Shame Stopper
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Aunque los psicólogos han descubierto vínculos entre la vergüenza y los trastornos alimentarios, la adicción, la violencia, el acoso escolar, la agresividad y la depresión, también ofrecen esperanza. Resulta que hablar de nuestra vergüenza y diferenciarla de nuestra culpa son formas muy eficaces de reducir su poder destructivo.
La Biblia dice algo similar, pero ofrece una solución mucho más definitiva y permanente a la vergüenza. En primer lugar, la Biblia muestra que nuestra tendencia a pecar es el resultado del pecado: «Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron» (Romanos 5:12).
Aunque a veces podamos sentir vergüenza aunque no hayamos hecho nada malo, la fuente habitual de nuestra vergüenza, o la sensación de que somos imperfectos, es la transgresión de la ley de Dios. Pero sabemos que el plan de Dios para eliminar permanentemente todo pecado de nuestras vidas también erradicará toda nuestra vergüenza. (Véase Filipenses 3:19.)
Además, aunque hayamos cometido pecado y nos sintamos culpables por ello, podemos regocijarnos de que no estamos solos en esta lucha. Jesús nos asegura: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada» (Juan 15:5). El pecado en nuestras vidas solo puede ser vencido cuando buscamos obedecer a Dios estando en unión con Él y no por nuestro propio poder.
Permanecer en Jesús incluye el privilegio de orarle, expresando nuestro desánimo por quienes creemos que somos. En estos momentos, también podemos recordar que Él no nos condena. Además, incluso cuando le hemos ofendido con nuestras acciones, podemos acudir a Él en busca de ayuda para resistir la siguiente tentación. El hecho de que el pecado haya infectado a todos los seres humanos significa que todas las personas que conocemos se enfrentan al mismo desafío y tienen la misma oferta de esperanza de parte de Dios.
Aplícalo:
Cuéntale a Dios tu lucha contra la vergüenza.
Profundiza:
Génesis 3:14; Jeremías 17:9; Efesios 2:3