Fe auténtica
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«La prueba está en el pudín». ¿Qué significa este antiguo proverbio británico? La versión original decía: «La prueba del pudín está en probarlo». Significaba que había que probar la comida para saber realmente si estaba buena o no. Hace siglos, el pudín no era un postre dulce, sino un tipo de salchicha rellena de carne picada y otros trozos de animales que podían resultar peligrosos para el paladar.
Cuando se trata de la experiencia de la salvación, la fe es un factor central. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8). Pero, ¿cómo sabes si tienes una fe genuina? Pablo nos anima: «Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe» (2 Corintios 13:5). ¿Qué prueba convincente revela la verdadera fe? Después de todo, Jesús dijo: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos» (Mateo 7:21).
Una pista aparece al final de un versículo que aclara quién entrará en el cielo: «El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos». ¿Cómo puede ser eso cuando sabemos «que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo» (Gálatas 2:16)? Nuestra posición ante Dios no depende de nuestras buenas o malas obras. «Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia» (Romanos 4:3).
Cuando observamos detenidamente el tipo de fe que tenía Abraham, descubrimos que «por la fe Abraham obedeció» (Hebreos 11:8). Su fe genuina no era pasiva ni meramente intelectual, sino que se manifestaba en una vida de obediencia a Dios. Santiago explicó la evidencia de la verdadera fe: «La fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta» (Santiago 2:17).
Pablo abordó la falacia de obtener la justificación a través de nuestras obras. Santiago abordó la falacia de reclamar la justificación sin las obras correspondientes. Ni las obras ni una fe muerta conducen a la salvación. La prueba de la verdadera fe está en los resultados.
Aplícalo:
¿Qué tipo de pruebas esperas ver en una persona que ama de verdad a otra persona?
Profundiza:
Romanos 4:9, 10; Hebreos 11:8–12; Santiago 2:14–26