¿Te están pudriendo el cerebro todas esas redes sociales?
Durante décadas, los niños estadounidenses han oído la advertencia: «Ver tanta televisión te pudrirá el cerebro». Pero hoy en día, la advertencia no se limita a la televisión, ni se dirige solo a los niños. Sean Parker, uno de los cofundadores de Facebook y su primer presidente, ha afirmado que este servicio en línea altera la mente de forma grave. Y, añade, sabían desde el principio que así sería.
En declaraciones al sitio web de noticias Axios, Parker, que se incorporó a Facebook en 2004 y desde entonces se ha convertido en multimillonario, afirmó que, para mantener la atención de los usuarios, Facebook está diseñado para ofrecer mensajes que hacen que el cerebro produzca dopamina, un neurotransmisor que puede indicar una «recompensa» por determinadas acciones.
Para que los usuarios sigan volviendo a Facebook, dijo Parker: «Tenemos que darte una pequeña dosis de dopamina de vez en cuando, porque alguien ha dado a “Me gusta” o ha comentado una foto, una publicación o lo que sea. Y eso hará que contribuyas con más contenido, y eso te reportará… más “Me gusta” y comentarios».
Parker también dijo que las redes sociales como Facebook «cambian literalmente vuestra relación con la sociedad, entre vosotros mismos… Probablemente interfiere en la productividad de formas extrañas. Solo Dios sabe qué le está haciendo al cerebro de nuestros hijos». Parker declaró que él y el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, así como el creador de Instagram, Kevin Systrom, «lo entendíamos conscientemente. Y lo hicimos de todos modos».
Por lo que sabemos, no se han realizado estudios médicos sobre los efectos de las redes sociales en el funcionamiento del cerebro. Pero hay otra área de investigación de la que podríamos extraer algunas conclusiones.
¿Recuerdas esa queja casi universal de los padres de que ver demasiada televisión «te pudre el cerebro»? Pues bien, en 2016, la revista Scientific American informó sobre un estudio de una universidad japonesa sobre el consumo televisivo de los niños que demostró que un aumento en el visionado de programas de entretenimiento provocaba cambios fisiológicos en el cerebro de los niños. Entre las conclusiones: «Las pruebas confirmaron que las puntuaciones del coeficiente intelectual verbal, que miden el vocabulario y las habilidades lingüísticas, descendían en proporción a las horas de televisión que veían los niños».
¿Cuál es la solución? Es a la vez sencilla y desafiante: ¡desconecta! Tómate un «sábado digital» un día a la semana; te recomendamos el sábado real como un buen día para empezar. Limita el tiempo que tú y tu familia pasáis frente a la pantalla, especialmente los niños más pequeños. Sal al aire libre cuando puedas. Sal a dar un paseo por tu barrio o haz una excursión por el bosque. Empieza a interactuar con otras personas lejos del mundo de las pantallas. ¡Nunca se sabe cuándo esas relaciones pueden dar lugar a una oportunidad para compartir el evangelio!
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