Caer en el engaño

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La venta de productos por Internet se ha visto manipulada artificialmente mediante reseñas falsas. Los periodistas han descubierto que algunos vendedores ofrecen dinero a cambio de reseñas positivas. Estos vendedores solicitan este servicio a través de las redes sociales con la esperanza de no ser localizados. Las plataformas de venta online han comenzado a eliminar a los vendedores deshonestos, ya que la confianza de los clientes es fundamental para el éxito empresarial.

Dios sabía que su Iglesia se vería transformada negativamente como consecuencia del engaño. Por esta razón, utilizó a múltiples profetas para hacer saber a su pueblo que la Iglesia no permanecería siempre pura. Quería advertir a sus verdaderos seguidores de que Él no aprueba todo lo que hacen aquellos que simplemente afirman seguirle.

El apóstol Pablo ofrece una de las explicaciones más claras sobre lo que sucedería en la Iglesia en los últimos días. En una de sus cartas, afirmó: «Que nadie os engañe de ninguna manera; pues ese Día no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de la perdición» (2 Tesalonicenses 2:3). En otras palabras, Jesús no regresaría hasta que la corrupción se hubiera infiltrado en la Iglesia.

Como consecuencia de la corrupción, surgiría un poder demoníaco en la Iglesia. Aunque a ese poder se le da un nombre como si se tratara de una sola persona, Pablo continúa explicando que surgiría mediante el engaño y ganaría adeptos: «Con todo engaño de injusticia entre los que se pierden, porque no recibieron el amor a la verdad para ser salvos» (2 Tesalonicenses 2:10). Parece que el principal antídoto contra esta crisis dentro de la Iglesia es un compromiso firme con la verdad de Dios. Al mismo tiempo, sabemos que contamos con la seguridad de la ayuda de Dios en este proceso de resistir las mentiras de Satanás.

Ponlo en práctica:

Deja una reseña sincera sobre un producto que hayas comprado recientemente.

Profundiza:

2 Tesalonicenses 2:4–9, 11–17; 1 Juan 2:22; Apocalipsis 2:5