¿Acabará alguna vez el racismo?

Un enfrentamiento entre dos grupos de manifestantes en Charlottesville, Virginia, la semana pasada se tornó mortal cuando un conductor embistió deliberadamente con su vehículo a los manifestantes, hiriendo a casi veinte personas y causando la muerte de una. Aunque las protestas se centraban principalmente en una controvertida decisión del gobierno local, este desenlace violento ha tenido repercusiones en todo Estados Unidos. A raíz del ataque, se han organizado manifestaciones contra la violencia y el racismo en Nueva York, Seattle, Denver y otras ciudades.

El odio y la violencia han azotado nuestro planeta durante milenios, incluido el racismo, que parece estar desbocado en nuestro mundo moderno. El racismo sugiere que el color de tu piel es lo que te define, y que algunas razas son superiores a otras. Dios no está de acuerdo. La Biblia dice: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16, énfasis añadido). El racismo niega esta visión y busca dividir a la humanidad. El resultado de la visión de Dios es la vida. La semana pasada, en Charlottesville, fuimos testigos de uno de los resultados de la visión del racismo.

Aunque lamentamos la trágica e innecesaria pérdida de vidas que trae el racismo, no debería sorprendernos su fuerza en nuestro mundo. Jesús predijo que, especialmente en los últimos días, «el amor de muchos se enfriará» (Mateo 24:12). Y el apóstol Pablo advirtió que «los hombres serán amadores de sí mismos» (2 Timoteo 3:2).

Podemos regocijarnos de que Jesús haya prometido su paz en medio de un mundo violento. «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Todos los que creen en la promesa de paz de Jesús la experimentarán, incluso cuando el racismo y la violencia se extiendan sin control. «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo» (Juan 14:27).

Jesús ha vencido al racismo y a todos los demás principios de este mundo caído. Aunque todavía lo vemos a nuestro alrededor, sabemos por fe que un día desaparecerá en el reino eterno de la paz. «Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor; porque las primeras cosas han pasado» (Apocalipsis 21:4).

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