Dios no hizo eso

Dios no hizo eso

Durante una de sus ruedas de prensa diarias sobre la pandemia del coronavirus, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, se apartó de sus habituales comentarios sobre estadísticas médicas, necesidades de equipamiento e incluso los rituales culinarios dominicales de su madre para hacer una declaración teológica: Dios, según el gobernador, había desaparecido cuando se trataba de frenar la tasa de infección de la COVID-19.

«La cifra ha bajado porque nosotros la hemos bajado», dijo Cuomo el 13 de abril. «Dios no lo hizo. El azar no lo hizo. El destino no lo hizo. Lo hicieron mucho dolor y sufrimiento».

La declaración pasó casi desapercibida en los principales medios de comunicación: una búsqueda en línea en The New York Times arrojó «0 resultados» para la frase, a pesar de la saturada cobertura de ese periódico sobre el coronavirus. El periódico Times Union de Albany, capital del estado de Nueva York, tampoco hizo referencia a las declaraciones de Cuomo.

Necesitamos a Dios

No nos equivoquemos: Dios puede ayudarnos. Su poder es tan infinito como Su amor.

El evangelista Franklin Graham, cuya organización benéfica Samaritan’s Purse ha instalado un hospital de campaña en el Central Park de Nueva York para tratar a pacientes con coronavirus, comentó las declaraciones de Cuomo en Facebook: «Siempre debemos tener cuidado con lo que nos atribuimos como mérito. Sí, debemos ser cautelosos y combatir la propagación, pero no nos equivoquemos: Dios puede ayudarnos. Su poder es tan infinito como Su amor. Millones de estadounidenses y millones de neoyorquinos han rezado por Nueva York y por el fin de la propagación de este virus. Seguimos viendo cómo se responden las oraciones en nuestro hospital de campaña. Gobernador Cuomo, le insto: no menosprecie el poder de la oración y la capacidad de Dios para actuar en esta crisis y en las que nos enfrentaremos en el futuro. Él es nuestra esperanza, y seguimos rezando por Su misericordia sobre nuestra nación».


Cuando Dios interviene

La Biblia está repleta de historias de la intervención de Dios en el curso de la historia humana; de hecho, se podría argumentar que una de las razones por las que tenemos el relato bíblico es para documentar la preocupación que Dios tiene por su creación. La Biblia refuerza nuestra fe y nos llama a confiar en Él.

Uno de los ejemplos más notables de esto es lo que hizo otro líder gubernamental, Ezequías, rey de Judá, cuando se enfrentó a una enfermedad. En este caso, detallado en 2 Reyes 20:1–11, la enfermedad era personal de Ezequías, y no el resultado de una plaga; sin embargo, la reacción del rey fue significativa.

En el versículo 1, Isaías transmite un mensaje contundente al gobernante de Judá: «Así dice el Señor: “Pon tu casa en orden, porque morirás y no vivirás”». El tiempo de Ezequías en la tierra estaba a punto de llegar a su fin.

En lugar de limitarse a aceptar el destino, el rey suplicó a Dios: «Entonces volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor, diciendo: “Acuérdate ahora, oh Señor, te lo ruego, de cómo he andado delante de ti con sinceridad y con un corazón leal, y he hecho lo que es bueno ante tus ojos”. Y Ezequías lloró amargamente» (vv. 2, 3).

Dios vio las lágrimas del hombre; escuchó la sincera oración de Ezequías. ¡Y Dios actuó en consecuencia! Antes incluso de que Isaías pudiera salir del palacio, el profeta recibió otro mensaje para el rey: ¡Su oración había sido escuchada y sería respondida! El Señor añadió quince años a la vida de Ezequías, durante los cuales nació su hijo, Manasés.

Dios desea que acudamos a Él en oración, como lo hizo Ezequías. Le encanta concedernos buenos dones de acuerdo con Su voluntad (Juan 15:7). En la oración, Dios nos muestra Su sanación, Su protección y Su misericordia.

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Esto no quiere decir que Dios no pueda o no vaya a ayudar sin la oración, sino solo que Dios escucha y responde a nuestras súplicas. Tampoco quiere decir que un tratamiento médico adecuado, el «distanciamiento social» y otras medidas prudentes no sean necesarias durante una pandemia. Es prudente seguir las mejores recomendaciones de las autoridades sanitarias y del propio médico en un momento así.

Pero la cuestión es que Dios no nos ha dejado a nuestra suerte. Él es el Salvador, Aquel que creó este planeta y todo lo que hay en él, incluidos nosotros. El Salmo 46:1 declara: «Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, un socorro muy presente en la angustia». Juan 15:5 dice que sin Él, ¡no podemos hacer nada en absoluto! ¿De dónde viene el deseo de vivir y de preservar la vida de los demás? No viene de nadie más que de nuestro Creador.

Pastor Doug and Pastor Ross

Justo la semana pasada, el pastor Doug Batchelor y el pastor Jëan Ross hablaron sobre«Un cambio repentino: cómo el COVID-19 cambió el mundo».Puedes encontrar ese estudio bíblico de 90 minutos —en el que se respondieron preguntas de los espectadores— disponible de forma gratuita en nuestro sitio web. En un momento en que algunos líderes están minimizando el papel de Dios en la pandemia, descubre lo que Dios está haciendo realmente desde una perspectiva bíblica y qué tiene que ver todo esto contigo.

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