Israel y Hamás: ¿Habrá alguna vez paz?
Cuando el rey Salomón construyó el primer templo de Israel, la paz reinaba en la región. El padre de Salomón, el rey David, había dedicado la mayor parte de su reinado a derrotar a los enemigos de Israel y a sobrevivir a las guerras civiles (2 Samuel 2, 3, 8, 10, 15-20). Sus victorias en el campo de batalla habían allanado el camino para la obra de su hijo en el templo.
Hoy en día, los cristianos de todo el mundo miran hacia Jerusalén esperando que se reconstruya el templo. Pero, al igual que en los días de David y Salomón, eso no podrá ocurrir hasta que Israel venza a todos sus enemigos y restablezca la paz en la región. Teniendo en cuenta el reciente conflicto entre Israel y Hamás, ¿se está cumpliendo la profecía bíblica?
Retrocediendo
El 7 de octubre, el grupo islamista radical Hamás atacó el sur de Israel, matando a más de 1.300 hombres, mujeres y niños, y tomando al menos 150 rehenes. Israel respondió bombardeando el norte de Gaza durante casi una semana, matando a más hombres, mujeres y niños que Hamás. «De repente, volvemos a una situación en la que la gente mata a la gente, y la gente aplaude a otros por matar a la gente», dijo el director del Centro de Investigación de Políticas Públicas de Dubái.«Estamos retrocediendo».
Apenas ocho días antes del ataque de Hamás, el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, promocionaba los éxitos de la Administración Biden en Oriente Medio. «La región está hoy más tranquila de lo que ha estado en dos décadas», afirmó. Al parecer, el asalto de Hamás —el más mortífero para los israelíes desde la Guerra de Yom Kippur, 50 años antes— supuso una sorpresa para los funcionarios estadounidenses.
El conflicto se remonta a 1948, cuando se fundó Israel como Estado independiente. Las Naciones Unidas, preparándose para el fin de la ocupación británica de Palestina, la dividieron en dos países: el Estado judío de Israel y el Estado árabe de Palestina. Pero los palestinos y la Liga Árabe —que en aquel momento comprendía a Egipto, Líbano, Siria, Jordania, Irak, Arabia Saudí y Yemen— rechazaron la partición y atacaron a Israel. Tras unos nueve meses de combates, Israel ocupó gran parte del territorio que las Naciones Unidas habían asignado a los árabes.
En hebreo, esta primera guerra árabe-israelí se denomina «Guerra de Independencia». En árabe, se llama «La Catástrofe», porque provocó el desplazamiento de más de 700 000 palestinos, muchos de los cuales se refugiaron en la Franja de Gaza y Cisjordania. Desde entonces, ha habido una serie de guerras entre estos dos pueblos.
El 13 de octubre, después de que Israel hubiera lanzado 6.000 bombas sobre la Franja de Gaza y reunido unos 360.000 soldados a lo largo de la frontera, un reportero del New York Times hizo esta valoración: «Mientras el ejército israelí se prepara para una posible invasión terrestre de la Franja de Gaza, el infierno que se desata desde Gaza se está convirtiendo en una pesadilla potencial para toda la región, amenazando con desestabilizar no solo a Israel y los territorios palestinos, sino también a Egipto, Irak, Jordania y Líbano».
No es de extrañar, por tanto, que los líderes mundiales se estén apresurando a contener el conflicto entre Israel y Hamás. «Si el conflicto se extiende por completo al Líbano, o si Irán se ve directamente involucrado», dijo un funcionario saudí, «sería una catástrofe».
Sin embargo, las ondas de esta lucha ya han comenzado a extenderse. El 15 de octubre se abrió un segundo frente contra Israel cuando Hezbolá, otro grupo militante respaldado por Irán, lanzó al menos cinco misiles antitanque desde el Líbano hacia el norte de Israel. Un día antes, funcionarios iraníes advirtieron que Hezbolá «estaba listo para unirse a la lucha de Hamás».
Vosotros sois el templo del Dios viviente.
Orando por la paz
A lo largo de décadas de conflicto, tanto judíos como cristianos han seguido «orando por la paz de Jerusalén» (Salmo 122:6). De hecho, el nombre de Jerusalén significa «pacífica». Pero, ¿predice realmente la Biblia la paz para esta ciudad terrenal, lo cual coincide con la reconstrucción de su templo?
Según muchos cristianos, ¡sí! Los judíos siguen esperando que el Mesías reconstruya su templo, lo cual «no puede suceder hasta que haya paz eterna».Pero dado que el Mesías ya vino en la persona de Jesucristo, como todo cristiano sabe, la persona que los judíos esperan será en realidad el anticristo, quien se sentará «en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios» (2 Tesalonicenses 2:4).
Solo hay un pequeño problema para los cristianos: este texto no se refiere a un templo literal.
Aunque Jesús predijo la destrucción del segundo templo (Mateo 24:1, 2, 15, 16), llevada a cabo por los romanos en el año 70 d. C., lo único que dijo sobre la reconstrucción de un templo fue «el templo de su cuerpo» (Juan 2:19‒21). Dirigiéndose a la «iglesia», el apóstol Pablo dijo: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno de vosotros es miembro de ese cuerpo» (1 Corintios 12:27, 28); «vosotros sois el templo del Dios viviente» (2 Corintios 6:16). Pablo describe además este templo en Efesios 2: «Vosotros sois… miembros de la familia de Dios, habiendo sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor» (vv. 19‒21). Claramente, el templo de Dios en la dispensación del evangelio es su iglesia, cuyos miembros son judíos espirituales (Romanos 2:28, 29).
Si esto es cierto, ¡entonces el anticristo no residirá en Tierra Santa, sino en la cristiandad! ¡Qué irónico que muchos evangélicos, mientras afirman que los judíos confundirán al anticristo con el Mesías, sean ellos mismos engañados porque están buscando al anticristo en el lugar equivocado! Para evitar tal engaño, lea ¿Quién es el anticristo? o vea Apocalipsis revela al anticristo.
Tras el ataque del 7 de octubre, un popular pastor evangélico pidió a los cristianos que se unieran a él en oración para que Dios «colocara un cerco espiritual de protección alrededor de [Su] pueblo y su tierra». Este pastor cree que «Israel cumplió numerosas profecías… en 1948, pero hasta el día de hoy, sus fronteras no alcanzan toda la extensión de la Tierra Prometida». La implicación de sus palabras es inquietante: el templo no puede reconstruirse hasta que Israel despoje a los habitantes del «Líbano, […] la Ribera Occidental del Jordán, [y] partes sustanciales de Siria, Irak y Arabia Saudí».
¿Es ese el tipo de paz por el que deberíamos rezar?
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