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Joyas: ¿cuánto es demasiado?

Introducción

Me intrigan los oxímoron ingeniosos. Un oxímoron es una afirmación o emparejamiento de dos palabras que se contradicen, como “luz negra” o “bastante feo”. Algunos de mis favoritos son “inteligencia militar”, “justicia penal”, “desorden civil” y “música rap” (el rap que he escuchado no se parece en nada a la música). Algunos oxímoron son más serios, como “pequeño pecado”, “cotilleo inocente” y “sexo prematrimonial seguro”.Hace unos años, mientras paseaba por una librería cristiana, me encontré con una vitrina de cristal con un cartel encima que decía “Joyas cristianas”. Pensé: “He aquí otro oxímoron intrigante, algo así como ‘rock cristiano'”. ¿Cómo pueden ser cristianas unas joyas que la Biblia desaconseja a los creyentes? Me doy cuenta de que este tema ha sido objeto de acalorados debates en los últimos años, pero mi propósito no es echar leña al fuego. Espero arrojar luz, no calor. Mi deseo es que la gente encuentre su fe y su práctica en la Palabra de Dios. Las Escrituras abordan claramente el tema de la apariencia externa y el adorno de un cristiano. Pero desafortunadamente, muchas iglesias guardan un extraño silencio sobre este tema.La joyería ha sido descrita por algunos como un asunto menor. Sin duda, alguien estará pensando: “Con todos los problemas que hay en la iglesia, ¿por qué querrían enfocarse en algo tan insignificante y ampliamente aceptado?”. Bueno, amigos, recuerden que Jesús dijo: “Porque lo que es de alta estima entre los hombres es abominación a los ojos de Dios.” Lucas 16:15. A menudo, son las cosas que parecen pequeñas en la superficie las que tienen mayores implicaciones. Hay peligros invisibles y sutiles relacionados con el uso de joyas. Así que si usted es un cristiano convertido que busca saber cómo reflejar mejor al Señor en estos últimos días, por favor mantenga su mente abierta mientras razonamos juntos a partir de las Escrituras.

El fruto, no la raíz

El poder del Evangelio comienza en el interior, transformando el corazón sin que lo vean los ojos humanos. Pero luego continúa fluyendo y filtrándose en cada área de la vida, produciendo cambios externos obvios. Al igual que una planta, la semilla primero cobra vida debajo de la tierra. Pero si la raíz está sana, la planta pronto se hará visible y dará fruto sobre la tierra. Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:20. Fíjense que Él no dijo que los conocerán por sus raíces que crecen bajo tierra. Dijo el fruto, no la raíz. Por lo tanto, se nos ordena estar conscientes de la evidencia externa y visible de nuestra fe. Cuando una persona acepta a Cristo como Señor, el Espíritu Santo comienza a impresionar a ese individuo para que haga ajustes dramáticos. A menudo habrá cambios en lo que aparece en la mesa durante la cena y en la televisión después de la cena. (De hecho, Él puede llevar a algunos a deshacerse de la televisión por completo.) Desde el librero hasta el armario, Jesús penetrará toda la vida. Cuando Él está en el corazón, influye en todas las demás áreas. Esta es una enseñanza básica del cristianismo. El apóstol Pablo advirtió a Tito de los que “profesan conocer a Dios, pero con las obras lo niegan”. Tito 1:16. Y Santiago es clarísimo en que una relación arraigada en Jesús producirá evidencia externa. “Sí, alguno puede decir: Tú tienes fe, y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”. Santiago 2:18. No puedes ser cristiano en tu corazón sin que se note por fuera.

Embajadores de Dios

Nosotros, la Iglesia, somos las manos y los pies, los ojos y la boca, y sí, incluso los oídos de Jesús en el mundo de hoy. Somos el Cuerpo de Cristo. Nuestro Señor dijo: “Como me envió mi Padre, así también yo os envío”. Juan 20:21. Hemos sido enviados al mundo para demostrar quién es Jesús y cómo es Él. Por medio del Espíritu Santo nos convertimos en sus representantes, para reflejar su imagen en todo, desde la forma en que hablamos y trabajamos hasta la manera en que comemos y nos vestimos. En 2 Corintios 3:18, Dios dice que “todos… somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” Hace unos años, escándalos vergonzosos rodearon a varios conocidos evangelistas de televisión en Norteamérica. Los que se oponen al cristianismo se regocijaron, burlándose de la inmoralidad e hipocresía exhibidas en las vidas de estos hombres y sus esposas que profesaban hablar por Jesús. Durante esta trágica época, los medios de comunicación seculares a menudo hacían referencia a sus extravagantes vestidos y llamativas joyas como prueba de que estos cristianos profesos no eran auténticos. Estos inconsistentes predicadores televisivos incluso inspiraron a un famoso músico a escribir una canción popular titulada “¿Llevaría Jesús un Rolex?”. Estoy seguro de que los ángeles lloraron cuando los líderes cristianos, debido a su apariencia inmodesta, se convirtieron en un blanco merecido para los perdidos. ¡Es un día realmente triste cuando los cristianos ganan la medalla al adorno externo opulento!

Llevar nuestra riqueza

Echemos un vistazo al origen de las joyas. Dios creó todo el oro, la plata y las joyas preciosas del mundo, y quiso que tuvieran un uso práctico. Dado que incluso pequeñas cantidades de estos minerales son tan raras y valiosas, hace mucho tiempo empezaron a utilizarse como dinero. Con el tiempo, la gente empezó a lucir su dinero para impresionar a los demás con su riqueza. Cuando los compradores iban al mercado a comprar un artículo caro, simplemente se quitaban uno de sus anillos o pulseras para pagar. Después de que Rebeca diera de beber a los camellos para el siervo de Abraham, la Biblia dice que él le pagó de esta manera. “Y aconteció que como los camellos habían bebido, el hombre tomó un pendiente de oro de medio siclo de peso, y dos brazaletes para sus manos de diez siclos de peso de oro”. Génesis 24:22. Cuando los hijos de Israel trajeron una ofrenda al Señor para construir el tabernáculo, utilizaron las joyas que habían recibido de los egipcios. Era su dinero. “Y vinieron hombres y mujeres, todos los que quisieron de corazón, y trajeron brazaletes, zarcillos, anillos y tablillas, todas alhajas de oro; y todo varón que ofreció, ofreció ofrenda de oro a Jehová.” Éxodo 35:22. Obviamente no hay nada malo en tener dinero. Pero la pregunta es, ¿quiere Dios que los cristianos luzcan sus riquezas a la vista de todos? Por supuesto que no. “El amor al dinero es la raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe”. 1 Timoteo 6:10. Puesto que es pecado codiciar, ¿por qué querrías atraer a un hermano o hermana a codiciar tu dinero llevándolo a la vista de todos? La razón por la que el oro y las joyas son tan valiosos es que son raros y caros de extraer de la tierra. Los ángeles deben maravillarse cuando nos ven ponernos joyas para significar valor y riqueza. En el cielo, el oro se utiliza para el pavimento, y los diamantes son las piedras que forman las paredes de sus mansiones. Piénsalo. Desde la perspectiva del cielo, ¡el oro es asfalto y los diamantes son bloques! Qué tontos deben de parecerles a los seres celestiales cuando nos colgamos asfalto y ladrillos de las orejas y nos los enroscamos en los dedos. ¿No mirarías dos veces si alguien entrara en tu iglesia la semana que viene llevando un colgante de asfalto negro y un anillo de alquitrán a juego? En la evangelización, he conocido a muchas personas sinceras que habían asistido a las iglesias populares de sus ciudades sólo para volverse decepcionadas porque discernían un espíritu de orgullo y exhibición entre los miembros. Estos auténticos buscadores de Dios entraron en el santuario con la esperanza de encontrar un hogar en la iglesia, pero en su lugar encontraron una extravagancia con la que no podían competir. Qué feliz me he sentido al ofrecerles una iglesia en la que los ricos y los pobres deciden no hacer alarde de su estatus llevando ropa y joyas de lujo. Estas personas se han sentido encantadas de asistir a un culto en el que no se sienten menospreciadas si no visten a la última moda. Espero que mi iglesia se mantenga siempre fiel a la verdad bíblica sobre este tema. De lo contrario, tenemos mucho que perder.

¿Joyería justificada?

Quienes pretenden justificar el uso de joyas suelen señalar relatos bíblicos en los que los hijos de Dios llevaban oro, plata o joyas. Por ejemplo, las Escrituras informan sin comentarios que José usaba un anillo y “una cadena de oro alrededor de su cuello” (Génesis 41:42), que Saúl usaba un brazalete (2 Samuel 1:10), que Mardoqueo recibió un anillo de Asuero (Ester 8:2), y que el rey Belsasar le dio a Daniel una túnica escarlata y “puso una cadena de oro alrededor de su cuello” (Daniel 5:29). Pero, recuerde, el hecho de que veamos algo hecho en tiempos bíblicos no significa que Dios lo aprobara. Las Escrituras simplemente registran una historia fiel del pueblo de Dios, incluyendo todos sus fracasos. Noé bebió vino y se emborrachó (Génesis 9:20, 21). Lot tuvo relaciones sexuales con sus hijas y las dejó embarazadas (Génesis 19:30-38). Judá contrató a una prostituta por una noche, la dejó embarazada y más tarde descubrió que era su nuera (Génesis 38:12-26). No podemos suponer que Dios aprueba estas prácticas desagradables sólo porque se mencionan en la Biblia. Otros pasajes de las Escrituras nos dicen claramente que Dios condena el alcohol, el incesto, la prostitución y las joyas por ser antiproductivos para el cumplimiento de Sus propósitos para la humanidad. Una historia que se cita a menudo para justificar las joyas es la del hijo pródigo. Como el padre “le puso un anillo en la mano”, algunos dicen que podemos suponer que Dios quiere que usemos joyas. Obviamente, como acabamos de ver, esta parábola no es un comentario inspirado sobre si los cristianos deben llevar anillos. Además, lo más probable es que el anillo que el padre le dio a su hijo fuera un anillo de sello. Los anillos de sello contenían el sello familiar. La gente los utilizaba para estampar este sello único en los documentos oficiales. Era la firma de la familia. Más que un adorno, los anillos eran un instrumento para firmar documentos y solían llevarse en el dedo índice. Antes de marcharse, el hijo pródigo pidió a su padre la parte de la herencia que le correspondía. Una vez que recibió el dinero y los bienes, se fue de casa para gastarlo todo en “vida desenfrenada”. Lucas 15:13. Sin dinero y en la indigencia, el necio pródigo se encontró más tarde sin blanca, hambriento y mal vestido. Desesperado, volvió a casa, confiando en la bondad de su padre, que al menos lo acogería como criado. El pródigo sintió que ya no merecía ser hijo, puesto que había dilapidado la mitad de los ahorros de su padre, ganados con tanto esfuerzo. Pero en lugar de rechazo, su padre le mostró una aceptación sin límites. Sustituyó los harapos del pródigo por una túnica cómoda y limpia y le puso zapatos en los pies descalzos. Llenó el estómago vacío de su hijo con un banquete. Y al hijo que acababa de malgastar sus riquezas, este padre le dio el anillo de sello -el talonario de cheques de la familia- con libre acceso al resto de su fortuna.

¿Por qué ser un obstáculo?

Una de las razones por las que no bebo alcohol es porque una de cada siete personas que bebe acabará convirtiéndose en alcohólica. Aunque yo pueda beber moderadamente, no quiero que mi mal ejemplo cause la perdición de otra persona, especialmente por algo tan innecesario como las bebidas embriagantes. El mismo principio se aplica a las joyas. Todos hemos visto a personas que se cubren de oro y joyas preciosas, como los adictos a las joyas. La mayoría de las personas que llevan muchas joyas no sienten su valor personal. Esperan sentirse más valiosos cubriéndose con artículos caros. Otros creen que son poco atractivos y esperan aumentar su percepción de belleza adornándose con piedras preciosas. No saben controlarse. Piensan que si uno es bueno, diez serán mejores. (Para que conste, nunca he oído a un hombre decir: “¿No es preciosa? Mira sus joyas”). Estoy segura de que todo el mundo estará de acuerdo en que hay un punto en el que ya es suficiente. Bueno, aquí está la gran pregunta. ¿Cuál es ese punto? Si está bien que las mujeres lleven pendientes, ¿quién puede decir que está mal para los hombres? Si un anillo o un pendiente es aceptable, ¿por qué no tres o cuatro? Si los laicos pueden llevar joyas, ¿por qué no los clérigos? Si un aro en la oreja está bien, ¿qué hay de malo en un hueso en la nariz? Tal vez te hayas fijado en la moda moderna de los piercings. Cuatro pendientes en una oreja y anillos en la nariz con una cadena entre ellos. La gente ahora se perfora la carne y usa anillos en sus cejas, ombligos, lenguas y otros lugares que no podemos mencionar en una publicación cristiana. ¿Por qué querría un cristiano ser una piedra de tropiezo para otra persona y alentar esta tendencia usando cualquier joya? Es todo innecesario. Especialmente para las personas que se están preparando para encontrarse con Jesús. Hablando de las personas que viven en el tiempo del fin, el profeta Ezequiel advierte: “Arrojarán su plata por las calles, y su oro será removido; su plata y su oro no podrán librarlos en el día de la ira del Señor; no saciarán sus almas, ni llenarán sus entrañas, porque es la piedra de tropiezo de su iniquidad.” Ezequiel 7:19. Si yo usara alguna joya, abriría instantáneamente las compuertas de la incoherencia con mi ejemplo y haría tropezar a muchos. Si realmente amo a mi hermano, ¿por qué insistiría en correr ese riesgo por algo tan frívolo e innecesario como una joya? Siempre que esté inseguro sobre qué curso tomar en un asunto espiritual, tome la posición segura. Sé que en el día del juicio, Dios no condenará a nadie por no llevar suficientes joyas. Así que lo más seguro es no llevar ninguna.

Modestia y humildad

El propósito original de la ropa era cubrir la desnudez de nuestros primeros padres. Adán y Eva nunca habrían soñado con colgar oro o plata en sus cuerpos para acentuar sus hojas de higuera. La ropa era para la modestia y para protegerlos del clima cambiante. Algún día Dios pondrá una corona dorada de victoria en la frente de los vencedores. Sin embargo, aun entonces los salvados se quitarán sus coronas de oro en la presencia de Dios (Apocalipsis 4:10, 11). Observe lo que Dios le dijo al profeta Isaías acerca de las joyas y la ropa lujosa. “Además, el Señor dice: ‘Porque las hijas de Sión son altivas, y andan con el cuello extendido y ojos lascivos [seductores], andando y contoneándose [balanceándose] mientras andan, …’. En aquel día el Señor quitará las galas: Las tobilleras tintineantes, los pañuelos y las medias lunas; Los colgantes, los brazaletes y los velos; Los tocados, los adornos de las piernas y las diademas; Los perfumeros, los amuletos y los anillos; Las joyas de la nariz, los vestidos de fiesta y los mantos; Las vestiduras exteriores, los bolsos y los espejos; El lino fino, los turbantes y las túnicas”. Isaías 3: 16-23. Una mujer en la profecía bíblica simboliza una iglesia. En esta profecía, las mujeres (iglesias) iban a ser juzgadas severamente a causa de su orgullo, que está directamente relacionado con el adorno externo. Debido a que luchamos con el pecado y la tentación, ahora no es el momento adecuado para glorificar nuestro exterior. El objetivo supremo del cristiano es atraer la atención hacia Cristo, no hacia sí mismo. Adornar nuestros cuerpos mortales con gemas y minerales relucientes suele surgir del orgullo y es diametralmente opuesto al espíritu y los principios de Jesús. “Y el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Mateo 23:12. El orgullo de la apariencia fue un factor importante en la caída y rebelión de Lucifer. Cuando Dios creó originalmente a Lucifer como un ángel perfecto, le dio todas las piedras preciosas como vestiduras: “el sardio, el topacio y el diamante, el berilo, el ónice y el jaspe, el zafiro, la esmeralda y el carbunclo, y oro”. Ezequiel 28:13. Desgraciadamente, Lucifer eligió apropiarse indebidamente de los dones de Dios. Lleno de orgullo, decidió que era lo suficientemente hermoso como para ocupar el lugar de Dios en el trono del universo. “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu resplandor”. Ezequiel 28:17. El orgullo condujo a la rebelión. La rebelión llevó a la guerra en el cielo. Y la guerra en el cielo llevó al pecado en la tierra. Desde la caída de Adán y Eva en el pecado, los seres humanos hemos tenido que luchar con la misma naturaleza pecaminosa que tiene el orgullo en su raíz. Por eso, Dios nos ha ordenado no llevar joyas. En nuestra condición pecaminosa, no somos más capaces de resistir la tendencia al orgullo pecaminoso de lo que fue Lucifer. Cuando nuestros cuerpos físicos sean cambiados en la segunda venida de Jesús, ya no seremos tentados a pecar. Sólo entonces Jesús considerará seguro colocar una corona de oro sobre nuestras cabezas. Así que hasta entonces, haríamos bien en seguir el consejo dado por el apóstol Pablo sobre el tema de los adornos: “De la misma manera también, que las mujeres se adornen con ropa modesta, con propiedad y moderación, no con trenzas en el cabello, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino, lo que es propio de mujeres que profesan la piedad, con buenas obras.” 1 Timoteo 2:9, 10, RVA.

Malas “inversiones”

Los cristianos deben ser fieles administradores de los medios que Dios les confía. Algunos lucen en su cuerpo joyas que, si se vendieran, podrían construir una iglesia entera en el campo misionero. Nuestro dinero debe gastarse para difundir el Evangelio de forma práctica y eficaz. El Señor pregunta: “¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan?”. Isaías 55:2. (Véase también Mateo 6:19-21.) Sin duda encontrará ejemplos flagrantes entre los miembros de la iglesia (y en las iglesias) donde el dinero se ha despilfarrado en alguna extravagancia innecesaria. Confieso que yo también he sido culpable de esto. Pero una incoherencia nunca justifica otra. El dinero de Dios no debe gastarse en ostentar diamantes y oro o incluso bisutería barata. La Biblia declara la insensatez de tales “inversiones” en Santiago 5:3: “Vuestro oro y vuestra plata están podridos [corroídos]; y la herrumbre de ellos será testigo contra vosotros, y comerá vuestra carne como fuego. Habéis amontonado tesoros para los últimos días”. Los únicos objetos de valor que irán al cielo serán las personas transformadas.

Pequeños ídolos

Cuando presento la verdad bíblica con respecto a la joyería, rara vez escucho quejas de los recién convertidos. Pero las personas que han estado en la iglesia por años a menudo hacen pucheros y argumentan: “Doug, ¡es tan poca cosa!”. Mi respuesta es: “Si es tan poca cosa, ¿por qué te cuesta tanto quitártelo?”. Un poco de oro o plata puede convertirse en un gran ídolo. Quizá la demostración más sorprendente de este hecho fue la experiencia de los israelitas con el becerro de oro. La Biblia registra: “Y Aarón les dijo: Romped los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Y todo el pueblo se quitó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón. Y él los recibió de su mano, y lo modeló con buril, después de haberlo hecho becerro de fundición; y dijeron: Estos son tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto.” Éxodo 32:2-4. Cuando los hijos de Israel pasaban el plato de las ofrendas, tenían suficientes joyas para hacer un pequeño becerro. Me temo que si hoy pasáramos el plato en las iglesias de los que profesan seguir la Palabra de Dios, ¡tendríamos suficientes joyas para hacer un búfalo de oro entero! Después de la experiencia del becerro de oro, Dios ordenó al pueblo que se quitara sus joyas para que no se consumieran. “Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: En un momento subiré en medio de vosotros y os consumiré; por tanto, despojaos ahora de vuestros ornamentos, para que yo sepa qué hacer con vosotros. Y los hijos de Israel se despojaron de sus ornamentos junto al monte Horeb”. Éxodo 33:5, 6. Observe la advertencia similar que Dios da a su pueblo que vive en los últimos días: “En aquel día arrojará el hombre a los topos y a los murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que cada uno hizo para sí para adorarlos; para ir a las hendiduras de las peñas y a las cumbres de las rocas escarpadas, por temor de Jehová y por la gloria de su majestad, cuando se levante para sacudir terriblemente la tierra.” Isaías 2:20, 21.

Vestirse para la ocasión

Hubo un tiempo en que Dios guiñaba el ojo ante el uso de joyas y otros males como la esclavitud y la poligamia. No fue porque Él aprobara estas prácticas, sino porque Su pueblo tenía problemas más grandes con los cuales lidiar en ese momento. Hechos 17:30, 31 nos dice: “Y los tiempos de esta ignorancia Dios los pasó por alto; pero ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan”. ¿Por qué? “Porque ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” Estamos viviendo en los días justo antes de la venida de Jesús-un tiempo en el cual la iglesia está siendo juzgada. “Porque ha llegado el tiempo en que el juicio debe comenzar en la casa de Dios”. 1 Pedro 4:17. Como ilustración del proceso de juicio, Dios dio a su pueblo el Día de la Expiación. Caía en el décimo día del séptimo mes del año judío y era un día solemne en el que el Señor santificaría y juzgaría a los hijos de Israel. Para prepararse, el pueblo realizaba un minucioso examen personal. Se llenaron de una actitud de confesión, arrepentimiento y humildad. “Porque es el Día de la Expiación, para hacer expiación por vosotros ante el Señor vuestro Dios. Porque toda persona que no sea afligida de alma en ese mismo día, será cortada de su pueblo.” Levítico 23:28, 29, LBLA. En el Día de la Expiación, el Sumo Sacerdote –que normalmente vestía un chaleco enjoyado y finas vestiduras que simbolizaban las glorias del cielo– se cambiaba a una sencilla túnica de lino blanco. Es su vestimenta sencilla la que debemos emular, porque vivimos durante el profético Día de la Expiación. Así como todo el campamento de Israel debía limpiar y cambiar sus ropas en el Día del Juicio, nosotros, que vivimos en la hora del juicio justo antes de que Jesús regrese a la tierra, estamos llamados a purificar nuestros corazones y a separarnos de todas las influencias paganas. Otras historias bíblicas ilustran cómo la gente cambiaba su vestimenta cuando se preparaba para encontrarse con Dios. He aquí una de Génesis 35:1-4: “Y dijo Dios a Jacob: Levántate, sube a Betel, y mora allí; y haz allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de la presencia de Esaú tu hermano. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que estaban con él: Quitad los dioses extraños [extranjeros] que hay entre vosotros, limpiaos y mudad vuestros vestidos: Y levantémonos y subamos a Betel, y haré allí un altar a Dios, que me respondió en el día de mi angustia, y estuvo conmigo en el camino por donde anduve. Y dieron a Jacob todos los dioses ajenos que tenían en sus manos, y todos sus zarcillos que llevaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de la encina que estaba junto a Siquem” Podemos aprender dos lecciones muy importantes de esta historia. Primero, note que los dioses extranjeros y las joyas fueron clasificados y enterrados juntos. El culto pagano y las joyas siempre han gozado de una estrecha asociación. Y para que Jacob y su familia pudieran estar en comunión con Dios, tenían que abandonar todas esas influencias. Así, Dios ordenó a Jacob que no hiciera una remoción temporal de estos artículos, sino un entierro permanente. En segundo lugar, la palabra Betel significa “Casa de Dios”. Ahora estamos viviendo en el tiempo del juicio y nos estamos preparando para encontrarnos con el Todopoderoso en su casa celestial. Ahora no es el momento de adornar nuestros exteriores mortales. Antes de ir allí, Dios quiere que nos separemos de las cosas de este mundo que comprometerán nuestra relación con Él. “Por tanto, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré”. 2 Corintios 6:17.

Somos el templo de Dios

El edificio más hermoso de la antigüedad fue el templo de Dios construido por el rey Salomón. Su exterior estaba cubierto de piedras preciosas de mármol blanco puro. Curiosamente, el oro estaba en el interior del templo. La Biblia dice que este también es un buen patrón para los templos vivientes. “Vuestra hermosura no debe residir en el adorno exterior -el trenzado del cabello, o las joyas, o el vestido- sino en lo más íntimo de vuestro ser, con su ornamento imperecedero, un espíritu apacible y tranquilo, que es de gran valor a los ojos de Dios”. 1 Pedro 3:3, 4, NEB. Amigo, tu cuerpo fue hecho por Dios a Su imagen. Tratar de mejorar la apariencia humana haciendo agujeros en las orejas o en la nariz de donde cuelgan minerales sin vida sería como tratar de mejorar la belleza perfecta del templo de Salomón soltando una pandilla callejera en el patio de mármol y diciéndoles que se expresen con pintura en aerosol. “¿Y qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios vivo”. 2 Corintios 6:16. Creo que los ángeles apartan la cara y lloran cuando los que profesan ser cristianos se perforan, se marcan con cicatrices, se encadenan, se mutilan y se tatúan el cuerpo como sacrificio a los dioses de la moda y el capricho. Dios dice claramente de Su pueblo: “No harán … ningún corte en su carne. Serán santos a su Dios”. Levítico 21:5, 6. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 1 Corintios 3:16, 17. En esencia, no se deben hacer agujeros en un mármol de valor incalculable. Nuestros cuerpos deben ser santos, no llenos de agujeros. Los principios bíblicos contra el uso de joyas han sido una bendición para la causa de Dios. Son liberadores para los miembros. El pueblo de Dios tiene más dinero para gastar en compartir el evangelio y aliviar las necesidades de las personas que sufren. Se liberan de sentimientos de inseguridad. Los hombres ya no tienen que preocuparse de si el anillo que regalan a su mujer o a su novia es lo suficientemente grande o hace una declaración social lo suficientemente grande. Y las mujeres no tienen que invertir ni un gramo de energía emocional en comparar sus joyas con las de los demás. La norma de Dios ha sido una gran bendición, ¡y debemos mantenerla!

Las primeras apariciones cuentan

En los capítulos 12 y 17 del Apocalipsis aparecen dos mujeres simbólicas. Representan los dos grandes poderes religiosos que están en conflicto a lo largo de la historia de la Iglesia. Aunque ninguna de ellas habla nunca, sabemos que una es verdadera y la otra falsa. ¿Cómo? La forma principal en que la Biblia identifica quiénes son es por lo que llevan puesto. Apocalipsis 12:1 dice: “Y apareció una gran maravilla en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”. La primera mujer, que representa a la iglesia de Dios, está vestida de luz natural. Su iglesia esta vestida con la luz pura, no adulterada que El hizo. En contraste la segunda mujer, que representa una iglesia apostata, esta adornada con joyas y ropas finas. Su belleza es externa y artificial. Apocalipsis 17:4 dice: “La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro y piedras preciosas y perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación” Obviamente estas cosas están asociadas con una apariencia de maldad, y se nos ordena “Abstenernos de toda apariencia de maldad”. 1 Tesalonicenses 5:22. Jesús mismo ordenó: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Mateo 5:16. La Palabra de Dios nos dice que dejemos brillar nuestra luz interior (no nuestras joyas exteriores) para que los demás vean nuestras obras (no nuestras riquezas) y glorifiquen a Dios (no a nosotros mismos).

¿Anillos de boda?

Llegados a este punto, alguien podría preguntarse: “¿Qué pasa con el anillo de boda?” Muy sencillo, el apoyo al anillo de boda no se encuentra en ninguna parte de las Escrituras. La Biblia no dice que algunos anillos se puedan llevar y que otros no. Simplemente incluye los anillos en una larga lista de joyas y prendas ornamentales. El uso de anillos de boda es estrictamente una tradición que surge del paganismo y que desde entonces ha sido abrazada y “bautizada” por muchas iglesias. El cardenal John Henry Newman señala que el anillo de boda, junto con muchas otras costumbres paganas, se infiltró en el cristianismo a través de la influencia comprometedora de su Iglesia. “El uso de templos, y éstos dedicados a santos particulares, y ornamentados en ocasiones con ramas de árboles; incienso, lámparas, velas; ofrendas votivas al recuperarse de una enfermedad; agua bendita; asilos; días y estaciones sagrados, uso de calendarios, procesiones, bendiciones en los campos; vestiduras sacerdotales, la tonsura, el anillo en el matrimonio, volverse hacia el este, imágenes en una fecha posterior… son todos de origen pagano, y santificados por su adopción en la Iglesia.” 1 Por supuesto, hoy en día el anillo en el matrimonio es una tradición profundamente arraigada. Pero si los buscadores sinceros de la voluntad de Dios estudian este tema y se convencen de quitarse todas las joyas, Dios les dará la gracia de seguirlo a Él por encima de la tradición. “Y él [Jesús] les dijo: Bien desecháis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra propia tradición”. Marcos 7:9.

Cristo es nuestro ejemplo

También me han preguntado muchas veces si llevar una cruz estaría bien. Bueno, Jesús nunca nos pidió que lleváramos la cruz. Nos pide que llevemos la cruz. Llevar nuestra cruz y seguir a Jesús es mucho más desafiante que llevar una pegatina en el parachoques, una camiseta o una crucecita dorada como publicidad frívola. Jesús dijo que llevar la cruz significa que un cristiano “se negará a sí mismo, tomará su cruz cada día y me seguirá”. Lucas 9:23. Siempre que tengas dudas, hazte esta pregunta: “¿Qué haría Jesús?”. Si seguimos a Jesús siempre estaremos a salvo. Personalmente, no me imagino a mi Jesús haciéndose agujeros en las orejas, en la nariz o en cualquier otra parte para colgarse minerales relucientes de sus extremidades. El ejemplo de Jesús en las Escrituras es siempre de sencillez práctica y modestia. Cuando fue crucificado, los soldados romanos se repartieron sus vestiduras. Noten que no echaron a suertes sus joyas. Él no tenía ninguna. En cambio, tuvieron que conformarse con su prenda más valiosa: una túnica modesta y sin costuras (Juan 19:23, 24). He aquí un mensaje que vale la pena repetir. Cuando amamos a Jesús, queremos seguir su ejemplo. “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”. 1 Juan 2: 6.

Cambio de titularidad

En la pequeña ciudad donde yo vivía, había una casa muy conocida por su aspecto ruinoso. Camiones averiados, basura y trastos varios abarrotaban el patio. La pintura desconchada, las ventanas rotas y los hambrientos perros del patio eran una vergüenza para toda la comunidad. Un día, después de un largo viaje, volví a pasar por el pueblo y me quedé atónito al ver el cambio radical que había experimentado aquel infame edificio. Habían quitado la pintura vieja y descascarillada y ahora la madera estaba cubierta por un hermoso tinte natural. Las ventanas rotas habían sido sustituidas por otras nuevas y limpias, y ya no había chatarra ni vehículos viejos. El patio estaba limpio y cubierto de césped nuevo. Ni siquiera tuve que preguntar cuál había sido la causa del cambio. Al instante supe que la casa tenía un nuevo dueño. Todos nosotros nos hemos parecido alguna vez a esa casa vieja y destartalada. El pecado reinaba en nuestros corazones, dejándonos rotos, sucios y desordenados. Pero cuando una persona permite que Jesús se apodere de su corazón, inmediatamente comienza un proceso de limpieza. Jesús quitará aquellas cosas que distraen de la belleza interior del cristiano, ¡y la gente también notará la mejora exterior! Jesús dejó a un lado Su trono y corona celestiales cuando vino a nuestro mundo para salvarnos. Luego entregó sus vestiduras terrenales cuando murió en la cruz por nuestros pecados. ¿Es demasiado para Él pedirnos que nos despojemos de nuestros adornos y abalorios sin vida para que podamos reflejar mejor Su sencilla pureza en este mundo perdido? Como hemos visto en este estudio, hay muchas buenas razones para que los cristianos se abstengan de usar joyas. Pero si tuviera que escoger dos de las mejores, serían éstas: el amor a Dios y el amor al prójimo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:1, 2. 1 John Henry Newman, An Essay on the Develoment of Christian Doctrine (Londres: Longmans, Green & Company, 1906), pp. 372,373.