Transformados por la gracia

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Justus von Liebig, un químico alemán, inventó los primeros espejos plateados en 1835. Desde entonces, las personas han podido verse con mayor claridad. Los espejos convencionales ofrecen una imagen invertida y plana, lo que da una impresión algo distorsionada. Sin embargo, una nueva forma de reflejo llamada «True Mirror» —creada con dos espejos unidos en un ángulo de 90 grados— ofrece a las personas una imagen tridimensional de sí mismas tal y como las ven los demás. A algunas personas les resulta intimidante descubrir tantos detalles sobre su apariencia, mientras que a otras les parece entretenido.

Los espejos desempeñan un papel importante en nuestra cultura, pero el espejo más útil del universo es el espejo espiritual que enfoca nuestra mirada en Jesús y nos transforma a su imagen mediante el poder de su Espíritu. Él nos invita a «ser transformados por la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2). Esto solo es posible a través del Nuevo Pacto.

¿Sabías que Dios estableció el pacto para salvarnos incluso antes de que fuéramos creados? (Véase 1 Corintios 2:7; 2 Timoteo 1:9; y Tito 1:2). En aquel momento, la Trinidad acordó que Jesús intervendría y soportaría nuestro castigo, permitiéndonos recibir libremente el perdón y la vida eterna. Tras la caída de la humanidad, este plan fue revelado a Adán y Eva, pero, lamentablemente, el pueblo elegido de Dios acabó distorsionando el pacto de gracia y lo convirtió en un miserable y fútil pacto de obras.

El Nuevo Pacto, al que a veces se hace referencia como «un pacto mejor», es en realidad el pacto original perfecto de Dios sin las distorsiones que los humanos le impusieron. Jesús ya ha confirmado el pacto de gracia mediante su muerte, resurrección e intercesión por nosotros. «Jesús se ha convertido en garante de un pacto mejor» (Hebreos 7:22).

A través del Nuevo Pacto, podemos elegir ser perdonados y adoptados. «¡Mirad qué amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios!» (1 Juan 3:1). Y después de recibir su gracia, podemos tener nuevas vidas victoriosas manteniendo nuestros ojos fijos en la imagen transformadora de Cristo.

Aplícalo:

Mírate en un espejo y recuérdate en voz alta que eres hijo de Dios.

Profundiza:

1 Pedro 1:20, 21; Lucas 22:20; Hebreos 8:6–13