Genuinamente Dios
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La falsificación de obras de arte es un gran negocio, y las herramientas para atrapar a los traficantes de cuadros falsos son cada vez más sofisticadas. Sotheby’s, uno de los mayores y más prestigiosos intermediarios de obras de arte del mundo, cuenta ahora con su propio departamento de análisis forense de obras de arte. Para detectar una falsificación, el primer paso es investigar su lugar de origen. Hay que determinar si una obra de arte pertenece realmente a la época en que vivió el autor. Pero rastrear el historial de propiedad de la obra resulta más difícil cuanto más antigua es.
A menudo se utilizan métodos científicos de investigación para descubrir obras falsas. La luz fluorescente ultravioleta puede detectar la antigüedad de la pintura y revelar con mayor claridad la obra original. Los microscopios ópticos permiten ver los detalles más finos de las pinceladas o los patrones de tinta. Incluso los rayos X y la reflectografía infrarroja pueden revelar lo que hay bajo la superficie.
Cuando se trata de determinar si el Espíritu Santo es verdaderamente Dios, podemos descubrir a través de la mejor herramienta disponible -la Biblia- que el Espíritu Santo es plenamente divino. La historia del Espíritu Santo se remonta a la Creación. Las Escrituras nos dicen: “La tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2, énfasis añadido).
Al Espíritu no sólo se le llama “verdad” (Juan 16:13), sino que el Espíritu Santo es omnipotente y reparte dones espirituales a todos los creyentes (1 Corintios 12:11). El Espíritu es omnipresente y permanecerá con los creyentes “para siempre” (Juan 14:16). El Espíritu Santo también es omnisciente, pues “nadie conoce las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:11).
Ananías intentó mentir al Espíritu Santo y descubrió que estaba mintiendo a Dios. Aprendió lo hábil que es el Espíritu Divino para detectar una falsedad.
Aplícalo:
Piensa en alguna ocasión en la que hayas confundido una falsificación con algo auténtico. ¿Qué te enseña esto acerca de descubrir la verdad bíblica?
Profundice:
Job 33:4; Hechos 5:1-11; Romanos 8:11