Una llamada celestial
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No es de extrañar que fuera él quien realizara la primera llamada de larga distancia. El 12 de febrero de 1877, Alexander Graham Bell hizo una demostración de su nuevo invento, el teléfono, ante el público de Salem, Massachusetts, llamando a su asistente, Thomas Watson, que se encontraba a veintiocho kilómetros de distancia, en Boston. El Rutland Daily Globe informó: «Sin duda, fue un acontecimiento muy notable; y el éxito rotundo alcanzado dio lugar a la discusión de muchos planes para una mayor utilización práctica del teléfono».
Has recibido una llamada de larga distancia desde el cielo. No fue una llamada cualquiera. «Vosotros sois una generación elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo exclusivo de Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9). Dios ha llamado a personas de todas las naciones de la tierra para que formen una gran familia.
La Biblia se refiere a este pueblo llamado como la iglesia —que es la palabra griega ekklesia y significa «una llamada»—. En la sociedad griega secular, este término se refería simplemente a una reunión general. En el Antiguo Testamento, el equivalente hebreo, qahal, se refería a una asamblea o congregación. «El rey se volvió y bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras toda la asamblea de Israel estaba de pie» (1 Reyes 8:14).
En el Nuevo Testamento, la palabra «iglesia» se aplicaba a aquellos que creían en Jesús como el Mesías, que lo aceptaban a Él y a sus enseñanzas, y que se unían a la organización establecida por Él. También se hablaba de la iglesia como «un solo cuerpo en Cristo» (Romanos 12:5). Como afirma Efesios 4:4, hay «un solo cuerpo» porque «fuisteis llamados en una sola esperanza». Es un llamado al que siempre debes responder.
Aplícalo:
¿A quién te gusta más llamar de larga distancia?
Profundiza:
1 Samuel 17:47; 1 Corintios 11:18; Efesios 4:11–16