Hungría dice «no» a los actos públicos del Orgullo
La semana pasada, el Parlamento húngaro trazó una línea que el resto del mundo no podía ignorar.
El 18 de marzo de 2025, una abrumadora mayoría votó a favor de prohibir los eventos públicos del Orgullo. En señal de protesta, tres legisladores encendieron bengalas, llenando la cámara de columnas de humo verde, naranja y amarillo. Fuera del Parlamento, la multitud comenzó a crecer. Miles de personas salieron a las calles de Budapest, ondeando banderas arcoíris, coreando consignas y acusando al Gobierno de lanzar un ataque contra los derechos LGBTQ.
Pero mientras que la narrativa global presenta esto como una represión de las libertades personales, muchos dentro de Hungría ven otra cosa: una postura firme para proteger a los niños y apoyar los derechos de los padres.
Una votación decisiva
La nueva ley, denominada Ley de Protección Pública de Menores, se aprobó por una amplia mayoría:136 votos a favor y 27 en contra. ¿Su objetivo? Restringir los actos públicos que «promuevan o representen comportamientos sexuales no tradicionales» en espacios accesibles a menores. Esto incluye desfiles del Orgullo, espectáculos de drag queens y actos públicos similares.
Esta votación también modificó la legislación de 2021 ya vigente que había limitado los contenidos LGBTQ en los planes de estudios escolares y los medios de comunicación infantiles. Los legisladores argumentaron que esas medidas anteriores no iban lo suficientemente lejos para hacer frente a lo que describieron como una avalancha de ideología sexualizada en la vida pública.
Los defensores de la ley insisten en que no se trata de atacar a los miembros de la comunidad LGBTQ. «Los adultos son libres de vivir como elijan», afirmó la ministra de Justicia, Judit Varga, «pero el espacio público —especialmente donde hay niños presentes— debe reflejar un entorno seguro para los niños».
El primer ministro Viktor Orbán se hizo eco de ese sentimiento, afirmando que la legislación tiene por objeto «proteger los corazones y las mentes de los niños de Hungría». La ley no prohíbe las relaciones entre personas del mismo sexo, sino que simplemente establece un límite en torno a lo que se considera apropiado que los niños vean en público.
Es una línea que muchos padres húngaros consideran que se ha traspasado.
¿Una cuestión de derechos humanos?
Desde 2009, Hungría reconoce las uniones registradas, lo que ofrece a las parejas del mismo sexo casi todos los derechos y beneficios del matrimonio. La nueva ley no cambia nada de esto. Sin embargo, a pesar de las aclaraciones sobre la intención de la ley, los manifestantes llenaron las calles de Budapest. Aunque muchas protestas se mantuvieron pacíficas, algunas acciones se intensificaron. Varios grupos bloquearon carreteras y cruces, negándose a acatar las órdenes de la policía de dispersarse.
En la protesta frente al Parlamento, un ciudadano ruso que emigró a Hungría dijo que la legislación atentaba contra el derecho fundamental de las personas a reunirse pacíficamente. «Es bastante aterrador, para ser sincero, porque en Rusia vivimos lo mismo», dijo. «Se fue acumulando paso a paso, y siento que eso es lo que está pasando aquí».
Otro manifestante declaró a los periodistas: «Crecí en una Hungría que prometía libertad. Ahora nos están diciendo que volvamos a desaparecer».
No se trata de silenciar la identidad, sino de proteger la inocencia.
Una losa quitada
En el fondo de la ley hay una creciente preocupación por la exposición de los niños a contenidos sexualizados en público. Aunque los desfiles del Orgullo comenzaron como movimientos por los derechos civiles, los críticos afirman que muchos eventos modernos suelen incluir temas para adultos, actuaciones provocativas e incluso desnudos —escenas que los padres quizá no quieran que sus hijos presencien en las calles de la ciudad.
En las semanas previas a la votación, los legisladores húngaros afirmaron haber recibido miles de cartas de padres que expresaban su preocupación por la influencia de tales eventos en los niños. Uno escribió: «No enseño a mis hijos a odiar, pero no permitiré que otros les enseñen a rechazar nuestros valores».
Qué cierto es que debemos enseñar a nuestros hijos a no odiar. Otra cosa que los menores nunca deberían presenciar es el comportamiento de algunos contramanifestantes durante un desfile del Orgullo celebrado en Hungría. Un vídeo publicado por The Guardian los muestra gritando obscenidades a los participantes.
Pero amar a las personas LGBTQ no significa permitirles influir en los menores a través de eventos públicos que desafían la enseñanza bíblica. Durante el debate en el Parlamento, un diputado citó las aleccionadoras palabras de Jesús en Marcos 9:42: «Si alguien hace tropezar a uno de estos pequeños…, mejor le sería que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo arrojaran al mar» (NVI). Este versículo subraya la importancia que muchos húngaros conceden a este tema.
Los niños deberían poder pasear por las plazas públicas sin verse expuestos a mensajes que entren en conflicto con las creencias de su familia —o con las enseñanzas de la Biblia sobre la sexualidad (Romanos 1:24‒29; 1 Corintios 5:1; 6:15‒18; Judas 1:7).
Mirando hacia el futuro
Por supuesto, la Unión Europea y diversas organizaciones de derechos humanos no tardaron en condenar la ley. Hungría podría enfrentarse a sanciones económicas por parte de Bruselas por lo que se considera una violación de los valores de la UE.
Pero Hungría lo ha dejado claro: no tiene intención de seguir el guion cultural de Occidente. Como dijo Orbán: «No somos Rusia, pero tampoco somos Bruselas». En otras palabras, Hungría está trazando su propio rumbo, un camino que equilibra las libertades civiles con lo que muchos consideran un deber de proteger a los niños.
En este último choque cultural, es probable que más personas protesten y que se presenten recursos legales. Pero, por ahora, el Gobierno húngaro ha adoptado una postura audaz, basada en la creencia de que los padres tienen derecho a guardar el corazón de sus hijos «con toda diligencia» (Proverbios 4:23).
Desde una perspectiva bíblica, eso no es odio. Es mayordomía.
He aquí una herramienta útil para abordar este delicado tema: Amor puro y redentor: Demostrar la gracia de Dios a todos los afectados por cuestiones LGBT+.
\n