¿Cuándo tendrá lugar el Juicio Final?

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En el año 1033, personas de todo el mundo esperaban el regreso de Jesús. Razonaban que ese año marcaría el paso de mil años desde la crucifixión y la resurrección, ¡y que, sin duda, para entonces el Señor volvería a por los suyos! (Y si te sientes tentado a hacer lo mismo, recuerda las palabras de Jesús en Mateo 24:36, según las cuales «nadie» conoce el «día ni la hora» del regreso de Cristo).

Pero el hecho de que el mundo no venga marcado con una fecha de caducidad concreta no significa que sea imposible discernir las «señales de los tiempos» (Mateo 16:3).

Un factor clave es la presencia de Roma en ambos extremos del ministerio de Jesús. Mientras el Salvador estaba en la tierra, fue el Imperio Romano pagano el que lo capturó y lo mató. Jesús entregó su vida para expiar nuestros pecados, sí, pero fue a través de la acción del Estado romano como esto tuvo lugar.

Daniel identifica a Roma como el «cuerno pequeño» que perseguirá a los santos. Y Roma sigue siendo un poder religioso-civil, uno que ha procurado «cambiar los tiempos y la ley» (Daniel 7:25) y que ha interpuesto un sistema religioso creado por el hombre que coloca a otros seres humanos pecadores en el papel de mediadores —un papel que pertenece únicamente a Cristo—.

Esta Roma final también tratará de imponer la obediencia a su religión aliándose con los gobiernos mundanos. Quienes se resistan se enfrentarán a una intensa presión para que se retracten y, si continúan resistiéndose, se enfrentarán a la posibilidad muy real del martirio.

Estos serán, sin duda, tiempos peligrosos para millones de fieles de Dios, aquellos a los que se llama el «resto» del pueblo (Romanos 9:27). Pero Jesús prometió: «El que persevere hasta el fin, éste será salvo» (Mateo 24:13). Ahora, pues, es el momento de estudiar y orar, para que estés preparado para ese día grandioso y terrible.

Aplícalo:

Jesús dijo a sus seguidores que «velaran» (Marcos 13:37). Mantén los ojos bien abiertos… ¡y mira siempre hacia arriba!

Profundiza:

Daniel 8:9; Daniel 8:12; Hebreos 7:25