La fe frente a la pantalla: un siglo de televisión frente a la Palabra eterna de Dios

La fe frente a la pantalla: un siglo de televisión frente a la Palabra eterna de Dios

El 26 de enero de 1926, un inventor escocés llamado John Logie Baird invitó a un pequeño público a presenciar algo nunca visto hasta entonces: imágenes en movimiento transmitidas por medios electrónicos. Fue la primera emisión televisiva pública en directo del mundo. En aquel momento, nadie podía prever hasta qué punto este acontecimiento transformaría todos los aspectos de la vida moderna.

Cien años después, la televisión —y, por extensión, todas las plataformas de redes sociales basadas en vídeo— domina nuestras rutinas diarias. Las pantallas nos despiertan, nos hacen compañía durante las comidas, nos siguen hasta nuestros dormitorios y determinan cómo nos relajamos, aprendemos y vemos el mundo.

Según estudios recientes, el estadounidense medio dedica 5,5 horas al día a ver contenidos de televisión o vídeo, y el adolescente medio consume la asombrosa cifra de 9 horas de medios de entretenimiento al día (sin incluir el tiempo dedicado a los medios para el colegio o los deberes). Por otro lado, solo el 16 % de los estadounidenses afirma leer la Biblia todos los días.

El contraste es sorprendente.

Las pantallas: una herramienta poderosa pero neutral

Para que quede claro, la televisión y los medios digitales no son intrínsecamente malos. Al igual que el fuego o la electricidad, son herramientas —poderosas— que pueden utilizarse para el bien o para el mal. Los programas educativos han enseñado a leer a generaciones. Los documentales han ampliado nuestra comprensión del mundo. Los sermones, los estudios bíblicos y otros contenidos basados en la fe llegan ahora a millones de personas con solo tocar una pantalla.

El problema no es que veamos, sino qué vemos, cuánto vemos y a qué dedicamos nuestro tiempo.

Basta con echar un vistazo rápido a cualquiera de los canales de televisión o plataformas de redes sociales más populares de hoy en día para darse cuenta al instante de que cuanto más provocativo y sensacionalista es un vídeo, más popular resulta. Según un artículo publicado en Forbes: «El algoritmo no premia la verdad, sino la hostilidad. Si una noticia veraz obtiene menos interacción que una falsedad sensacionalista, la falsedad gana».

Esto no solo se aplica a las noticias, sino a todo tipo de contenido de vídeo. Reina la provocación y la indignación está a la orden del día. Lo que consumimos para relajarnos acaba dejándonos ansiosos, sobreestimulados y entumecidos.

La situación es aún más grave cuando se trata de mentes en desarrollo. «Los niños y adolescentes de hoy en día no conocen un mundo sin tecnología digital, pero el mundo digital no se construyó pensando en el desarrollo mental saludable de los niños», afirma la Academia Americana de Pediatría.

Entonces, ¿cómo podemos orientarnos en un mundo saturado de ruido digital?

Elige la luz, no la oscuridad

La Biblia nos dice que «no hay nada nuevo bajo el sol» (Eclesiastés 1:9). Puede que la televisión solo tenga un siglo de antigüedad, pero la distracción y la desinformación siempre han sido las principales herramientas del enemigo. El entretenimiento no es más que la misma táctica con un envoltorio diferente.

Lo que asimilamos constantemente no se queda en el exterior. Da forma a nuestros valores, moldea nuestros deseos e influye en nuestras mentes. Un estudio de 2023 reveló que la exposición repetida a las malas acciones —lo que se conoce como el efecto de repetición moral— embota nuestra respuesta emocional, de modo que cada vez que las vemos, las juzgamos como menos inmorales, remodelando gradualmente nuestra brújula moral.

¿Es de extrañar que Satanás utilice sin descanso nuestras pantallas para inundar nuestras vidas con contenido corruptor?

Es precisamente por esta razón por la que Jesús nos advirtió: «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si, pues, tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad» (Mateo 6:22, 23).

A lo que dedicamos nuestro tiempo, atención y afecto no solo llena nuestra agenda, sino que moldea nuestros corazones. Si nuestra dieta diaria consiste principalmente en contenido trivial, violento o desesperanzador, nuestra vida espiritual y mental lo reflejará. Afortunadamente, Dios nos ha dado el don de la elección, como Él dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).

Rechaza el menú de Satanás, que induce al miedo y a la ansiedad, y elige cenar con Jesús.

Cenando con la Verdad

En un mundo digital plagado de caos, cada vez que elegimos medios que honran a Dios, rechazamos el menú de Satanás que induce al miedo y la ansiedad y elegimos cenar con Jesús. Y aunque decidir qué medios permitir en nuestras vidas puede parecer como navegar por un campo minado, afortunadamente, tenemos una guía segura: la Palabra de Dios.

Entonces, ¿cómo es el contenido bíblico? Las palabras del apóstol Pablo son especialmente útiles a la hora de tomar nuestras decisiones sobre qué ver: «Todo lo que es verdadero, todo lo que es noble, todo lo que es justo, todo lo que es puro, todo lo que es amable, todo lo que es digno de admiración; si hay algo excelente o digno de alabanza, pensad en esas cosas» (Filipenses 4:8).

¿Cómo está tu plato digital últimamente?

Ejercer el discernimiento divino

Aquí hay tres pasos prácticos y bíblicos para ayudarte a tomar decisiones fieles en cuanto a los medios de comunicación.

  1. Ora: Antes de desplazarte por la pantalla, ver o escuchar algo, pide a Dios que guíe tus elecciones. La oración te ayuda a filtrar el contenido a través de Su perspectiva. «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, que da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Santiago 1:5).
  1. Evalúa los medios a la luz de las Escrituras: ¿Promueven el amor, la paz, la integridad y la santidad, o incitan y enardecen? Dios nos invita a pensar críticamente y a alinear nuestras elecciones con Su Palabra: «Venid ahora, y razonemos juntos, dice el Señor» (Isaías 1:18).
  1. Pregúntate si te acerca más a Dios: Antes de ver cualquier cosa, considera qué te enseña acerca de Él. Si la respuesta es nada, probablemente no merezca tu tiempo. «Sean gratos a tus ojos las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón, oh Señor, mi fortaleza y mi Redentor» (Salmo 19:14).

La elección es tuya

La Palabra de Dios siempre ha sido transformadora, pero nunca antes había sido tan accesible. Hoy en día, los sermones, los estudios bíblicos y los programas basados en la fe pueden llegar a personas de todo el mundo al instante.

La pregunta es si elegiremos medios que simplemente entretienen, o medios que realmente nutren.

Al reflexionar sobre un siglo de televisión, este aniversario nos invita a hacernos una pregunta sincera: ¿Cómo están moldeando mis pensamientos mis elecciones a la hora de ver la televisión?

Quizá no sea necesario apagar las pantallas por completo, sino orientarlas intencionadamente hacia algo mejor.

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