Una unión celestial

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Algunos consideran que la Unión Europea (UE) ha sido un experimento fallido. Aunque se ha fijado objetivos ambiciosos —la comodidad de una moneda única, el fomento de la prosperidad mutua y la reducción de las tensiones políticas tras siglos de hostilidad—, muchos culpan a la UE del desempleo que sufren decenas de millones de europeos.

Algunos economistas creen que la UE debe integrarse más plenamente para prosperar, pero las posibilidades de que eso ocurra son prácticamente nulas. Crear un gobierno como el de Estados Unidos supondría un salto demasiado grande. A la mayoría de los europeos les estremezca la idea de unos «Estados Unidos de Europa». Quizá sería mejor volver a ayudar a las naciones de Europa a funcionar de forma independiente.

Algunos cristianos piensan lo mismo respecto a la Iglesia. Los diferentes temperamentos, culturas, ideologías y puntos de vista teológicos —incluso dentro de una misma confesión— hacen que los miembros se pregunten si las congregaciones independientes prosperarían más por su cuenta. Sin embargo, la Biblia dice: «Así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así también nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y cada uno es miembro de los demás» (Romanos 12:4, 5).

La unidad de la Iglesia es un poderoso testimonio para el mundo. No solo es «bueno y agradable» que los cristianos «vivan juntos en unidad», sino que es sorprendentemente inusual —especialmente a los ojos del mundo, donde la imposición de las leyes suele ser el medio para crear unidad—.

Cuando los cristianos viven en unidad, la obra de la Iglesia se ve potenciada y prospera. Los miembros se convierten en «colaboradores de Dios» (1 Corintios 3:9), «todos hablan lo mismo» y «no hay divisiones entre» los miembros, ya que cada uno está «perfectamente unido en un mismo espíritu» (1 Corintios 1:10).

Aunque la Iglesia se esfuerza por reflejar el carácter de Cristo, al final no será un experimento fallido, sino un éxito divino hecho posible por el Espíritu Santo.

Aplícalo:

Piensa en alguna ocasión en la que hayas trabajado en estrecha colaboración con un equipo de forma unida. ¿Qué te ayudó a lograr esa unidad?

Profundiza:

Hechos 2:1; 1 Corintios 3:3; Filipenses 2:1-3