Jesús: el ojo del huracán

En las últimas semanas, los huracanes Harvey e Irma han causado estragos en todo el Caribe y el sur de Estados Unidos. Las intensas lluvias y los fuertes vientos han dejado a su paso hogares y negocios inundados, y sueños destrozados. En el Caribe, miles de personas se enfrentan a la desesperada realidad de haber perdido sus hogares por completo y de tener escaso acceso a alimentos y agua potable.

La increíble destrucción causada por los huracanes, junto con el terremoto de gran magnitud en México y los incendios forestales desenfrenados que abarcan dos millones de acres en el oeste de Estados Unidos, nos lleva a recordar la advertencia de Jesús a sus discípulos: «Habrá grandes terremotos en diversos lugares, y hambrunas y pestilencias» (Lucas 21:11). Jesús nos advirtió que estas tragedias vendrían mientras Satanás obra para destruir la belleza y la paz que Dios diseñó para nuestro mundo.

En los últimos días antes de su muerte, Jesús describió las señales que nos ayudarían a identificar nuestro lugar en la historia de la Tierra y a saber cuándo nos acercamos al fin. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las naciones, perplejas ante el rugido del mar y de las olas; desmayando los corazones de los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre la tierra, pues las potencias de los cielos serán conmovidas» (Lucas 21:25–27).

Mientras Jesús describía los desastres que vendrían sobre la tierra, señaló a sus discípulos una y otra vez su victoria definitiva sobre la obra destructiva del diablo. «Cuando estas cosas comiencen a suceder, mirad hacia arriba y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención se acerca. … Así también vosotros, cuando veáis que estas cosas suceden, sabed que el reino de Dios está cerca» (Lucas 21:28, 31). Amigo, ¡ese momento es ahora!

En la Palabra de Dios podemos encontrar el aliento de que, a pesar de los ataques del diablo que nos rodean, podemos tener paz —no una paz ordinaria, sino la paz sobrenatural que solo Jesús puede dar y que trasciende cualquier prueba a la que nos enfrentemos! «Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).

Dondequiera que estés en el mundo, te enfrentas a tormentas, tanto físicas como espirituales, que amenazan con abrumar tu fe. Así como en el ojo del huracán hay calma, Jesús quiere darnos a cada uno de nosotros esa calma y paz mientras atravesamos las tormentas de nuestras vidas. Él no promete librarnos de las tormentas, pero sí promete que cuando «paséis por las aguas, yo estaré con vosotros; y por los ríos, no os cubrirán. Cuando paséis por el fuego, no os quemaréis, ni la llama os abrasará. Porque yo soy el Señor vuestro Dios» (Isaías 43:2, 3).

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