El terremoto de Afganistán
El miércoles 21 de junio, poco antes de la 1:30 de la madrugada, un potente terremoto sacudió la zona, en su mayor parte rural, del este de Afganistán, dejando 2.000 heridos y destruyendo 10.000 viviendas. Las cifras varían en cuanto a la magnitud, que se sitúa entre 5 ,9 y 6,1, así como en el número de fallecidos, que oscila entre 770 y 1.150 personas. La agencia Associated Press (AP) confirmó que «el terremoto fue el más mortífero de Afganistán en dos décadas» y que «se sintió a más de 500 kilómetros (310 millas) de distancia por 119 millones de personas en Afganistán, Pakistán y la India».
Las fotos de la BBC muestran a afganos en medio de montones de escombros de piedra, ladrillo y madera. Lo que antes eran hogares que albergaban «de media… siete u ocho personas» cada uno, ahora son solo túmulos funerarios para maridos, madres y decenas de niños pequeños.
«Por cada calle por la que pasas, oyes a gente lamentando la muerte de sus seres queridos», comentó un reportero.
«Mi vida ya no tiene sentido… Vi morir a mis tres hijas y a mis cuatro nietos; tengo el corazón destrozado», dijo un hombre.
Otro superviviente describió la desgarradora decisión que tomó al rescatar a sus familiares. Tanto su hija como su esposa quedaron atrapadas bajo los escombros. Sacó primero a su hija. Cuando regresó a por su esposa, ya había fallecido.
Los pobres se empobrecen aún más
El epicentro del terremoto, la provincia de Paktika, es una tierra ya devastada por los conflictos, desde la guerra con los soviéticos a principios de la década de 1980 hasta la actual ocupación talibán tras la controvertida retirada de Estados Unidos en 2021. De hecho, los artículos periodísticos destacaban unánimemente el resurgimiento talibán como uno de los principales obstáculos para prestar ayuda a la población devastada: ahora, «muchos países, incluido Estados Unidos, canalizan la ayuda humanitaria a Afganistán a través de la ONU y otras organizaciones similares para evitar que el dinero caiga en manos de los talibanes».
Esto, unido a un terreno hostil, ralentizó enormemente el proceso. Aunque los camiones y aviones de organizaciones como UNICEF, una rama de las Naciones Unidas dedicada a la ayuda humanitaria para la infancia, lograron llegar al país con suministros, se tardaba horas más en llegar a las propias aldeas, «a al menos tres horas en coche de la gran ciudad más cercana».
Además, tras la toma del poder por parte de los talibanes, «los gobiernos de todo el mundo suspendieron miles de millones en ayuda al desarrollo y congelaron otros tantos en las reservas de divisas de Afganistán, negándose a reconocer al gobierno talibán y exigiéndoles que permitieran un gobierno más inclusivo y respetaran los derechos humanos». Esta medida, de alcance casi mundial, supuso un duro golpe para un país en el que «más del 60 % de [una] población de 38 millones […] depende de la ayuda internacional para sobrevivir». Además de dejar a millones de personas en la miseria, las sanciones también redujeron «los ingresos medios… en aproximadamente un tercio», incluidos los del sector médico. Eso significaba que, incluso una vez que la ayuda llegaba a las zonas afectadas por el desastre, los aldeanos en apuros tenían que lidiar con los «numerosos centros de salud de todo el país [que habían] cerrado, incapaces de pagar al personal u obtener suministros». Como explicó un médico: «No teníamos suficiente personal ni instalaciones antes del terremoto, y ahora el terremoto ha destruido lo poco que teníamos».
Aunque algunos de los heridos más graves han sido trasladados desde entonces a hospitales de Kabul, la capital de Afganistán, a más de 250 kilómetros de distancia, muchos otros pasaron «más de 24 horas tras el terremoto… excavando entre los escombros a mano en busca de supervivientes» y las dos noches siguientes «durmiendo al aire libre bajo la lluvia [en] tiendas de campaña montadas en los patios de sus casas derruidas».
El viernes, se vieron afectados por un terremoto de magnitud 4,2, una réplica que causó la muerte de otras cinco personas y dejó heridas a otras 11 en Gayan, un distrito de Paktika. El sábado, «las autoridades… suspendieron la búsqueda de supervivientes».
La AP también informó de que «en una medida poco habitual, el líder supremo de los talibanes, Haibatullah Akhundzadah, que casi nunca aparece en público, suplicó a la comunidad internacional y a las organizaciones humanitarias “que ayudaran al pueblo afgano afectado por esta gran tragedia y no escatimaran esfuerzos”». Fue una anomalía que ponía de manifiesto la gravedad de la situación.
Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por medio de Él.
El plan de rescate de Dios
¿Qué haces cuando te encuentras entre la espada y la pared? Quieres ayudar a las víctimas, pero tampoco confías en el gobierno bajo el cual residen esas víctimas. En realidad, Dios lleva miles de años lidiando precisamente con ese problema, y Su solución es infalible. Es más, está garantizada.
La ayuda humanitaria definitiva ha llegado al mundo. Fue enviado por el país más poderoso del universo, el reino de Dios; y fue entregado para rescatar a las víctimas de este mundo, a toda la población humana: «En esto se manifestó el amor de Dios hacia nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4:9, 10).
¿Conoces la misión de Jesucristo? ¿Sabes que has sido«salvado de una muerte segura»?
Nuestro mundo está gobernado por un demonio y un tirano, «el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia» (Efesios 2:2). El diablo ha hecho todo lo posible para impedir que el socorro llegue a ti. Pero ha fracasado. Tienes un Salvador. Tienes una mano que constantemente se extiende para sacarte de entre los escombros. Tienes un Salvador que escalará la montaña más empinada y vadeará el mar más profundo «para buscar la [oveja] que se ha extraviado» (Mateo 18:12). Jesucristo no nos ha abandonado. E incluso en los lugares más oscuros, desiertos y olvidados de la tierra, Él nos encuentra.
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