¿Pueden los seres humanos vivir para siempre?
Según estudios recientes, parece que nos estamos acercando al límite de la longevidad humana.
Hemos logrado avances impresionantes durante el último siglo y cuarto. Por ejemplo, un bebé nacido en el año 1900 habría tenido una esperanza de vida media de solo 32 años. Actualmente, esa cifra supera los 71 años, debido principalmente a los enormes avances en la atención sanitaria, una mejor nutrición, un suministro de agua más limpia y un nivel de vida más alto en amplios sectores de la sociedad.
En Estados Unidos nos ha ido algo mejor, con una esperanza de vida media en 1900 de unos 47 años. Hoy en día, esa cifra ha dado un salto hasta casi los 78 años. Por muy alentadoras que puedan ser estas estadísticas, la esperanza de vida de los seres humanos parece tener límites inherentes; los avances en la longevidad podrían estar a punto de detenerse bruscamente, especialmente en países que ya disfrutan de un nivel de vida más alto.
A pesar de las limitaciones
En los próximos 30 años, se espera que el número de estadounidenses de 100 años o más se cuadruplique. Sin embargo, esto no indica que estemos a la cabeza en cuanto a longevidad. Al contrario, Estados Unidos se está quedando atrás respecto a otros países en la carrera de la longevidad.
Según los investigadores, entre los países donde la gente vive más tiempo,«Estados Unidos ni siquiera figura entre los 40 primeros».¿Por qué? Parte de la razón de la mala posición de Estados Unidos en la escala de longevidad es que se ve más afectado por problemas que se cobran la vida de personas más jóvenes, como «las sobredosis de drogas, los tiroteos, la obesidad y las desigualdades que dificultan que algunas personas reciban atención médica suficiente».
Y aunque los baby boomers de la posguerra tienden a vivir más que las generaciones anteriores, sufren problemas de salud con mayor frecuencia. Pero parece que los de la generación siguiente se encuentran en una situación aún peor. Un artículo de CNN Health informaba: «En 2020, un estudio sugirió que la Generación X se enfrentaba a más años de mala salud que los baby boomers, ya que se observó que [los miembros de la Generación X] de entre 40 y 50 años se encontraban en peor forma física que [los baby boomers]… a la misma edad».
Desafiando el límite de edad
La persona más longeva de los últimos tiempos fue Jeanne Calment. Nacida en Francia en 1875, vivió hasta los 122 años, un poco por encima de la media, ¿no crees? El récord de «persona viva más longeva» lo ostenta actualmente Tomiko Itooka, de Japón; en el momento de escribir estas líneas, supera con creces los 116 años. El británico John Tinniswood es actualmente el hombre vivo más longevo conocido, con más de 112 años.
A millones de personas les gustaría seguir sus pasos.
La industria de la longevidad, que se centra en el nivel molecular o celular para ralentizar el envejecimiento y mejorar la salud, se ha convertido en un gran negocio en el siglo XXI. Uno de sus sectores clave, la biotecnología, ha experimentado avances fascinantes en los últimos años. En algunos estudios, por ejemplo, el uso de células madre para modificar el epigenoma en ratones ha dado lugar a reversiones espectaculares de los efectos del envejecimiento. Sin embargo, algunos científicos se muestran escépticos respecto a que esto se traduzca en el mismo tipo de beneficio en los seres humanos en un futuro próximo. Solo el tiempo, probablemente décadas, lo dirá.
Mientras tanto, ¿qué esperanza nos queda? Bastante. Aunque no podemos detener el proceso de envejecimiento, hay cosas que podemos hacer para ralentizarlo y reducir nuestras probabilidades de padecer enfermedades crónicas. De hecho, tenemos un enorme poder para alterar nuestro propio epigenoma —para cambiar, literalmente, la expresión de nuestro ADN— mediante cambios en el estilo de vida, como llevar una dieta saludable basada en plantas y hacer ejercicio con regularidad.
Sin embargo, incluso en el mejor de los casos, las buenas prácticas de salud y la ciencia médica solo pueden llevarnos hasta cierto punto.
Un deseo innato
La paga del pecado es muerte, pero el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.
El sabio rey Salomón explica que «[Dios] ha puesto la eternidad en [nuestros] corazones» (Eclesiastés 3:11). Al principio, nuestro Creador nos hizo para vivir para siempre. Pero, por elección humana, Su plan perfecto se fue al traste, y desde entonces se ha producido una tragedia —y las consecuencias devastadoras van mucho más allá del deterioro de nuestras células a medida que envejecemos.
Nuestra rebelión contra Dios no solo ha destruido nuestros cuerpos, nuestras relaciones y nuestro entorno, sino que también ha alejado nuestros corazones de las cosas espirituales. Esto nos deja con una perspectiva sombría —la perdición física y espiritual—, ¿no es así? Bueno, no tiene por qué ser así.
Aunque podría haberlo hecho, nuestro Dios compasivo no nos ha dejado sin esperanza. Hay una forma sencilla de vivir para siempre. Aunque «la paga del pecado es muerte», podemos elegir aceptar un desenlace alternativo porque «el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Romanos 6:23).
Nuestra única esperanza de un futuro sin límites se encuentra en una relación con Jesucristo, quien afirmó: «El que oye mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna» (Juan 5:24). Su promesa y su generoso regalo de la vida eterna están destinados a toda persona que elija seguirlo.
¿Quieres saber más sobre cómo aceptar el don de Dios de la vida eterna? Lee el artículo «Conoce a Jesús».
\n