¿Estamos «desinfectando» el pecado?
¿Eres pecador?
Es una pregunta sencilla y directa, pero a mucha gente no le gusta responderla. Les hace sentir incómodos, y es posible que a muchos de los que se identifican como cristianos les resulte más difícil que a otros. De hecho, según un informe reciente de Barna, el 40 % de los cristianos profesos no se consideran pecadores.
¿En serio?
Uno de los apóstoles más diligentes y abnegados que jamás haya existido afirmó: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero»(1 Timoteo 1:15, énfasis añadido). Si el fiel Pablo era el primero de los pecadores, ¿en qué nos convierte eso al resto de nosotros?
Además, el mismo informe revela un hecho aún más impactante: que el 70 % de los creyentes piensa que los seres humanos son básicamente «buenos de corazón». Esto es totalmente contrario a lo que enseña la Biblia.
Mejor que tú
Jesús contó a sus seguidores una parábola sobre un líder religioso y un recaudador de impuestos que fueron al templo a orar. El líder religioso, completamente satisfecho de sí mismo, dijo: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: extorsionadores, injustos, adúlteros, ni siquiera como este recaudador de impuestos». Envanecido por su orgullo, se jactó entonces de lo devoto que era. En contraste, el recaudador de impuestos, reconociendo su culpa, se golpeaba el pecho con la cabeza inclinada y clamaba: «¡Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador!». Jesús, haciendo hincapié en la necesidad de ver la verdadera condición de uno, explicó que solo el recaudador de impuestos fue perdonado.
Una de las razones de la confusión sobre el pecado es que muchas personas son engañadas por líderes cristianos que enseñan que confesar los pecados después de haber sido aceptado por Cristo es de alguna manera un insulto a Dios. Sin embargo, las Escrituras enseñan que los creyentes deben confesar sus pecados unos a otros y a Dios. Y, en el Padrenuestro, Jesús enseñó que debemos orar regularmente por el perdón.
Otra razón por la que tantos cristianos tienen ideas confusas sobre el pecado es que realmente no conocen la Biblia. La Palabra de Dios presenta una definición clara de lo que es el pecado, y es la única definición que cuenta. Haz un estudio temático sobre el pecado y solo se puede llegar a una conclusión: nuestros corazones son corruptos por naturaleza, y todos somos pecadores que necesitamos un Salvador.
Influenciados por la cultura
Además, aunque nos sintamos ofendidos y disgustados por gran parte de nuestra cultura, todos estamos influenciados por ella. Piensa por un momento en cómo nuestra cultura ve el pecado. Es evidente que gran parte de lo que la mayoría de los estadounidenses probablemente definirían como pecado hace medio siglo, ahora es considerado aceptable por la mayoría.
Además, el concepto del relativismo moral ha ganado una enorme popularidad. El relativismo moral sostiene que no hay un bien o un mal absolutos. Propone que lo que puede ser incorrecto para una persona puede no serlo para otra, y que las personas deben hacer lo que les parezca correcto. Sorprendentemente, esta forma de pensamiento distorsionado
, aunque contradice los principios bíblicos, ha sido adoptada por muchos cristianos profesos. Es una forma que tienen las personas de racionalizar sus faltas y fracasos y evitar el término «pecado».
Extremos opuestos
Como era de esperar, hay extremos en ambos lados de la cuestión del pecado. Los líderes religiosos de la época de Jesús acusaron a Cristo de pecar porque no observaba sus tradiciones creadas por el hombre ni se plegaba a su interpretación sesgada de la ley. En nuestros días, también hay cristianos que tildan de «pecado» cosas que son buenas.
Si bien es cierto que algunos han convertido en arma los llamamientos a la empatía hacia los marginados, muchos otros se han ido demasiado lejos en la dirección opuesta. Es un tema muy controvertido que puede llevar a un mundo cruel a abrazar una crueldad aún mayor en ambos bandos.
Jesús se compadecía habitualmente de los pecadores marginados de su época, personas a las que los líderes religiosos consideraban la escoria de la sociedad. No, Él nunca condonó ni excusó sus pecados, pero vio su necesidad, les acompañó con empatía y les ofreció perdón y un camino mejor. Se sintieron atraídos por su aceptación y su amor, y muchos le entregaron sus vidas.
Todos somos pecadores, lo admitamos o no. Cada uno de nosotros puso a Jesús en la cruz.
Todos somos pecadores, lo admitamos o no. Cada uno de nosotros crucificó a Jesús. Por lo tanto, aunque debamos ser capaces de identificar el pecado y reconocer su maldad, no tenemos derecho a condenar a los demás. Solo Dios puede ver las circunstancias y el corazón de otra persona. Él quiere que todos se arrepientan y tengan vida eterna, y sus seguidores deben reflejar la misma actitud al tiempo que se dan cuenta de su propia necesidad.
Encontrar el equilibrio
Aunque es esencial ser capaz de reconocer el pecado por lo que es —no para señalar con el dedo, sino para evitar participar en él o tolerarlo—, debemos evitar el otro extremo. Entonces, ¿cuál es la respuesta?
El equilibrio proviene de conocer la Palabra de Dios. Pero no dependas de que otra persona te lo diga. Búscala tú mismo y descubre lo que realmente dice. Un buen punto de partida son los Diez Mandamientos tal y como se recogen en Éxodo 20. Lee también los evangelios y fíjate en lo que Jesús enseñó y en cómo trató a los demás. Mientras buscas, pide sabiduría a Dios. Él está listo y dispuesto a ayudarte.
Cuando buscamos a Dios, ocurre un fenómeno interesante. Cuanto más nos acercamos a Él, más probable es que veamos nuestros propios defectos y pecados. Pero eso es algo bueno. Ver nuestra verdadera condición no debería llevarnos a la desesperación. Por eso tenemos un Salvador. Él anhela que acudamos a Él para poder perdonarnos y darnos paz, así como el poder para vencer la tentación.
¿Quieres saber más sobre el perdón y la aceptación en Cristo? Lee nuestra Guía de estudio «Salvados de una muerte segura».
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