¿No enseñó Jesús a sus seguidores que nunca verían la muerte?

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En la Biblia se habla de dos tipos de muerte diferentes. La primera muerte es natural para todas las personas y todos la experimentarán, a menos que estén vivos cuando Jesús vuelva. Cristo se refirió a esta muerte como un sueño. Dijo: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo» (Juan 11:11). Ellos malinterpretaron lo que Jesús quería decir, por lo que Él «les dijo claramente: “Lázaro ha muerto”» (vv. 14).

Pero hay una segunda muerte de la que también se habla en las Escrituras. Juan escribió: «El que tiene oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte» (Apocalipsis 2:11). «Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección. Sobre estos no tiene poder la segunda muerte» (Apocalipsis 20:6). En Juan 8:51, Cristo parece estar hablando de la segunda muerte.

El malentendido de los judíos respecto a las palabras de Jesús muestra que ellos conocían la primera muerte. «Entonces los judíos le dijeron: “¡Ahora sabemos que tienes un demonio! Abraham ha muerto, y los profetas; y tú dices: “Si alguno guarda mi palabra, nunca sabrá la muerte”. ¿Eres tú más grande que nuestro padre Abraham, que ha muerto? Y los profetas han muerto. ¿Quién te crees que eres?” » (Juan 8:52, 53). De este intercambio se desprende claramente que ellos pensaban en la primera muerte, pero Jesús hablaba de la segunda muerte.

La primera muerte no es el castigo final por el pecado y el rechazo a Dios. Tanto las personas justas como las injustas experimentan la primera muerte. Jesús vino a liberar a las personas de la segunda muerte, la destrucción final de la que no hay resurrección ni esperanza. En el versículo más famoso de la Biblia se presentan estos dos resultados finales: la vida eterna o la muerte eterna. «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).