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Algunos padres se sienten un poco ridículos cuando leen o juegan con sus hijos. Para mostrarles lo importantes que son estas interacciones para los niños, unos investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York grabaron en vídeo a padres jugando con sus hijos. Tras las interacciones, los investigadores reproducían el vídeo y señalaban lo mucho que sus hijos habían disfrutado de la interacción. Los niños que recibieron este tipo de atención mejoraron su comportamiento.
Dios se preocupa por nuestro comportamiento, pero este no es la base de nuestra salvación. Aunque dedicáramos toda una vida a esforzarnos denodadamente por actuar con rectitud, seguiríamos necesitando confiar en la muerte de Cristo y en su vida perfecta. El profeta Isaías tiene una de las expresiones más memorables de este punto: «Todos somos como cosa impura, y todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos han llevado» (Isaías 64:6).
Isaías comprendió que ni siquiera nuestro mejor comportamiento puede lograr nuestra salvación. Para Dios, eso no es suficiente. Significa que debemos confiar en Dios para que nos convierta en personas verdaderamente hermosas. También significa que podemos ver cuánto nos amó Dios al enviar a Jesús para ocupar nuestro lugar en la vida y la muerte: «Pero por él estáis en Cristo Jesús, quien se convirtió para nosotros en sabiduría de parte de Dios, y en justicia, santificación y redención» (1 Corintios 1:30).
Guiados por este conocimiento, podemos disfrutar de nuestra relación con Dios, sabiendo que no estamos esforzándonos por ser lo suficientemente agradables a Él, sino que estamos siendo transformados porque sabemos cuánto nos ama. Es cuando confiamos en la fe, la justicia y la relación de Jesús con Dios cuando podemos disfrutar de nuestra propia relación con Él.
Póngalo en práctica:
Dedica tiempo esta semana a leerle un libro a un niño.
Profundiza:
Daniel 9:7; Romanos 3:23; Isaías 53:6