Una vez que te has salvado, ¿puedes perder alguna vez tu salvación? 3.ª parte
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Mientras seguimos profundizando en el tema de la salvación, quiero destacar que Dios no quiere que vivamos con miedo. Juan escribe: «En el amor no hay temor; sino que el amor perfecto echa fuera el temor» (1 Juan 4:18). Mientras permanezcamos en Cristo, no tenemos nada que temer. Pero cuando soltamos Su mano y decidimos apartarnos de Su voluntad para seguir nuestro propio camino, entonces perdemos esa seguridad. Sin embargo, mientras pongamos nuestras vidas en manos del Todopoderoso, no tenemos por qué vivir con miedo ni con dudas. Dios no quiere que pasemos por ese tipo de experiencia.
Creo que es importante que renovemos diariamente nuestra entrega al Señor. Eso no significa que estemos perdidos cada día. Pablo dijo: «Muero cada día» (1 Corintios 15:31). Lo que quiere decir con eso es: «Cada día elijo morir a mí mismo y renacer para Dios». Cada día nos volvemos a consagrar a Dios. Eso no significa que estés perdido y salvado, perdido y salvado… como si estuvieras en una montaña rusa espiritual. Jesús nos enseñó a orar: «Danos hoy nuestro pan de cada día» (Mateo 6:11). Vivimos basándonos en la confianza diaria en el Señor.
Algunos cristianos defienden la doctrina de la seguridad eterna. La Biblia enseña que Dios nos deja la puerta abierta para que cambiemos de opinión en cualquier momento. La salvación no se basa únicamente en un acto o una elección irrevocable del pasado, sino en una relación continua y personal del creyente con Cristo. Cuando se toma la decisión de romper esa relación de amor mediante una desobediencia deliberada, el creyente deja de ser un verdadero creyente y pierde toda seguridad de la salvación.