: mantén la calma, sé fiel y compasivo.
Creer en la profecía tampoco justifica la destrucción. Más bien, saber que Cristo volverá debería dar lugar a una «conducción santa y piedad», no a una indiferencia temeraria (2 Pedro 3:11–14). De hecho, Dios ha prometido «destruir a los que destruyen la tierra» (Apocalipsis 11:18). Saber que el juicio está por venir debería motivar un comportamiento responsable y la preocupación por los demás. Esto significa que los creyentes deberían, más que los demás, esforzarse por reducir el sufrimiento en todas sus formas y cuidar de manera responsable el maravilloso planeta que nos ha confiado nuestro Creador.
Los cristianos maduros esperan el regreso de Cristo; no lo inventan. Cuidan de la creación mientras anhelan su restauración. Sirven fielmente y no eluden sus responsabilidades.
«Es innegable que las alianzas coercitivas entre el poder religioso y el político han causado un sufrimiento humano inconmensurable».
Una mezcla volátil
Históricamente y a escala mundial, la retórica religiosa en el ámbito político ha provocado inquietud en muchas personas. Esto hace saltar las alarmas entre muchos creyentes sinceros, ya que las alianzas coercitivas entre el poder religioso y el político han causado un sufrimiento humano inconmensurable en el pasado, lo siguen haciendo actualmente en muchas regiones del mundo y, según el libro del Apocalipsis, lo harán a gran escala en el futuro. En manos de los seres humanos, la religión y la política rara vez se mezclan pacíficamente.
En la actualidad, la persecución religiosa es rampante en todo el mundo. Decenas de miles de personas son asesinadas o mutiladas, pierden sus bienes personales, se ven desplazadas de sus hogares o sufren una intensa discriminación. Solo una separación vigilante entre Iglesia y Estado puede salvaguardar la libertad religiosa y minimizar las crueldades de la persecución.
Como herramienta coercitiva de carácter religioso-político, la profecía falsa o mal utilizada es peligrosa. Pero hay una gran diferencia entre este uso indebido de la profecía y lo que Jesús enseñó realmente a sus seguidores. La auténtica profecía bíblica genera compasión, valentía, moderación y fidelidad. Incluso los autores de End Times Fascism reconocen que hay muchas personas religiosas que se oponen al odio, la violencia y la opresión. El verdadero peligro en el fin de los tiempos no son los auténticos creyentes cristianos, sino la fusión de los poderes religiosos y políticos con la intención de imponer el acatamiento.
Entonces, ¿la creencia en la profecía bíblica conduce al extremismo o a la indiferencia ante el sufrimiento? Es posible, pero solo en aquellos que hacen un mal uso o malinterpretan las profecías, o que las utilizan para sus propios fines —en lugar de como mensajes sagrados de advertencia que conducen a una relación más profunda con Dios y a una mayor compasión por el prójimo.
¿Quieres saber qué enseña realmente la Biblia sobre cómo acabará el mundo? Haz clic aquí para leer nuestra guía de estudio gratuita y alentadora, «La liberación definitiva».