¿Enseña la visión de Hechos 10 que todas las carnes son lícitas para el consumo?
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El capítulo 10 de los Hechos ofrece un relato conmovedor de cómo un gentil llamado Cornelio reza en busca de la verdad. Se le aparece un ángel y le dice que envíe a unos hombres a Jope para invitar al apóstol Pedro a que vaya a enseñarle (versículos 3-6). Mientras se acercan los siervos de Cornelio, Pedro tiene un sueño y ve un lienzo que desciende del cielo. En él hay todo tipo de «animales de cuatro patas de la tierra, bestias salvajes, reptiles y aves del cielo. Y una voz le dijo: “Levántate, Pedro; mata y come”. Pero Pedro respondió: “¡De ninguna manera, Señor! Porque nunca he comido nada común ni impuro”» (vv. 12–14).
Hay quien sugiere que Cristo purificó todos los alimentos cuando estuvo aquí. Si eso fuera cierto, Pedro no sabía nada al respecto. Había pasado tres años y medio con el Maestro y había escuchado sus instrucciones, pero Pedro no había captado ninguna indicación de que ahora se pudieran comer animales impuros.
La visión confunde inicialmente a Pedro, pero a medida que se desarrolla la historia, el verdadero significado se aclara. El versículo 17 dice: «Mientras Pedro se preguntaba para sí mismo qué significaba aquella visión que había tenido, he aquí que los hombres que habían sido enviados por Cornelio… se presentaron a la puerta». El versículo 19 añade: «Mientras Pedro reflexionaba sobre la visión, el Espíritu le dijo: “He aquí que tres hombres te buscan”». Incluso se repite la orden de la visión de «levántate». «Levántate, pues, baja y ve con ellos sin dudar nada, pues yo los he enviado» (v. 20).
Al parecer, de camino de vuelta a la casa de Cornelio, el Señor respondió a las reflexiones de Pedro y le reveló el significado de su visión. Al entrar en la casa llena de gentiles, Pedro dijo: «Sabéis lo ilícito que es para un judío relacionarse con alguien de otra nación o acudir a su casa. Pero Dios me ha mostrado que no debo llamar a ningún hombre común o impuro» (versículo 28, el énfasis es mío).
El significado estaba ahora perfectamente claro. La visión de Pedro no tenía nada que ver con la alimentación. Era una señal de que, a partir de entonces, el evangelio debía predicarse a los gentiles.