El amor es la medida
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Un pequeño estudio realizado por científicos de la Universidad de California permitió comprender cómo razonan las personas cuando se enfrentan a decisiones morales difíciles. Se pidió a un grupo de voluntarios que vieran vídeos de personas que experimentaban dolor. Algunos se estremecieron, pero otros no. A continuación, se les pidió que tomaran una decisión hipotética difícil sobre una situación que podría producirse durante una guerra. La decisión tenía que ver con hacer daño a una persona para salvar a un grupo de personas.
Los investigadores descubrieron que los que se estremecieron durante el vídeo eran más propensos a decidir no hacer daño a nadie, incluso si la acción salvaría a un grupo más numeroso. Concluyeron que, cuando determinadas personas se enfrentan a retos morales difíciles, les preocupa más el daño que puedan sufrir los demás que su propia supervivencia.
La reacción desinteresada de simpatía pretendía ser una brújula moral para nuestra forma de ver a Dios y de tomar decisiones sobre los demás. Cuando el apóstol Juan escribía a las iglesias, sabía que mucha gente negaría que Jesús se hubiera aparecido realmente como hombre. A Satanás le encantaría que la gente pensara que Jesús no se convirtió en un ser humano porque Dios está demasiado lejos y nunca vendría a nuestro oscuro planeta.
Pero Juan sabía que si podía advertir a los creyentes sobre esta estratagema, no se perderían el punto principal de la encarnación: que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). La naturaleza humana de Jesús era la prueba: “En esto se manifestó el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo” (1 Juan 4:9).
Armados con esta verdad, los creyentes podían saber que no se debía confiar en quienes negaban este importante hecho (1 Juan 4:2). De este modo, los seguidores de Cristo podían navegar por el complicado mar de las opiniones religiosas.
Aplícalo:
Mira a tu alrededor a lo largo del día y ofrécete a ayudar a alguien que esté sufriendo.
Profundice:
2 Juan 1:7; 1 Pedro 3:18; Colosenses 1:21, 22