¿El Big Bang o un gran fracaso?

¿El Big Bang o un gran fracaso?

Aunque la mayoría de quienes vivimos en el siglo XXI damos por sentado que el universo tuvo un comienzo, cuando esta idea recibió por primera vez respaldo científico, a principios del siglo XX, causó un gran revuelo, especialmente entre quienes no creían en Dios. Hasta entonces, la mayor parte de la comunidad científica creía que el universo había existido siempre y que, por lo tanto, no necesitaba de un ser divino que lo creara.

El régimen ateo de la Unión Soviética comunista, por ejemplo, rechazó inicialmente la idea porque, si el universo tuvo un comienzo, eso significaba que el universo tenía una causa. Y, sin duda, esa causa podía apuntar lógicamente a un Creador inteligente.

Por supuesto, para quienes creían en la Biblia en aquella época, la nueva teoría —llamada «Big Bang», una palabra despectiva que, de todos modos, se popularizó— fue bien recibida. Al fin y al cabo, el primer libro de la Biblia, el Génesis, comienza enfáticamente: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (1:1). Apocalipsis, el último libro de la Biblia, también enseña: «Digno eres, oh Señor, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas» (4:11).

Dios como Creador —y, por lo tanto, digno de la adoración de la humanidad— es un tema central y constante de las Escrituras y de la fe cristiana. Con esta nueva teoría, parecía que la ciencia por fin estaba poniéndose al día con la Palabra de Dios.


¿Un universo de la nada?

Al darse cuenta de las implicaciones del Big Bang, muchos trataron inmediatamente de despojara la nueva teoría de cualquier noción divina. Los científicos ateos e incluso los matemáticos argumentaron que el Big Bang podría haberse creado de la nada. Para decirlo sin rodeos, esto parece desafiar toda lógica, ya que se cree que el universo conocido tiene 93 000 millones de años luz de diámetro y contiene materia suficiente para producir dos billones de galaxias que tienen, cada una, una media de cien mil millones de estrellas (por no mencionar todos los planetas).

De alguna manera, todo este orden y esta belleza simplemente surgieron de la nada. ¿No te crees que alguien pueda creer tal cosa? El popular libro A Universe from Nothing (Un universo de la nada), del conocido físico Lawrence Krause, está tan desesperado por descartar la idea de Dios como Creador, que de hecho postula la nada como creadora en lugar de un diseñador inteligente.

Dejamos que seas tú quien decida qué tiene más sentido: que la nada creara el universo en el Big Bang, o que lo creara un Dios infinito y eternamente existente.


Máquina del tiempo

Aunque la teoría del Big Bang lleva ya un tiempo entre nosotros y, en su mayor parte, no se cuestiona en la comunidad científica, los nuevos descubrimientos están causando un gran revuelo.

Algunos titulares de la semana pasada decían:

«El telescopio espacial James Webb descubre enormes galaxias lejanas que no deberían existir».

«Las galaxias avistadas por el telescopio Webb reescriben nuestra comprensión del universo primitivo».

«El telescopio Webb hace un sorprendente descubrimiento galáctico en el universo lejano».

El telescopio espacial James Webb, con diferencia el telescopio orbital más potente hasta la fecha, ha encontrado objetos lejanos que, según la comprensión actual del universo primitivo, no deberían existir.

Que este nuevo descubrimiento cuestione seriamente la cosmología más reciente y supuestamente mejor sobre cómo se formó el universo no es solo una conspiración creacionista. La comunidad científica confirma abiertamente el problema. Según la agencia de noticias Reuters: «Las observaciones del telescopio espacial James Webb de la NASA están trastocando la comprensión del universo primitivo, indicando la presencia de galaxias grandes y maduras, pero notablemente compactas, repletas de estrellas mucho antes de lo que los científicos consideraban posible».

Cuando los astrónomos observan el cosmos, en cierto sentido están mirando hacia atrás en el tiempo. Por ejemplo, la luz del sol, que viaja a 300 000 kilómetros por segundo, tarda unos ocho minutos en llegar hasta aquí. Así pues, cuando miras al sol en el cielo, en realidad estás viendo dónde estaba hace ocho minutos.

Ese mismo razonamiento se aplica también a las galaxias lejanas que vemos en el cielo nocturno. Cuando los astrónomos utilizan potentes instrumentos como el James Webb para observar objetos a miles de millones de años luz de distancia, creen que están contemplando las primeras etapas del universo. Y lo que están encontrando —galaxias completamente formadas, maduras y masivas como la nuestra— contradice lo que creen que deberían estar viendo. Es decir, los hechos están echando por tierra sus hipótesis.

De hecho, se dice que las nuevas pruebas están dando un vuelco a alrededor del 99 % de los modelos actuales utilizados para explicar el Big Bang. Un científico explica: «Si la Vía Láctea fuera un adulto de tamaño medio, digamos de 1,75 metros y 70 kg, estas [nuevas galaxias serían el equivalente a] bebés de un año que pesan más o menos lo mismo pero miden poco menos de 7 cm de altura».

Básicamente, es como si una mujer diera a luz y, en el plazo de un año, su hijo pesara lo mismo que ella. ¡Es obvio que algo no cuadra!


Lección que aprender

Las teorías se desvanecen, la ciencia cambia, pero la Palabra de Dios permanece para siempre.

Aunque todos nos sentimos impresionados por la increíble tecnología que ha producido la ciencia, no debemos olvidar que la ciencia es un proceso creado por el hombre y, por lo tanto, es falible, contingente y, a veces, errónea. Se nos dice que la teoría de la evolución, por ejemplo, es también un hecho irrefutable —al igual que lo ha sido el Big Bang durante décadas— cuando en realidad no es así como funciona la ciencia, independientemente de cuántas personas crean que esas teorías son ciertas.

Por eso la Biblia nos anima a poner nuestra esperanza y confianza definitivas en Dios y en su Palabra: «La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre» (Isaías 40:8). Quizás una interpretación moderna de este versículo podría ser: «Las teorías se desvanecen, la ciencia cambia, pero la Palabra de Dios permanece para siempre».

¿Quieres saber más sobre esa otra «área problemática» de la ciencia? Mira «Evolución, Creación y Lógica», del pastor Doug,una presentación reveladora sobre las buenas razones en geología, biología, arqueología y paleontología que respaldan el creacionismo bíblico. ¿De dónde venimos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Hacia dónde vamos? ¡Descúbrelo ahora!

\n