Las Cámaras de la Muerte

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Las parejas casadas que acuden regularmente juntas a los servicios religiosos son las menos propensas a infringir el séptimo mandamiento. Esa es la conclusión de las Encuestas Sociales Generales y del Consejo de Investigación Familiar. Los adultos en «matrimonios siempre intactos» que acuden semanalmente a algún tipo de servicio religioso tienen una tasa de infidelidad del 7,7 %, mientras que aquellos que nunca asisten a los servicios religiosos tienen una tasa de adulterio del 15,3 %. En el caso de quienes han estado casados anteriormente, están separados o divorciados, la tasa es del 23,3 % entre quienes acuden semanalmente a los servicios religiosos y del 33,8 % entre quienes nunca lo hacen.

Dios sabía que la mancha del adulterio y la fornicación haría añicos los matrimonios. Al mantener al Señor en primer lugar en la relación conyugal y seguir Sus mandamientos, se preservaría la alegría y la armonía de esta unión sagrada. «Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os abstengáis de la inmoralidad sexual» (1 Tesalonicenses 4:3).

Este versículo bíblico contrasta radicalmente con las opiniones de «tolerancia» flexible aceptadas en la sociedad entre «adultos que dan su consentimiento». Las estadísticas varían, pero la gran mayoría de los estadounidenses no espera hasta el matrimonio para mantener relaciones íntimas. Sin embargo, las Escrituras afirman claramente: «La fornicación y toda impureza o avaricia ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos» (Efesios 5:3).

Incluso al margen de la Biblia, muchos han llegado a reconocer los efectos de largo alcance del sexo prematrimonial y extramatrimonial. Tales actos defraudan a la pareja legítima y pueden causar daño a las personas a nivel físico, emocional, económico, legal y social. La familia extensa puede verse afectada y los niños pueden resultar heridos, y la deshonestidad y las mentiras casi siempre se ciernen sobre este tipo de relaciones.

Dios quiere protegerte de «las obras de la carne… que son: el adulterio, la fornicación, la impureza, la lascivia» (Gálatas 5:19). El séptimo mandamiento no se dio para privarte de algo bueno, sino para evitar que «desciendas a las cámaras de la muerte» (Proverbios 7:27).

Aplícalo:

Piensa en una pareja que esté pasando por dificultades matrimoniales o que incluso pueda estar divorciada. Detente y reza por ellos ahora mismo.

Profundiza:

Levítico 20:10–12; Proverbios 6:24–32; 1 Corintios 6:9, 13, 18