¿Por qué se puso del lado de un entrenador escolar devoto el Tribunal Supremo de los Estados Unidos?
Una contribución única que Estados Unidos ha aportado al mundo es el concepto de «separación entre Iglesia y Estado». La lógica que subyace a esta idea es sencilla.
El gobierno actúa mediante la fuerza y las sanciones si alguien incumple sus leyes. Por ejemplo, la mayoría de las personas que respetan el límite de velocidad no lo hacen por preocupación por la seguridad de los demás, sino porque el Estado tiene el poder de multarlas si no lo hacen. Cumplimos muchas otras leyes y pagamos impuestos porque, para decirlo sin rodeos, nos vemos obligados a hacerlo bajo la amenaza de la fuerza.
Por el contrario, la fe religiosa, la adoración a Dios, no significa nada si es impuesta por las autoridades civiles. Un siglo antes de la fundación de los Estados Unidos, el escritor británico John Locke —conocido por haber influido en Thomas Jefferson— escribió: «Porque el cuidado de las almas no está encomendado al magistrado civil, ni más que a otros hombres. No le ha sido encomendado, digo, por Dios; porque no parece que Dios haya otorgado jamás tal autoridad a un hombre sobre otro, como para obligar a nadie a su religión». Estas eran palabras radicales en una época en la que el «magistrado civil» podía encarcelarte por tener la fe «equivocada».
La fe no debe ser impuesta, sino libremente elegida.
De ahí el principio de la separación entre Iglesia y Estado en los Estados Unidos: mantener separados, en la medida de lo posible, aquello que, por naturaleza, debe ser impuesto (la ley humana) de aquello que, por naturaleza, debe ser libremente elegido (la fe).
La oración en la escuela
El principio no siempre ha sido fácil de poner en práctica, de manera coherente y sin ambigüedades, como ha demostrado la legislación sobre la separación entre Iglesia y Estado en el último siglo. Un ejemplo reciente: el Tribunal Supremo de los Estados Unidos falló recientemente a favor de un entrenador de fútbol americano de instituto que fue despedido por rezar en la línea de 50 yardas después de cada partido.
¿Despidieron a un hombre en los Estados Unidos de América por rezar?
La cuestión, sin embargo, es más complicada que eso y requiere algunos antecedentes. A lo largo de décadas, en diversos litigios sobre la oración en la escuela, el Tribunal Supremo ha votado generalmente en contra de la oración pública dirigida por funcionarios escolares o con el apoyo de la escuela. Aunque es fácil describir estas sentencias como antirreligiosas, como «la expulsión de Dios de las escuelas», el principio de separación entre Iglesia y Estado subyace tras ellas.
En primer lugar, a ningún alumno, ni tampoco a ningún profesor, se le prohíbe rezar en la escuela. Sin embargo, en el momento en que la oración pasa a formar parte del plan de estudios, o de cualquier forma del propio aparato escolar, surge la amenaza de coacción espiritual, por mínima que sea. Por lo tanto, con el fin de proteger a un niño de cualquier sensación de coacción, los tribunales no lo han permitido.
Al fin y al cabo, ¿a quién podría estar rezando un responsable escolar: a Jesús, a Krishna, a Odín o a Moloc? ¿Y qué pasa con aquellos alumnos que no creen en ningún dios? ¿Qué presión, por sutil que sea, podrían haber sentido para conformarse cuando un entrenador se toma un tiempo para rezar abiertamente?
Hace años, una viñeta editorial mostraba a un niño de primaria en el «cinturón bíblico» al que se le pedía que dirigiera una oración en clase. «Oh, Buda», entonaba el niño, «desde el más allá». Eso podría estar bien si los demás alumnos creyeran en Buda, pero ¿qué pasa con los que no? ¿Se les obligaría a participar o se les permitiría levantarse e irse? Las leyes contra las oraciones dirigidas por profesores o autorizadas por la escuela se diseñaron para evitar problemas como este, y el Tribunal Supremo solía fallar a favor de dichas leyes, impidiendo de hecho cualquier tipo de servicio de oración oficial en las escuelas públicas de primaria y secundaria.
Kennedy contra el Distrito Escolar de Bremerton
En un caso reciente, Kennedy contra el Distrito Escolar de Bremerton,, el Tribunal Supremo parece haber dado un giro diferente. «El Tribunal Supremo falló el lunes a favor de un entrenador de fútbol americano de instituto que perdió su trabajo por sus oraciones tras los partidos en la línea de 50 yardas. Por 6 votos contra 3, los magistrados dictaminaron que la conducta de Joseph Kennedy estaba protegida por la Primera Enmienda».
Durante unas seis temporadas de fútbol americano, al terminar un partido, el entrenador de fútbol americano del instituto de Bremerton, Joe Kennedy, caminaba hasta el centro del campo, se arrodillaba y rezaba. No pedía a los alumnos que se unieran a él; se trataba simplemente de su propio ritual de oración en un espacio público. A veces rezaba solo; otras, se le unían otros jugadores y entrenadores, incluso de equipos rivales. Cada oración duraba unos 30 segundos.
Cuando la temporada de 2015 estaba a punto de comenzar, el Distrito Escolar de Bremerton le dijo a Kennedy que debía dejar de rezar en el campo de fútbol porque, según ellos, tales acciones violaban la Cláusula de Establecimiento, que prohíbe al gobierno promover una fe concreta.
¿Cómo puede el hecho de que unas pocas personas recen, sin obligar a nadie a seguirlas, constituir el establecimiento de una religión? Una vez más, esto nos remite a la dificultad de aplicar el principio de separación entre Iglesia y Estado a todas las situaciones. En este caso, ¿dónde acabaría todo esto? Si el entrenador Kennedy quiere rezar en las instalaciones escolares, ¿qué impediría a los adoradores locales de Odín querer ejercer el mismo privilegio? De hecho, el Templo Satánico de Seattle solicitó al distrito escolar que le permitiera rezar junto al entrenador después de cada partido. La idea, por supuesto, era evitar por completo que algo así ocurriera durante los eventos escolares.
El fallo
Argumentando que la práctica no violaba la Cláusula de Establecimiento, la mayoría del Tribunal Supremo afirmó que las acciones de la escuela«se basaban en la visión errónea de que tenía el deber de detectar y suprimir las prácticas religiosas, incluso cuando permite expresiones seculares comparables».En una opinión disidente, la minoría argumentó que la cuestión clave del caso era «si un distrito escolar está obligado a permitir que uno de sus empleados incorpore una manifestación pública y comunicativa de sus creencias religiosas personales en un acto escolar».
Aunque la sentencia parece inocua, el razonamiento que la sustenta podría conducir, tal vez, a una mayor intromisión del Gobierno en lo que, en última instancia, debe ser un asunto privado. Con otra sentencia reciente del Tribunal Supremo que permite que los fondos públicos se destinen a una escuela religiosa, una práctica anteriormente prohibida, muchos consideran que este tribunal está erosionando el muro de separación entre Iglesia y Estado y las protecciones de la libertad religiosa que garantiza la Constitución. Solo el tiempo lo dirá.
Aunque la decisión del caso Kennedy contra el Distrito Escolar de Bremerton no parece en absoluto peligrosa, las profecías bíblicas predicen que, algún día, la libertad religiosa en Estados Unidos será destruida y que el «magistrado civil» utilizará, de hecho, la fuerza para promover una única versión de la fe. ¿Cómo podría suceder eso y cómo podemos estar preparados cuando ocurra? Para saber más, consulta nuestra Guía de estudio«La marca de la bestia».
\n