El weta de los árboles
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En la Isla Norte de Nueva Zelanda vive un insecto muy grande, parecido a un grillo y con patas espinosas, llamado «weta de los árboles». Estos insectos gigantes, incapaces de volar, suelen vivir en agujeros de los árboles y se alimentan de líquenes, flores, semillas y frutos. Algunas especies miden cuatro pulgadas de largo y pesan tanto como un móvil. Pero no intentes cogerlos si vibran; pueden dar una picadura muy dolorosa con sus poderosas mandíbulas y también provocar arañazos irritantes con sus patas espinosas, que están llenas de bacterias.
El aspecto físico amenazador del weta ya hace que estos insectos gigantes y espinosos den bastante miedo, pero si a eso le sumas su capacidad, casi como la de un zombi, para revivir tras la muerte, pues ya tienes un bicho espeluznante. Por supuesto, el weta no resucita realmente de entre los muertos, pero a veces «se hace el muerto». Cuando se siente amenazado, puede quedarse inmóvil durante un breve periodo de tiempo boca arriba, con las patas abiertas y las garras al descubierto, y las mandíbulas bien abiertas, listas para arañar y morder.
Otra forma en que los wetas parecen burlar a la muerte es cuando reviven tras haber estado congelados vivos durante meses. En invierno, sus cuerpos pueden quedar cubiertos de escarcha en ocasiones, a temperaturas de hasta 10 grados bajo cero (14 grados Fahrenheit). Son capaces de entrar en una especie de animación suspendida porque su hemolinfa contiene un anticongelante especial que impide que se forme hielo en sus células.
Los wetas solo pueden simular resucitar de entre los muertos, pero la Biblia dice que llegará un día en que todos resucitarán. «No os maravilléis de esto, porque llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán: los que han hecho el bien, a la resurrección de vida, y los que han hecho el mal, a la resurrección de condenación» (Juan 5:28, 29). Cristo resucitó de entre los muertos y tiene las llaves de la muerte. Nos ofrece a cada uno de nosotros el don de la resurrección y la vida eterna. Algunos cristianos lo son solo de nombre. ¡Son como los wetas congelados que necesitan ser descongelados y resucitados!