Lamento por el tiroteo en una escuela de Texas
A última hora de la mañana del 24 de mayo, un joven de 18 años de Uvalde, Texas, protagonizó un ataque que culminó con un tiroteo en una escuela y su propia muerte. La masacre se saldó con un total de 21 muertos, 19 niños de primaria y dos profesores, aunque esa cifra aún podría aumentar. Otras 17 personas resultaron heridas, y se espera que la mayoría se recupere.
Días después de su cumpleaños, el tirador compró«dos rifles de asalto en una tienda».Aproximadamente una semana después, media hora antes del ataque, publicó un mensaje privado en Facebook en el que decía que iba a disparar a su abuela, cosa que hizo. Ella es una de las heridas que se encuentra en estado crítico. A continuación, publicó que iba a atacar una escuela primaria, cosa que hizo.
El hombre primero estrelló un vehículo, la vieja camioneta de su abuela, en una zanja cerca de la escuela primaria Robb, a la que asisten unos 600 niños de entre siete y diez años. Situada a unos 87 kilómetros de la frontera con México, la escuela tenía«aproximadamente un 90 % dealumnoshispanos». Tras disparar a los transeúntes que se acercaban y que habían presenciado su accidente, continuó hacia la escuela y entró en un aula de cuarto curso a las 11:32 hora local. A continuación, cerró la puerta con llave y procedió a abrir fuego.
«Un aula típica, donde hay un gran grupo de niños juntos dentro de esa clase, sin ningún sitio adonde ir», dijo Christopher Olivarez, teniente del Departamento de Seguridad Pública de Texas. «Esto solo demuestra la maldad absoluta del tirador».
La Biblia nos dice: «Sus obras son obras de iniquidad, y el acto de violencia está en sus manos. Sus pies corren hacia el mal, y se apresuran a derramar sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos de iniquidad; la desolación y la destrucción están en sus caminos» (Isaías 59:6, 7).
La matanza terminó con un tiroteo entre el tirador y las fuerzas del orden. Dos policías resultaron heridos antes de que un agente de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. abatiera al agresor. Las 21 víctimas fueron halladas en esa única aula.
El amor se ha enfriado
¿Cómo se procesa esto? ¿Cómo se le da sentido?
«Ante tragedias como esta, cualquier combinación de palabras siempre parecerá insuficiente», escribió Doug Batchelor, presidente de Amazing Facts International. «Pero a riesgo de sonar anticuado y predecible[,] animaría a los creyentes de todo el mundo a orar por las familias de los niños y los profesores a quienes esta violencia sin sentido ha destrozado sus mundos».
A medida que se va revelando este sombrío relato, mientras las familias derraman su dolor y los políticos se debaten, estamos viendo cómo la predicción de Cristo se manifiesta ante nuestros propios ojos: «Por haberse multiplicado la iniquidad, el amor de muchos se enfriará» (Mateo 24:12).
Pero hay, como animó el pastor Doug, algo que podemos hacer en este momento de tragedia. «Ayunad y orad por las familias afectadas por esta horrible tragedia», continuó. «Las oraciones unidas de muchos creyentes realmente marcan la diferencia y serán sentidas por las familias».
Lloremos, lamentemos y oremos, porque no podemos curarnos a nosotros mismos. No podemos quitar el dolor a esos padres y madres que ya no volverán a oír la risa de sus hijos, ni a abrazarlos con fuerza antes de que se vayan a dormir, ni a verlos con orgullo cuando se gradúen de la universidad. Pero hay Alguien que sí puede.
«El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros» (Isaías 25:8), promete la Biblia. «Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento. Ya no habrá dolor» (Apocalipsis 21:4). Un día, cuando Dios haya destruido el pecado y la muerte para siempre, cuando cree una nueva tierra, todos los que le aman, todos los que creen en Él, serán sanados plena y absolutamente.
Aquí hay varios versículos más de las hermosas promesas de Dios para aquellos de nosotros que estamos de duelo.
[PQ-HERE]Dios en la cruz
No nos hemos quedado sin esperanza. Aunque los horrores del pecado se desaten a nuestro alrededor, aunque el diablo intente ahogarnos, tenemos un Dios que es nuestro salvavidas constante. Tenemos un Dios que conoce las profundidades del sufrimiento humano.
«No hay abismo tan profundo que el amor de Dios no sea aún más profundo». La predicadora cristiana Corrie ten Boom repetía a menudo esta frase. Y qué cierta es. «Con amor has librado mi alma del abismo de la corrupción» (Isaías 38:17), según se registra que dijo el rey Ezequías de Judá refiriéndose al Salvador.
Por muy profundo que sea el dolor, Dios puede extender su mano derecha de justicia para traerte de vuelta. Y puede hacerlo porque Él mismo lo hizo. Él mismo experimentó una agonía mucho mayor de la que cualquiera de nosotros jamás experimentará. Dios Padre sabe exactamente lo que significa que le arrebaten a su propio Hijo por los estragos del pecado: «Dios demuestra su amor por nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Y su Hijo, Jesucristo, «siendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que… viniendo en semejanza de hombre… se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:6–8). Dios mismo sufrió y murió. Dios mismo sabe lo que es tanto ser el Hijo ejecutado como ser el Padre que llora.
Te invitamos a conocer más sobre el precioso amor de Dios por ti en nuestro libro gratuito El alto costo de la cruz.
Llevemos nuestro propio sufrimiento a la luz del Calvario, y allí, seamos sanados.
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