10 principios bíblicos para perder peso
¿¡Qué!? ¿Acaso la Biblia ofrece realmente instrucciones sobre cómo deshacernos de la papada y los michelines? Bueno, no exactamente, pero las Escrituras sí nos dan algunas pistas importantes sobre cómo cuidar estos cuerpos, que han sido creados a imagen de Dios. De hecho, Su Palabra está repleta de consejos que pueden ayudarnos a ser más sanos y felices, lo que a veces incluye alcanzar y mantener un peso más adecuado.
Exploremos algunos de estos principios.
¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?
2. Buscad la sabiduría de Dios. Nuestro Padre celestial se preocupa por todas nuestras luchas en la vida y desea ayudarnos. Santiago 1:5 dice: «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Santiago 1:5). Como nuestro Creador, Dios sabe exactamente lo que necesitamos para alcanzar nuestros objetivos de salud, y nos dará sabiduría si se la pedimos.
3. Considera empezar una dieta basada en alimentos integrales de origen vegetal. Según el libro del Génesis, la dieta original de la humanidad procedía de las plantas. Aunque algunas personas afirman que los seres humanos están destinados a ser omnívoros, consumiendo tanto plantas como carne, los estudios científicos demuestran que una alimentación sencilla y basada en plantas es, en general, la opción más saludable y ofrece múltiples beneficios [1, 2]. Seguir una dieta basada en plantas tiende a hacer que una persona esté más delgada y reduce en gran medida el riesgo de obesidad.
4. No comas en exceso. Proverbios 23:2 dice: «Pon un cuchillo en tu garganta si eres un hombre dado al apetito». Comer en exceso provoca cambios químicos en el cerebro que generan ansias de comer o adicciones [3]. Sobrecarga los órganos digestivos, lo que da lugar a una menor absorción de nutrientes, por lo que el hambre vuelve antes. Comer en exceso también puede provocar somnolencia, lo que significa que será menos probable que quemes las calorías de más.
5. Limita los dulces. La Escritura aconseja: «No es bueno comer mucha miel» (Proverbios 25:27), y esto ha sido confirmado por la investigación. Los estudios señalan los peligros de consumir grandes cantidades de edulcorantes concentrados, como el azúcar o la miel. La larga lista de efectos nocivos incluye el aumento de peso no deseado [4].
6. Evita las comidas pesadas. La Biblia aconseja: «Cuando te sientes a comer con un gobernante, fíjate bien en lo que tienes delante… No codicies sus manjares, pues son comida engañosa» (Proverbios 23:1, 3). Las comidas pesadas, que suelen ser ricas en grasas y calorías, pueden sabotear los planes de control de peso y contribuir a una serie de otros problemas de salud.
7. ¡Levántate y muévete! El ejercicio es un factor importante en el control del peso. Para obtener los mejores resultados, debes convertirlo en una parte permanente de tu vida. La Palabra de Dios confirma que «el ejercicio físico tiene cierto valor» (1 Timoteo 4:8 NVI). Y no es necesario apuntarse al gimnasio para beneficiarse de ello. Algo tan sencillo como caminar con regularidad puede contribuir en gran medida a mantener una buena salud y optimizar tu peso. Recuerda que el ejercicio produce el mayor beneficio cuando se combina con una dieta saludable.
8. Minimiza la ansiedad. Muchas personas comen cuando están preocupadas o ansiosas como una forma de calmar los nervios. Pero esto puede convertirse fácilmente en un hábito que conduce a un aumento de peso no deseado. En lugar de comer automáticamente cuando estés preocupado, intenta orar primero. La Biblia aconseja: «No os inquietéis por nada, sino que en todo, mediante la oración y la súplica, con acción de gracias, presentad vuestras peticiones a Dios; y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6, 7). Permitir que Dios alivie tu mente de los problemas liberará tus facultades cognitivas para tomar decisiones más saludables.
9. Toma decisiones que honren al Señor. A medida que transcurre cada día, pon a Dios en primer lugar en tus pensamientos y acciones. «Por lo tanto, ya sea que comáis o bebáis, o hagáis cualquier cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Esta práctica te ayudará a alejarte de las tentaciones alimentarias.
10. Profundiza tu relación con Dios. Dedica tiempo cada día al Señor y concéntrate en su gracia y amor por ti. Esto te ayudará a tener una perspectiva equilibrada. Cuando luchas con un problema de peso, es fácil tener una mala imagen de ti mismo. Pero sea cual sea tu opinión sobre ti, el amor de Dios por ti es constante e intenso. Eres atesorado por el Rey del universo. De hecho, Él te considera parte de Su familia, Su propio hijo precioso: «¡Mirad qué amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios!» (1 Juan 3:1).
La Biblia deja claro que Dios quiere que «prosperemos en todo y tengamos salud» (3 Juan 1:2). Al buscar en Él sabiduría y fortaleza, tomar decisiones inteligentes para nuestro cuerpo y ser persistentes en nuestros objetivos de salud, ¡podemos alcanzar e incluso superar nuestras expectativas!
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