El suicidio: un acto definitivo

El suicidio: un acto definitivo

Muchos fans quedaron devastados al conocer la noticia de que el célebre cómico Robin Williams se había quitado la vida el 11 de agosto. El actor estadounidense saltó a la fama en los años 70 interpretando a un extraterrestre en la serie de televisión «Mork & Mindy». También actuó en decenas de películas populares y ganó numerosos premios de interpretación, amasando una fortuna personal a lo largo de su carrera.

Williams fue sincero sobre sus problemas con el alcohol, las drogas y la depresión. Al principio de su floreciente carrera, se volvió adicto a la cocaína, pero la dejó tras la repentina muerte por sobredosis de su amigo, el también actor John Belushi. Williams recurrió al ciclismo para ayudarle a lidiar con su depresión, pero, por desgracia, acabó perdiendo la batalla.

La depresión es una enfermedad compleja en la que muchos factores contribuyen a la sensación de desesperanza, por lo que, cuando se trata del suicidio, debemos tener cuidado de no emitir juicios precipitados. No conocemos los pensamientos ni las experiencias de alguien que se quita la vida. Solo Dios conoce el corazón de una persona (Salmo 139:1). Por lo tanto, debemos dejar el destino final de una persona en Sus manos.

Pero el suicidio sigue siendo una acción de «decisión definitiva»: es imposible cambiar de opinión después de haberlo hecho. También debemos reconocer el valor de la vida que se destaca en la Biblia (Éxodo 20:13) y que, en este mundo lleno de pecado, el suicidio es una violación de la voluntad de Dios.

Aunque la Biblia no aborda específicamente el acto del suicidio, sí encontramos ejemplos de personas que se quitan la vida en las Escrituras. Abimelec resultó mortalmente herido en la batalla y pidió a su escudero que le quitara la vida (Jueces 9:54). Sansón derribó a propósito un edificio lleno de sus enemigos, poniendo así fin a su propia vida (Jueces 16:29–31). Saúl pidió a su escudero que le quitara la vida después de perder a sus hijos y a sus tropas en la batalla (1 Samuel 31:3–6). Ahitofel se ahorcó (2 Samuel 17:23). Zimri prendió fuego deliberadamente al palacio del rey y murió en su interior (1 Reyes 16:18). Judas, el discípulo que traicionó a Jesús, salió y se ahorcó (Mateo 27:5).

Todas estas historias, excepto la de Sansón, no se presentan de manera favorable. Los demás eran claramente hombres impíos que actuaron por desesperación. Pero Sansón figura, de hecho, entre los héroes fieles de la fe en Hebreos 11. Su muerte sacrificial se ha comparado con el sacrificio de Cristo en la cruz.

En cualquier caso, el suicidio es una pérdida trágica para quienes quedan atrás. No debería ser un momento para señalar con el dedo y juzgar a los demás, sino más bien un momento de reflexión y oración sobre lo que realmente importa en este mundo y cómo podemos ayudar a otros a encontrar la alegría eterna en Jesucristo.

Robin Williams era querido por millones de personas, formaba parte, según todos los indicios, de una familia amorosa y tenía todo lo que el dinero puede comprar. Sin embargo, la desesperanza lo consumió. En estos últimos días, debemos recordar que la esperanza definitiva no se encuentra en las cosas de este mundo —que al final se convertirán todas en cenizas— sino únicamente en Jesucristo.


Si tú o un ser querido estáis pensando en el suicidio, por favor, buscad ayuda inmediata. Hay recursos disponibles y personas cariñosas que os ayudarán a atravesar vuestra oscuridad. Llamad a vuestro pastor, a un consejero cristiano o al 9-1-1 inmediatamente. No lo pospongáis.

New Life Clinics: 800-639-5433
Línea Nacional de Prevención del Suicidio: 800-273-8255.


Haz clic aquí para ver «Esperanza contra la depresión», con el pastor Doug.

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