¿Pueden los cristianos comer de todo según el capítulo 10 de la Primera Carta a los Corintios?
Pregunta
¿Enseña 1 Corintios 10:27 que los cristianos deben comer todo lo que se les ponga delante?
Respuesta
Echemos primero un vistazo rápido al versículo bíblico en cuestión: «Si alguno de los que no creen os invita a cenar, y deseáis ir, comed todo lo que se os ponga delante, sin preguntar nada por causa de la conciencia» (1 Corintios 10:27).
Cuando los no cristianos ofrecen hospitalidad a los cristianos, el espíritu de Cristo es aceptar tales invitaciones siempre que sea posible. Jesús solía comer con quienes no eran sus seguidores. «Un fariseo le pidió [a Jesús] que cenara con él. Así que entró y se sentó a comer» (Lucas 11:37). El cristianismo no exige que los creyentes se conviertan en solitarios y se aíslen de todo contacto social con los demás. (Véase Romanos 12:13; Tito 1:8; Hebreos 13:2.)
Se pierden muchas oportunidades valiosas de dar testimonio cuando los creyentes se muestran reacios a disfrutar de la hospitalidad que les ofrecen los no creyentes. Los cristianos pueden aprovechar esas ocasiones para dirigir su atención hacia Dios y el plan de salvación.
Come de todo lo que se te ponga delante
Pero, ¿qué quiso decir el apóstol Pablo en 1 Corintios 10:27 cuando dijo: «Comed de todo lo que se os ponga por delante, sin preguntar nada por causa de la conciencia»? Este pasaje debe entenderse en el contexto del tema que trata Pablo, que es la carne que había sido ofrecida a los ídolos. Pablo sugiere que los invitados deben dejar de lado esta cuestión y aceptar con cortesía la comida que les ofrecen sus anfitriones, y abstenerse de preguntar si la comida que se sirve ha sido ofrecida a un ídolo. También dijo: «En cuanto al comer de lo que se ofrece a los ídolos, sabemos que un ídolo no es nada» (1 Corintios 8:4).
Esto no significa que se deba ignorar la idoneidad de los alimentos desde el punto de vista de la salud, pues Pablo dice: «¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:19, 20).
El principio básico que se enseña es «no dar motivo de tropiezo»
Algunos han sugerido que cuando Jesús envió a los apóstoles a predicar, les dio instrucciones de que debían «permanecer en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que les dieran» (Lucas 10:7), lo que significaría que podían comer cualquier cosa bajo el sol. Sin embargo, si Jesús envió a los apóstoles judíos a predicar entre «las ovejas perdidas de la casa de Israel», sus anfitriones obviamente conocían la diferencia entre los alimentos puros y los impuros. (El capítulo 11 de Levítico enumera los tipos específicos de carnes puras e impuras).
Las directrices de la Biblia siguen vigentes
Sin embargo, las instrucciones de Jesús y Pablo no tenían por objeto eliminar las directrices bíblicas relativas a los alimentos impuros. El principio básico que se enseña es «no dar motivo de tropiezo» (1 Corintios 10:32); en otras palabras, ser un testigo de Cristo ante los no creyentes, eliminando todos los posibles obstáculos «para que se salven» (v. 33).
Como vegetariano que sigue los consejos de salud de la Biblia, ¿qué hago cuando me invita a su casa una familia que no sigue mi misma dieta? Simplemente les comunico a mis anfitriones con antelación que me encantaría comer con ellos y que, aunque no quiero causarles ninguna molestia, soy vegetariano. He descubierto que, en los tiempos que corren, hacer saber a la gente que tienes algunas restricciones alimentarias no es un obstáculo para disfrutar juntos de una agradable comida. Es más, como la gente suele sentir curiosidad, a menudo se abre una conversación que me permite compartir mi fe de una manera no crítica y cautivadora.
—Pastor Doug
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