¿Dónde estás?
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Uno de los estilos de comunicación más perjudiciales en un matrimonio es «el silencio como respuesta». Esto ocurre cuando tu pareja se aleja de la conversación y te ignora. Cuando tu marido o tu mujer te deja sin respuesta cerrándose en banda, la relación se paraliza por completo. Incluso si discutís en voz alta, es mejor que evitar por completo a tu pareja, ya que cuando la interacción se reduce a cero, no hay forma de avanzar.
La próxima vez que tengas una conversación difícil con tu cónyuge o pareja, reflexiona sobre cómo respondes o no respondes. ¿Atacas y luego te retiras? ¿Te inclinas hacia adelante y respondes? ¿Criticas y luego ignoras su punto de vista? Por la gracia de Dios, no caigas en el hábito de alejarte, a menos que necesites un poco de tiempo para calmarte. Esfuérzate por eliminar las palabras desagradables o las culpas y aprende a escuchar con empatía.
Aunque Dios ordenó a Adán y Eva que se mantuvieran alejados del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, ellos decidieron desobedecer. El Señor podría haber levantado las manos y dicho: «Está bien. Hacedlo a vuestra manera», y luego haberse alejado. Pero el amor por la raza humana —una raza que ahora se había adentrado en una gran batalla entre el bien y el mal— impulsó a Dios a seguir adelante. «El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: “¿Dónde estás?”» (Génesis 3:9).
La participación de Dios en el lío creado por Adán y Eva muestra su amorosa preocupación por nuestro mundo. «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16). El Espíritu Santo fue enviado después de que Cristo regresara al cielo para que no quedáramos solos como huérfanos (Juan 14:16). Incluso los ángeles del cielo «sirven a los que han de heredar la salvación» (Hebreos 1:14).
Al final, Dios no ignorará el problema del pecado y, en última instancia, le pondrá fin. Está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria»
(1 Corintios 15:54).
Aplícalo:
Si oyeras la voz de Dios preguntándote: «¿Dónde estás?», ¿cómo responderías?
Profundiza:
Génesis 3:6–19; Juan 15:13; Romanos 5:8