El Papa critica la propiedad privada

El Papa critica la propiedad privada

Tras siete años de pontificado al frente de la Iglesia católica romana, el papa Francisco sigue dando que hablar —esta vez con una carta magisterial de 43 000 palabras denominada encíclica—. En «Fratelli Tutti» («Todos hermanos»), el líder de los 1200 millones de católicos del mundo vuelve a arremeter contra el capitalismo.

Durante siglos, la Iglesia católica ha permitido —e incluso fomentado— que sus miembros se dedicaran al comercio, los negocios y la industria como medio de mejora personal y social. Ahora, sin embargo, Francisco declara que hay límites a este tipo de prácticas. Según un editorialdel Wall Street Journal, dirige su desaprobación hacia «aquellos que nos habrían hecho creer que la libertad de mercado era suficiente para mantenerlo todo a salvo», señalando las economías mundiales en ruinas, ahora devastadas tras la COVID-19.

En otra noticia del Journal, se revelan más detalles de la opinión de Francisco: «El Papa subraya que, según la doctrina social tradicional de la Iglesia católica, el derecho a la propiedad privada está subordinado al “destino universal de los bienes creados”, un principio que, según él, trasciende las fronteras nacionales. “Cada país también pertenece al extranjero, en la medida en que los bienes de un territorio no deben negarse a una persona necesitada procedente de otro lugar”, escribe».

¿Se aplica este principio también a su propia propiedad?

Según el Papa, sí: «El derecho a la propiedad privada solo puede considerarse un derecho natural secundario, derivado del principio del destino universal de los bienes creados. Esto tiene consecuencias concretas que deberían reflejarse en el funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, a menudo ocurre que los derechos secundarios desplazan a los derechos primarios y superiores, haciéndolos irrelevantes en la práctica».

Para Francisco, este «principio del uso común de los bienes creados» prevalece sobre todos los demás. Eso significa que lo que uno posee, en realidad, puede y debe ser utilizado por el público. De hecho, el Papa se remite a su anterior encíclica, «Laudato Si’», al declarar que este principio, el más central de todos, es una «tradición cristiana» arraigada.

Recurre a la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10, 30-37) y a su descripción de una persona que ayudó a un desconocido que no pertenecía a su misma comunidad. En un artículo publicado en The Dialog, el periodista católico David Gibson señala: «El papa Francisco advierte que la sociedad actual no debe “dar la espalda al sufrimiento”. […] Escribe: “¡Que no caigamos en tales profundidades!”. La parábola “nos exhorta a redescubrir nuestra vocación como ciudadanos de nuestras respectivas naciones y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social”».


¿Son los derechos de propiedad derechos humanos?

Pero Steven Greenhut, en un artículo publicado en Reason.com, rebate la tesis del Papa: «Desde su lujoso entorno vaticano, el Papa describe la propiedad como algo secundario e incluso de mal gusto, pero, al hacerlo, refuerza la primacía de la propiedad. “Cuidar del mundo en el que vivimos significa cuidarnos a nosotros mismos”, escribió Francisco. “Sin embargo, debemos pensar cada vez más en nosotros mismos como una única familia que habita en un hogar común”. Fíjense en la referencia al hogar de una persona. No es necesario ser propietario de una casa para tener un hogar, pero la propiedad es el eje de nuestras otras libertades —y la mejor garantía de que podemos mantener a nuestras familias y ayudar a los demás».

Greenhut añade: «Como señaló acertadamente el papa Francisco, algunas personas utilizarán sus recursos para explotar a otras. Pero olvida convenientemente que las injusticias han existido a lo largo de la historia. A medida que se ha expandido la economía de mercado basada en los derechos de propiedad, la pobreza extrema ha retrocedido en todo el mundo. La población que vive en la pobreza extrema ha descendido vertiginosamente en paralelo al crecimiento de los “dogmas” económicos que el papa denuncia. Quizás haya una conexión».


Las reglas de la riqueza

Por supuesto, muchas personas siguen enfrentándose a dificultades extremas, y la pandemia no les ha mejorado la vida. Pero, ¿es la confiscación o la redistribución de la riqueza personal la respuesta?

A modo de ejemplo, si el Gobierno federal adquiriera de alguna manera hasta el último céntimo de los activos de los 15 multimillonarios más ricos de EE. UU., que suman un total de 921 900 millones de dólares, y luego extendiera un cheque a cada persona de esta nación de 328,2 millones de habitantes, la parte que le correspondería a cada individuo sería de 2808,96 dólares, y eso sería un pago único.

El que acumula con su trabajo aumentará su riqueza.

La Biblia tiene mucho que decir sobre la riqueza y, dependiendo de cómo se adquiera y se utilice, si es buena o mala. «La riqueza obtenida con deshonestidad se reducirá, pero el que acumula con su trabajo aumentará», leemos en Proverbios 13:11. En otras palabras, la persona cuya dura labor, ingenio e inventiva producen riqueza puede contar con que le llegará más riqueza; la persona que se hace rica mediante el engaño perderá lo que ha ganado. Del mismo modo, «el que tiene la mano floja se empobrece, pero la mano del diligente enriquece» (10:4).

Y aquí está esta instrucción de la Palabra de Dios: «Cada uno dé según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación [coacción]; porque Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7). Lo que una persona da sigue siendo su elección individual. Es el motivo de la persona, el estado de «su corazón», lo que le importa a Dios.

El pastor Doug Batchelor abordó el tema de la riqueza analizando el consejo bíblico del hombre más rico que jamás haya existido, el rey Salomón. Su estudio bíblico,«El hombre rico, el hombre pobre», demuestra que las pasiones humanas, sean cuales sean, nunca pueden satisfacerse a menos que se entreguen al Señor.

Algún día, si te despojan de tus derechos de propiedad —o de algo más—, ten por seguro lo que no te pueden quitar: tu decisión de seguir al Señor.

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