Poder impersonal

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El viento, el agua y el sol no son las únicas fuerzas capaces de generar energía limpia. Una empresa británica ha comenzado a instalar baldosas especiales en zonas de gran tránsito peatonal. Cuando la gente pisa estas baldosas, se genera energía. Según un cálculo, el número de personas que transitan por el paseo marítimo de Venice Beach, en California, al año es suficiente para alimentar los electrodomésticos de un pequeño restaurante durante 320 días.

Aunque las personas son la fuente de esta energía, la energía en sí misma es solo una pequeña parte de cada persona. De manera similar, las palabras hebreas y griegas de la Biblia que a menudo se traducen como «alma» se utilizan tanto para referirse a la persona en su totalidad como a partes de ella. El Salmo 105:22 dice: «Para atar a sus príncipes a su antojo, y enseñar sabiduría a sus ancianos». La palabra traducida como «antojo» es la misma palabra hebrea que suele traducirse como «alma». En otros pasajes, la misma palabra se traduce como «deseo» o «vida».

La variedad de definiciones de esta palabra sugiere que la Biblia intenta ofrecer una visión integral de lo que son las personas. En otras palabras, las personas no son solo seres vivos ni meros apetitos. En cambio, poseen un conjunto de características que siempre forman parte de un todo humano completo. La Biblia nunca habla de un apetito flotante ni de un conjunto de emociones incorpóreas.

Cuando un pasaje concreto se refiere a las personas utilizando un significado integral, nunca habla de su inmortalidad. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento describen cómo el alma puede ser asesinada: «No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien, temed a aquel que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno» (Mateo 10:28). En su conjunto, la Biblia no aísla partes del ser humano y revela que incluso los aspectos más esenciales son mortales, pues «el alma que peca, esa morirá» (Ezequiel 18:4).

Aplícalo:

Cuida una parte de tu naturaleza que normalmente ignoras.

Profundiza:

Deuteronomio 23:24; Génesis 9:4; Números 31:19