Descubre tus dones, 4.ª parte

Daily Devotional Audio

Durante 900 años, las coronaciones de los reyes y reinas británicos se han celebrado en la Abadía de Westminster. La última tuvo lugar el 2 de junio de 1953, cuando la princesa Isabel se convirtió en la reina Isabel II, la 39.ª soberana en ser coronada. El evento fue el primero en retransmitirse por televisión y lo vieron 27 millones de personas solo en el Reino Unido.

Las coronaciones suelen ser ceremonias fastuosas que marcan la investidura de un monarca con el poder real. En el Nuevo Testamento, otra ceremonia sencilla marcó el inicio de la labor de Pablo y Bernabé como misioneros. Después de que la iglesia ayunara y orara, el Espíritu Santo les indicó que separaran a ambos para la obra a la que Él los había llamado (Hechos 13:2).

La confirmación por parte de la iglesia no tenía por objeto conferir poder a estos dos hombres, sino reconocer lo que el Espíritu Santo ya estaba haciendo en sus vidas. La ceremonia tuvo lugar después de que se concediera el don misionero a Pablo y Bernabé. Del mismo modo, los dones del Espíritu no son otorgados por el cuerpo de Cristo, sino que el pueblo de Dios debe reconocerlos como procedentes del cielo.

Al descubrir nuestros dones espirituales, no debemos descuidar la opinión de los demás. A menudo resulta más difícil reconocer los propios dones que los de los demás. Quizá por eso la Biblia nos dice que «en la multitud de consejeros hay seguridad» (Proverbios 11:14). Puesto que Dios concede dones para edificar a la Iglesia, debemos esperar que el cuerpo de Cristo confirme nuestros dones y no confiar únicamente en nuestros sentimientos.

Los dones no se dan para engrandecernos ni para utilizarlos en nuestro propio beneficio, sino para seguir el ejemplo de Cristo: «Ni siquiera el Hijo del Hombre vino para que le sirvieran, sino para servir» (Marcos 10:45).

Ponlo en práctica:

Pregunta a algunas personas piadosas que te conozcan bien cuáles creen que son tus principales dones espirituales. Escucha con atención y busca patrones en lo que oigas.

Profundiza:

Mateo 20:27, 28; Hechos 6:1–7; 2 Timoteo 1:6