Madurar en Cristo
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Empezó como cultivador de frijoles. Axel Erlandson nació en Suecia, emigró a Minnesota cuando era niño y luego se trasladó de nuevo a California, donde se casó y trabajó sus campos. Un día, en 1925, se fijó en cómo algunas ramas de su seto habían crecido entrelazadas, lo que le dio la idea de dedicarse a dar forma a los árboles como hobby. Creaba diseños en papel y luego podaba, injertaba y doblaba árboles pequeños para moldearlos en formas únicas.
Hoy en día, se puede observar el asombroso trabajo de Erlandson en Gilroy Gardens, en California. Cuenta con 24 árboles que fueron cultivados y moldeados con múltiples troncos, patrones de trenzado y corazones. Alex mantuvo sus métodos en secreto; cuando los niños le preguntaban cómo conseguía que sus árboles crecieran así, él respondía: «Les hablo».
A Erlandson se le llamaba «modelador de árboles», pero hay un arbolista espiritual que dobla, poda, injerta y da forma a las vidas hasta la perfección. A través de la obra del Espíritu Santo, Dios está perfeccionando a un pueblo a su imagen (Efesios 3:16, 19). La palabra bíblica para «perfecto» en hebreo es tam o tamim y significa «completo», «íntegro» y «irreprochable». La palabra griega para «perfecto» es teleios y significa «maduro», «en pleno desarrollo» y «que ha alcanzado su propósito».
Noé, Abraham y Job fueron descritos como perfectos e irreprochables (Génesis 6:9; 17:1; Job 1:1, 8), aunque cada uno tenía imperfecciones. En el Nuevo Testamento, «perfecto» describe a personas maduras que han vivido de acuerdo con la mejor luz disponible y han alcanzado el potencial de sus facultades espirituales, mentales y físicas. Pablo explica: «Hermanos, no seáis niños en el entendimiento; sin embargo, en la malicia sed niños, pero en el entendimiento sed maduros [teleioi]» (1 Corintios 14:20).
Nunca podemos pretender la perfección por nuestras propias fuerzas, pues es a través del Espíritu Santo como nos hacemos semejantes a Cristo en carácter. En términos de horticultura, Jesús lo expresó muy bien: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada» (Juan 15:5).
Aplícalo:
La próxima vez que plantes una semilla, recuerda el plan y el poder de Cristo para hacerte crecer hasta alcanzar su madurez.
Profundiza:
Efesios 4:13, 14; Filipenses 3:15; Hebreos 5:14