Salvación auténtica
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El Hospital Presbiteriano de la Universidad de Columbia-Nueva York ha empezado a utilizar madres robot para simular el parto. La simulación incluye a Victoria y su bebé robot, que lloran e incluso sangran como los humanos. Esto da a enfermeras y médicos en formación la oportunidad de practicar un parto en vivo sin ningún riesgo humano. En la sala contigua, una persona real controla a la madre robot y al bebé para que la simulación sea lo más realista posible.
Aunque la simulación tiene ciertas ventajas, nada es comparable a la experiencia humana genuina. La Biblia nos asegura que Cristo “nació de mujer” (Gálatas 4:4) para indicar que el acto de salvación fue genuino. Jesús tuvo que hacerse plenamente humano para salvar a la humanidad. La ley de Dios no exigía la muerte de un ángel, un animal o un robot. Exigía la muerte de un ser humano (Hebreos 2:17).
A pesar de todos los sacrificios de animales que tuvieron lugar antes de la muerte de Cristo, ningún ser humano se habría salvado si Él no hubiera venido. La Biblia explica este hecho cuando afirma: “No es posible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados” (Hebreos 10:4).
Además de satisfacer las exigencias de la ley, la auténtica naturaleza humana de Cristo también reconcilió a toda la familia humana con Dios (2 Corintios 5:18). Esto se debe a que, como auténtico ser humano, Cristo pudo ocupar el lugar de Adán como cabeza de la familia humana: “El don gratuito no es como la ofensa. Porque si por la ofensa de un solo hombre murieron muchos, mucho más abundaron para muchos la gracia de Dios y el don por la gracia de un solo Hombre, Jesucristo” (Romanos 5:15).
Aunque podamos alegrarnos de que los ángeles celestiales trabajen como servidores de Dios en el plan de salvación, la naturaleza humana que Cristo recibió sigue siendo el elemento esencial.
Aplícalo:
Mantenga una conversación cara a cara con alguien con quien normalmente contactaría utilizando la tecnología.
Profundice:
Hebreos 10:5-7; 1 Corintios 15:45, 47; Hebreos 2:9