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Los dos testigos
Un hecho sorprendente
La luz artificial más brillante de la Tierra emana de la cima del hotel Luxor, una gigantesca estructura piramidal, en Las Vegas (Nevada). Un total de 45 luces de xenón, cada una del tamaño de una lavadora y con la bombilla más brillante disponible, dispara una potente ráfaga de luz radiante directamente hacia el cielo. La luz que emana de la cima de esta montaña artificial es tan brillante que los astronautas pueden verla mientras sobrevuelan la zona. Se advierte a los pilotos de líneas aéreas que eviten la zona, ya que el haz de luz puede cegarles temporalmente si la atraviesan. Lamentablemente, esta luz artificial, la más brillante de la Tierra, está totalmente desaprovechada: no ilumina nada mientras se proyecta en el espacio vacío.
LUZ CELESTIAL
¿Sabía que hay un relato en la Biblia que habla de la cima de una montaña resplandeciente de luz celestial? Aunque rara vez se habla de él, este acontecimiento, llamado el Monte de la Transfiguración, o a veces el Monte Glorioso, es uno de los momentos más cruciales del Nuevo Testamento. Esta experiencia monumental que aparece en los Evangelios de Mateo 16, Marcos 9 y Lucas 9 está llena de profundo significado para los cristianos, y ayuda a iluminar muchas otras asombrosas verdades bíblicas.
ASCENDIENDO HACIA LA LUZ
Después de un largo día de enseñar y ministrar a las multitudes, Cristo y sus discípulos se separan de las clamorosas multitudes. Jesús dice entonces algo muy inusual: “Hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios presente con poder” (Marcos 9:1 NKJV). Probablemente a sus discípulos les pareció que Jesús estaba prediciendo algo realmente grande. Pero, ¿qué? Entonces, seis días después de que Jesús hace este anuncio críptico, llegan al pie de una “montaña alta”. Allí elige a su “trinidad” de apóstoles de confianza -Pedro, Santiago y Juan- y, con ellos a cuestas, deja a los demás en el valle y comienza el largo ascenso por la empinada colina. Cuando el sol se pone, tropiezan cansados en la cima. Jesús se arrodilla inmediatamente y comienza a rezar, y al principio los discípulos intentan unirse a él; pero, agotados, pronto caen en un profundo sueño. Entonces sucede algo extraordinario. Combinando los testimonios de Lucas y Marcos, se nos dice: “Mientras oraba, se transformó ante ellos. El aspecto de su rostro se alteró, y su manto se volvió blanco y resplandeciente. Blanquísimo, como la nieve, como no hay lavandero en la tierra que pueda blanquearlo”. (Véase el relato completo en Lucas 9:29-31 y Marcos 9:2-9 LBLA).
EL MOTIVO DE LA REVELACIÓN
Súbitamente despertados por el acontecimiento cósmico, los discípulos ven a Cristo brillar con una luz celestial que irradia desde su interior. Ya no es sólo el humilde hijo de José y María, sino que, con una gloria sin velo, aparece ahora como el majestuoso Creador del universo. En el libro clásico El Deseado de todas las gentes, el autor nos ayuda a comprender mejor la razón principal de Jesús para esta visita celestial. El Padre amoroso les concede esta breve visión de la gloria de su Hijo, porque sabe que los discípulos pronto verían a su Maestro completamente humillado. Su maestro estaba a punto de ser desnudado, golpeado y sangrando -pareciendo muy indefenso y muy mortal. Así que, de la misma manera que un arbolito almacena savia durante la cálida y luminosa primavera para sostenerse durante el frío y oscuro invierno, Jesús sabe que la fe de sus discípulos necesitaba un impulso luminoso en la montaña para sobrellevar el oscuro día que se acercaba en el Calvario. Los discípulos también necesitaban el consuelo de este acontecimiento porque seguían confundiendo el propósito de la misión del Mesías con las populares fábulas judías de gloria terrenal. Jesús sabía que iba a ser devastador para ellos ver sus esperanzas de gloria terrenal perforadas por los clavos romanos, así que el Padre les concedió esta visión para recordarles que el reino de Cristo era celestial, no terrenal.
¿POR QUÉ MOISÉS Y ELÍAS?
Junto a la gloriosa luz del cielo, la más brillante jamás vista en la tierra, aparecieron al lado de Cristo dos de las más grandes celebridades de las Escrituras. “Y se les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús” (Marcos 9:4 LBLA). Alguien podría preguntarse, ¿por qué estos dos individuos? Dios también se había llevado a Enoc al cielo, ¿por qué no lo acompañó en esta visita especial? Muy simple, los dos individuos prominentes que vinieron eran símbolos vivientes de la Palabra de Dios. Moisés representa la ley, y Elías representa a los profetas. Jesús dice en Mateo 5:17, “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: No he venido a destruir, sino a [cumplir]”. Moisés es el gran legislador, y Elías es el mayor de los profetas del Antiguo Testamento. A lo largo de la Biblia, la Palabra de Dios se representa a menudo con una doble imagen. Los Diez Mandamientos se escribieron en dos tablas de piedra. La Palabra de Dios también se representa como una espada con dos filos. Dos lámparas y dos olivos representan las dos divisiones sagradas de la Biblia. Pero el testimonio último de la Palabra de Dios es Jesús: “En el volumen del libro está escrito de mí” (Hebreos 10:7). El volumen del Libro, la Biblia, todo apunta a Jesús, que es la combinación de dos naturalezas, la humana y la divina. Jesús es el Verbo hecho carne (Juan 1:14). En Lucas 16:31, Jesús concluye su parábola del Rico y Lázaro: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque uno resucitó de entre los muertos”. Aquí Jesús pone una prioridad muy alta en la Palabra de Dios, y no debemos perderla. No importa de qué milagros seas testigo, incluso de alguien resucitando de entre los muertos, aún así deberías colocar la simple Palabra de Dios en un lugar más alto.
EL AVAL DEFINITIVO
En época de elecciones, los políticos empiezan a hacer campaña y a competir por el apoyo de los votantes. Una forma habitual de conseguirlo es obtener el respaldo del mayor número posible de líderes populares y creíbles. Desde los tiempos de Abraham, todos los judíos habían estado esperando la llegada del Mesías. Varios falsos Cristos habían aparecido en el paisaje de la historia hebrea. Ahora, como símbolo de apoyo supremo, Jesús aparece glorificado flanqueado a derecha e izquierda por los dos mayores héroes del antiguo Israel. Moisés y Elías rodean a Jesús para darnos una imagen muy vívida de que la Palabra de Dios señala y respalda a Jesús como el Mesías. Este respaldo de Moisés y Elías representa el respaldo de la ley y los profetas, la Palabra de Dios, de que Jesús es el “que viene” (Mateo 11:3). La transfiguración es también un cumplimiento directo de la profecía. Malaquías predijo: “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, que yo le mandé en Horeb para todo Israel, con los estatutos y decretos. He aquí, yo os envío al profeta Elías antes del día grande y terrible del Señor”. Una de las razones por las que la Palabra de Dios es tan maravillosa es porque es tan precisa. Tanto Moisés como Elías aparecieron en el Nuevo Testamento antes del sacrificio de Jesús para animarle y respaldarle.
DOS O TRES TESTIGOS
En Apocalipsis 11:3-12, encontramos la gran profecía de los dos testigos de Dios. “Estos son los dos olivos y los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra” (Apocalipsis 11:4). Sabemos que una lámpara es símbolo de la Palabra de Dios: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino” (Sal 119,105). Cuando Zacarías ve dos olivos en visión, pregunta al ángel qué representan. “Entonces él respondió y me habló diciendo: Esta es la palabra del Señor” (Zacarías 4:6). También se necesita el aceite de oliva del Espíritu para iluminar la lámpara de la Palabra de Dios.El Apocalipsis advierte de lo que les ocurrirá a los que quieran dañar a los dos testigos de Dios, la Santa Biblia. “Si alguien quiere hacerles daño sale fuego de sus bocas y devora a sus enemigos”. Esto sucedió en las experiencias tanto de Elías como de Moisés. El fuego descendió del cielo sobre los egipcios cuando perseguían a los hijos de Dios y consumió a los hijos de Aarón. También consumió a los soldados cuando desafiaron a Elías. Además, “Estos tienen el poder de cerrar el cielo para que no caiga lluvia en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre”. ¿Rezó Elías y dejó de llover? ¿Rezó Moisés y el agua se convirtió en sangre? Así que de nuevo vemos por qué Dios compara a los dos testigos, Su Palabra, con el ministerio de Moisés y Elías.Entonces, como si el respaldo de Moisés y Elías no fuera suficiente, una nube cubre la cima de la montaña y se oye la voz del Todopoderoso diciendo: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo.” La Biblia dice: “En boca de dos o tres testigos será firme toda palabra” (2 Corintios 13:1). En el Monte, dos seres humanos redimidos por Cristo testifican que Él es el Mesías y, por supuesto, el tercero es la voz de Dios mismo. ¿Y qué mejor confirmación de la verdad podría haber ofrecido Dios: el legislador y profeta más grande y Su propio testimonio audible? En efecto, Moisés dice: “Éste es”. Elías dice: “Este es el Elegido”. Entonces Dios Todopoderoso dice: “Este es el Único”.
UNA DISCUSIÓN DIVINA
Cuando leí por primera vez este pasaje, me pregunté: “¿Cómo supieron que eran Moisés y Elías?”. No tenían fotografías periodísticas ni imágenes de vídeo archivadas con las que comparar a estos seres. Luego me di cuenta de que probablemente escucharon parte de la conversación y oyeron a Jesús dirigirse a ellos por su nombre. Afortunadamente, el Evangelio de Lucas nos da incluso una pequeña pista sobre lo que hablaron estos grandes hombres. Dice: “Moisés y Elías, que aparecieron en gloria y hablaron de su muerte, que iba a cumplir en Jerusalén” (Lucas 9: 30, 31). Por supuesto, “muerte” se refiere a Su sacrificio en el Monte Calvario. No puedo imaginar a otras dos personas que estuvieran mejor cualificadas para animar a Jesús a seguir adelante con Su sacrificio. Tanto Moisés como Elías entendieron el aguijón de la persecución y el rechazo de su propio pueblo. Ten en cuenta que tanto Moisés como Elías habían estado en el cielo durante cientos de años, no por sus buenas obras, sino porque estaban disfrutando de un anticipo del sacrificio que Jesús estaba a punto de hacer. En otras palabras, si Jesús no seguía adelante con el plan de morir por la humanidad, Moisés y Elías no tenían derecho a permanecer en el cielo. Obviamente, estaban muy motivados para animar e inspirar a Jesús a seguir adelante. En última instancia, su propósito era ser testigos de Cristo y apoyar a Jesús en su prueba y sacrificio venideros.
TRES TABERNÁCULOS
Cuando los ojos de los discípulos se adaptaron a la luz y recobraron la cordura, imagino que lo primero que hicieron fue quitarse los zapatos al darse cuenta de que estaban en tierra sagrada. Tras unos minutos aterrorizados escuchando a hurtadillas este diálogo divino, Pedro se siente obligado a decir algo. Pedro respondió y dijo a Jesús: “Maestro, es bueno que estemos aquí, y hagamos tres tabernáculos: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías” (Marcos 9:5). Es interesante que la historia bíblica registre tres templos terrenales: uno en el desierto durante la época de Moisés; el templo de Salomón en pie durante la época de Elías; y el tercer templo construido después del cautiverio babilónico. Este tercero es el que limpió Jesús. También hay tres aspectos o etapas de la salvación: la justificación, simbolizada por Moisés; la santificación, el ministerio de Elías; y el hombre lleno de Dios o glorificación, representado por Jesús.
EXPERIENCIA EN LA CIMA DE UNA MONTAÑA
Muchos de los puntos culminantes de la Biblia son también experiencias en la cima de montañas. El Señor a menudo dispuso acontecimientos profundos en las cimas de las montañas porque constituyen monumentos naturales. Cada vez que el pueblo de Dios miraba estos picos prominentes, recordaba los eventos importantes de su historia sagrada. Considere, por ejemplo, que después de 40 años en el desierto, Dios entregó Su pacto a Moisés en la cima de una montaña. El Monte Sinaí tenía el fuego de Dios con humo y truenos sacudiendo la cumbre. Después de 40 días en el desierto, Dios también habló a Elías en el monte Sinaí con fuego, viento y un terremoto (1 Reyes 19:11, 12). Después de 40 días en el desierto, Jesús reprendió al diablo en un monte alto (Mateo 4:8-10). Dios también hace sus promesas en las montañas. Fue en las montañas de Ararat donde Dios hizo Su pacto con Noé. Hizo Su pacto con Abraham en el monte Moriah. Toda la nación judía confirmó su pacto con la Tierra Prometida desde el monte Gerizim (Josué 8:33). Por supuesto, Elías estaba en el Monte Carmelo cuando cayeron el fuego y la lluvia, un símbolo del Espíritu revivificador de Dios lloviendo sobre la iglesia. Moisés vislumbró por primera vez la Tierra Prometida desde el monte Nebo, y es desde un monte alto desde donde Juan ve por primera vez la ciudad santa (Apocalipsis 21:10). Al igual que Jesús, Moisés estaba de pie sobre una montaña con las manos extendidas, sostenido a derecha e izquierda por Aarón y Hur (Éxodo 17:12). Por supuesto, cuando Jesús murió en el Calvario, dos ladrones lo rodearon por la derecha y por la izquierda, representando a dos clases de pecadores, de la misma manera que están Moisés y Elías flanqueando a Jesús en el Monte de la Transfiguración. Creo que antes de subir al Monte Glorioso, tenemos que subir al Monte Calvario. Dios quiere confirmar un pacto contigo y llenarte de Su Espíritu, y eso sucederá cuando te humilles en el monte donde Jesús fue inmolado.
LA ÚLTIMA PALABRA
El Monte Glorioso resuena con autoridad divina. Marcos 9:7 dice: “Y vino una nube y los cubrió con su sombra”. En realidad, esta nube vela la gloria del Padre, que declara: “Este es mi Hijo amado. Escuchadle”. Dios Padre viene a sancionar a Su Hijo que recibe Su total aprobación. Esto es tan importante que lo entendamos. Al comienzo del ministerio de Jesús, Dios Padre habla personalmente en el bautismo de Cristo en el valle bajo del Jordán, e identifica a Jesús como Su Hijo. Dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, anunciando que la nación judía ya no necesita buscar a nadie más como Mesías (Mateo 3: 17). Cualquiera que haya venido antes que Él era un fraude, y cualquiera que venga después es una falsificación. Jesús es el Mesías. Luego, al final del ministerio de Jesús, Dios Padre identifica de nuevo a Su Hijo divino en la montaña, ordenando algo muy simple. “Escuchadle”. Es una frase completa, fácil de entender. Pero “oíd” significa algo más que oír los sonidos audibles. Realmente significa “escuchar con toda atención y hacer”. Jesús dice: “El que tenga oído, que oiga lo que el Espíritu dice a la Iglesia” (Apocalipsis 2:17). Dios Padre, en persona, nos ordena a ti y a mí que escuchemos la palabra de Jesús y que la pongamos en práctica. Ha habido muchos falsificadores, fraudes, impostores y líderes de sectas que han intentado hacerse pasar por Cristo. Pero Dios Padre dice de Jesús en la Biblia: “Escuchadle”. ¡Él es la Palabra verdadera! Eso es algo muy poderoso de contemplar.
SÚBITAMENTE
Cuando los últimos ecos de la atronadora voz de Dios resuenan en la montaña, los temblorosos discípulos se encogen de miedo. Marcos 9:8 dice: “De repente” todo terminó. Tan rápido como se encendió la luz, se apagó. “Cuando miraron a su alrededor, ya no vieron a nadie, salvo a Jesús solo con ellos”. A medida que la gloria se evapora y sus ojos se adaptan a la oscuridad, Moisés y Elías y el Padre y la nube se han ido; todo lo que pueden ver es a Jesús. Él prometió: “No te dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5). Es fácil que nuestra visión se vea oscurecida por el caleidoscopio de imágenes que vemos en la Biblia. Y es fácil que se nos nuble la mente con el collage de imágenes que vemos en la vida moderna. Pero cuando todo se desvanece y volvemos a la base de la montaña, ¿qué es lo que realmente importa? Creo que Dios nos está diciendo que sólo escuchemos a Jesús, que sólo veamos a Jesús. Él era el único que quedaba con ellos; puede que todos los demás te abandonen, pero Jesús dice: “Yo estaré con vosotros hasta el final” (Mateo 28:20). Recuerda siempre que Jesús sigue estando a tu lado incluso después de que desaparezca la gloria.
NI LO MENCIONES
Cristo vuelve a decir algo muy inusual a los aturdidos discípulos. Usted y yo apenas podemos imaginar cómo se sentían estos tres apóstoles “al bajar del monte” (Marcos 9:9). Aquel increíble acontecimiento debió de cambiarles la vida, y probablemente estaban en estado de shock espiritual, incluso más que cuando Cristo calmó la tempestad o caminó sobre las aguas. Puede que incluso resplandecieran con los restos de luz que aún se disipaban de sus rostros, como Moisés resplandecía después de hablar con Dios. ¿Qué dudas podían tener ahora sobre Jesús? Probablemente estaban dispuestos a morir por Jesús en ese mismo momento. Pero entonces Jesús les ordena que no cuenten a nadie las cosas que habían visto. Imagino que fue uno de los mandatos más difíciles que recibieron de su Señor. Acababan de presenciar una visión del cielo. Han visto a Moisés y han visto a Elías. Al igual que el antiguo Israel, han escuchado la voz de mando de Dios reverberando desde una montaña, y ahora, se les dice que no hagan ningún comentario con respecto a este notable evento. No lo mencionen. No lo olviden. Les está pidiendo a tres pescadores que no comenten la experiencia más emocionante de sus vidas. No sé si hubiera podido mantenerlo en silencio.
TIEMPO PARA CONTAR
Afortunadamente, no les pidió que “nunca lo mencionaran”. Más exactamente, Jesús les pidió: “Que no dijesen a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitase de entre los muertos” (Marcos 9:9) ¿Por qué les haría Jesús esta petición sabiendo que sus corazones habían sido tan profundamente tocados a través de este acontecimiento? Creo que quería que guardaran esta experiencia para cuando realmente la necesitaran. Pedro, Santiago y Juan fueron escogidos para ser los líderes de la iglesia primitiva, y cuando todo parecía perdido, y cuando las cosas se ponían difíciles, ellos podían decir: “No se desanimen. Queremos contarles algo que vimos esa noche con Jesús en la montaña”. Pero tristemente, parece que justo cuando más lo necesitaban, no recordaron esta experiencia-cuando su Señor fue a la cruz, olvidaron quién era Él. ¿Le ha dado Dios una experiencia en la cima de la montaña? Tal vez Él ha respondido oraciones y obrado milagros que justo cuando están sucediendo, usted dice: “¡Vaya, alabado sea el Señor!”. Pero luego cuando la gloria se desvanece, terminas en un valle con el diablo acosándote. Es como cuando Dios dijo a los hijos de Israel que no hicieran ídolos, y oyeron la voz de Dios, y sintieron temblar la tierra, y vieron fuego consumir una montaña. Prometieron al Señor que obedecerían. El diablo es un maestro en inducir amnesia en la cima de la montaña. Si le prestas cinco minutos de tu atención, puede hacerte olvidar toda una vida de milagros. Si aceptas sus sugerencias, si aceptas su desánimo y sus dudas, todos esos recuerdos de la cima de la montaña pueden disiparse justo cuando más los necesitas.
IMPORTANCIA DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
La experiencia en el Monte Glorioso es especialmente importante para el final de los tiempos; por eso, después de Su resurrección, Jesús volvió para enseñar sobre esto. “Y comenzando desde Moisés y todos los profetas [¡aquí están otra vez Moisés y Elías!], les explicaba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27). Apocalipsis 12:17 dice: “Y el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. La mujer representa a la iglesia, y el dragón, el diablo, quiere destruirla. La iglesia de los últimos días tiene dos características sobresalientes: Ellos “guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesús”. ¿Qué es el testimonio de Jesús? Apocalipsis 19:10 explica: “El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía”. Así que los miembros de la iglesia de los últimos días son identificados como un pueblo que guardará la ley (los mandamientos) y tendrá a los profetas (el espíritu de profecía). Isaías 8:16 dice: “Ata el testimonio, sella la Ley entre mis discípulos”. Moisés, antes de morir, exhortó a los hijos de Israel a guardar la ley. Les repite los Diez Mandamientos en Deuteronomio 5 y dice: “Estas palabras que te he dicho hoy estarán en tu corazón. Las atarás a tu mano. Serán como frontales entre tus ojos”. Así que la ley y las palabras de los profetas son selladas por el Espíritu Santo en la mente y el corazón del pueblo de Dios. “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30). Debemos saturarnos de la ley y de los profetas, de la Palabra de Dios, con un propósito especial en estos últimos días. Marcos 9 dice: “Sus vestidos se volvieron resplandecientes, blanquísimos como la nieve, tanto que ningún lavandero en la tierra los puede blanquear”. Marcos está realmente luchando aquí por encontrar palabras para describir el aura brillante de luz que los discípulos vieron alrededor de esta asamblea celestial. Las vestiduras de Cristo eran de un blanco radiante, como nieve nueva, y resplandecían como el sol. Por supuesto, el manto que llevaba Jesús es un símbolo de su pureza. Es lo que lleva puesto en el cielo. Maravillosamente, a usted y a mí se nos ofrece esta misma ropa purificada por Su sangre, si permanecemos fieles a Su Palabra. “Estos… lavaron sus ropas y las emblanquecieron en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:14). “Puesto que habéis purificado vuestras almas obedeciendo a la verdad por medio del Espíritu, en amor sincero” (1 Pedro 1:22 RVA).
LO QUE ELÍAS Y MOISÉS NO HARÁN
Ya que estamos hablando del fin de los tiempos, es importante examinar una cuestión crucial que está causando mucha confusión. En Apocalipsis 11, leemos acerca de dos testigos. “Y daré poder a mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio”. Por favor note que esto no dice que estos dos testigos solo profetizaran por 1,260 dias, porque los testigos de Dios testifican todo el tiempo. Esto, por supuesto, se refiere a la Edad Oscura desde 538 d.C. hasta 1798, cuando la ley y los profetas, la Biblia, fue oscurecida. Hay muchos buenos cristianos por ahí que creen que en los últimos días, Moisés y Elías literalmente bajarán a la tierra de nuevo para predicar, sólo para ser asesinados y yacer en las calles durante tres días y medio. Es una verdad a medias, porque los dos testigos, la Palabra, está simbolizada por Moisés y Elías. Pero estos dos hombres de Dios están en el cielo con sus cuerpos glorificados, y la Biblia no nos dice que Él quiera que otros dos bajen del cielo para ser asesinados. Moisés y Elías no volverán a la tierra de esta manera.
UN TIPO DEL SEGUNDO ADVENIMIENTO
Para cerrar el círculo, volvamos un momento al punto de partida. Una de las lecciones más importantes del Monte de la Transfiguración es que representa una imagen en miniatura de la segunda venida de Jesús. Refiriéndose a esta experiencia, Pedro identifica el acontecimiento como una muestra de la venida de Jesús. “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas ingeniosas, sino que hemos sido testigos oculares de su majestad. Porque recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando le fue dada tal voz desde la excelsa gloria: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (2 Pedro 1:16, 17). Recordemos que Jesús dijo que algunos de sus discípulos no experimentarían la muerte antes de ver venir el reino de Dios con poder. Por supuesto, sabemos que estos discípulos murieron hace mucho tiempo, pero se les dio un anticipo de lo que será cuando Cristo regrese. De esta historia se pueden extraer varias ideas interesantes. Considere los paralelismos: Habrá dos categorías de santos cuando Jesús regrese: los resucitados y los vivos. Moisés, que murió y fue resucitado (Judas 1:9), es un símbolo de la gran clase de personas que despertarán de sus tumbas polvorientas cuando el Señor los llame: “Los muertos en Cristo resucitarán”. Elías representa la otra clase de personas que estarán vivas cuando Jesús regrese. Como Elías, que fue arrebatado al cielo por un carro de fuego, y Enoc, que caminó con Dios hasta entrar en el cielo, serán trasladados con cuerpos nuevos y gloriosos sin probar jamás la muerte. Durante la transfiguración, Jesús, Moisés y Elías llevan vestiduras blancas, las mismas que llevarán los redimidos. También los acompañan nubes de gloria; Jesús se fue en las nubes y dijo que volvería en las nubes. Y hasta la voz del Padre que está en los cielos se oyó en el Monte Glorioso, igual que sucederá cuando Cristo regrese a la derecha del Padre (Mateo 26:64).
FALTAN SEIS DÍAS
Incluso podría tener algún significado el hecho de que todo esto ocurra seis días después de que Jesús hiciera la promesa. Después de que Cristo dijo a los discípulos que verían llegar Su reino, se demoró seis días antes de llevarlos a la montaña. Sin embargo, antes de continuar, tanto Mateo como Marcos registran este período como seis días. Pero Lucas menciona que la demora fue de ocho días. A muchos antagonistas les gusta señalar esto y decir: “¡Contradicción!”. Pero eso no es así. Mateo y Marcos, ambos judíos, registraron el tiempo de manera diferente que Lucas, que era griego. Lucas incluye el día en que Jesús habló del acontecimiento que iba a suceder y el tiempo que tardaron en volver a casa, y también da una estimación aproximada, “unos ocho días.” No, aquí no hay fuego ni humo: estos tres relatos coinciden perfectamente. Pero después de seis días, Jesús sube a los discípulos. En 2 Pedro 3, se nos dice: “Pero, amados, no olvidéis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. Después de la caída de Adán, Dios promete que Cristo vendrá a derrotar al diablo, y cuando Cristo vino, dijo que volvería otra vez. Si podemos aproximar la fecha de la creación a aproximadamente 4004 a.C., sabemos que durante 2.000 años, Dios predicó Su mensaje a través de los patriarcas, hombres como Adán, Matusalén, Enoc y Noé. En 2004 a.C. nació Abraham. Durante los siguientes 2.000 años, Dios predicó Su Evangelio a través de los judíos, los hebreos. Y ellos esperaron fielmente que el Mesías viniera a través de sus descendientes. Luego, aproximadamente en el año 4 a.C., nació Jesucristo, y durante los últimos 2.000 años, Dios ha compartido Sus buenas nuevas a través del Israel espiritual, la iglesia. Si sumamos estos tres 2.000, obtenemos 6.000. Si aplicamos el tema sobre el que escribe Pedro, bueno, ¡se te pondrá la piel de gallina! El Salmo 90:4 reafirma: “Mil años delante de tus ojos son como el día de ayer cuando ya ha pasado” También me gustaría añadir que el Señor dice que los justos vivirán y reinarán con el Señor durante 1.000 años, un sábado de descanso. Después de este tiempo en el cielo, Dios crea un nuevo cielo y una nueva tierra, sobre los cuales descenderá la Nueva Jerusalén. Ciertamente podría estar equivocado, y la fijación de fechas está prohibida en la Biblia, pero creo que el plan de salvación se engloba en siete mil años. Creo que va a suceder así. Si ahora mismo estamos en tiempo extra, no deberíamos sorprendernos. Debemos estar agradecidos, porque la Biblia dice que el Señor es paciente y no quiere que nadie perezca. Dios va a hacer todo lo que pueda, pero con todo lo que está sucediendo en las noticias de hoy, deberíamos estar temblando de que estamos viviendo durante el ocaso del sexto día. ¡El Sábado milenial pronto comenzará!
UN TEMA BÍBLICO
El relato de la transfiguración no es el único de la Biblia en el que se invoca un periodo de seis días. Por ejemplo, en Job 5:19, “Él te librará en seis angustias, sí en siete ningún mal te tocará”. Además, Atalía reinó durante seis años antes de que Josías fuera coronado. Cuando Josías salió del templo, Atalía fue asesinada y él fue coronado; incluso sonaron las trompetas, y después comenzó el sábado. Los siervos hebreos fueron liberados después de seis años de servidumbre. También sembraban los campos durante seis años y dejaban la tierra desolada al séptimo. Del mismo modo, la tierra estará desolada durante mil años, tiempo en el que no se sembrará el Evangelio. Jesús dice: “Yo soy el Sembrador. El Evangelio es la semilla”. Cuando Él viene en el Apocalipsis, es con una hoz para cosechar. Pero lo más interesante es cuando Moisés se quedó en la base del Monte Sinaí. Todos sabemos que permaneció en la montaña durante 40 días y 40 noches, como en el diluvio. Pero antes de eso, Éxodo 24 dice: “Durante seis días permaneció en la base del monte”. Después de eso, Dios lo llamó a la cima para que recibiera los mandamientos. Esto es igual a lo que sucedió en el Monte Glorioso. Después de seis días, Jesús subió a la montaña, y Moisés se reunió con Él allí. ¡La Biblia encaja perfectamente! Es como un rompecabezas. Es significativo que diga “después de seis días”. Eso me dice que si este es un cuadro en miniatura de la segunda venida, estamos muy cerca del regreso del Señor.
LA IGLESIA TRANQUILIZADA
Es prudente tener en cuenta que el Monte Glorioso ocurrió de forma muy inesperada. La atmósfera que rodeaba la montaña era tranquila y oscura: los somnolientos discípulos dormitaban. Entonces, ¡BANG! Sucedió. Cristo vendrá como un ladrón en la noche, cuando muchos de sus seguidores estén desprevenidos. Hay una sobria advertencia para nosotros en esta experiencia. En los momentos más cruciales de la historia de la iglesia, Satanás parece sedar a los santos. Justo antes de esta revelación de gloria, las Escrituras declaran que los discípulos “estaban cargados de sueño” (Lucas 9:32). Cuando Jesús fue al Huerto de Getsemaní, la Biblia nos dice que escogió a los mismos tres discípulos para orar con Él. Y de nuevo se durmieron. Asimismo, en la parábola de las 10 vírgenes, Jesús nos advierte justo antes de la segunda venida que “todas se durmieron y se adormecieron” (Mateo 25:5). Parece que en los momentos más críticos del ministerio de Jesús, los santos están roncando. Por eso Jesús advierte: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa; si al anochecer, a medianoche, al canto del gallo, o por la mañana, no sea que, viniendo de repente, os halle durmiendo” (Marcos 13:35, 36 LBLA). Cuando deberían haber estado arrodillados con Él en el huerto, recordando la gloria que presenciaron, se durmieron. Y como Pedro, Santiago y Juan estaban dormidos en el Monte de la Transfiguración, perdieron todo el potencial de su experiencia. Olvidaron el Monte Glorioso, por lo que no estaban preparados para seguir a Cristo al Monte Calvario. Me pregunto si eso les persiguió el resto de sus vidas: esa oportunidad perdida porque se durmieron cuando deberían haber rezado.
UNA PALABRA MÁS SEGURA
¿Cómo podemos mantenernos despiertos? A la poderosa arma de la oración, podemos añadir el testimonio de Moisés y Elías, la ley y los profetas. La Palabra de Dios puede prepararte para cualquier cosa. En 2 Pedro 1:17, Pedro vuelve a referirse al Monte Glorioso. Es la única vez que alguno de los tres discípulos escribe sobre ello. Pero antes de la muerte de Pedro, escribe apasionadamente: “Porque [Jesús] recibió de Dios Padre honra y gloria cuando le llegó una voz desde la Excelsa Gloria: ‘Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia’. Y esta voz, que venía del cielo, la oímos cuando estábamos con Él en el monte santo” (v. 17, 18). Pero incluso después de reflexionar sobre ese momento decisivo de su vida, Pedro añade: “Tenemos también una palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos” (v. 19). ¿Te imaginas decir eso después de ver a Cristo en toda su gloria intercalado entre los dos más grandes personajes del Antiguo Testamento, con la voz de Dios Padre grabada para siempre en tu memoria? Sin embargo, Pedro confiesa que, por grande que fuera aquella experiencia, él tenía algo más importante, más fiable. La Palabra de Dios es una luz que “brilla más y más hasta que amanece” Pedro vio a Cristo glorificado; recibió una visión del cielo. Pero tú y yo tenemos algo que vale más. Tenemos la Biblia. Cristo nos dice a través de Pedro que su Biblia es más digna de confianza que una visión. Si quieres una experiencia en la cima de una montaña, la tienes a tu alcance si tomas tu Biblia. Nada es más importante que el testimonio de Moisés y Elías, la espada de doble filo, la Ley y los Profetas, los mandamientos de Dios, el testimonio de Jesús: es lo más precioso que Dios ha confiado a los mortales. Es Jesús, el Verbo que se hizo carne.
BRILLANDO PARA DIOS
De niño, siempre me fascinaron esos juguetes de plástico de color verde pálido que se iluminaban y que podías sostener cerca de una luz y ver cómo brillaban incluso después de apagarla. Recuerdo que uno de esos juguetes era una espada de plástico que brillaba en la oscuridad. El Señor nos ha dado un mensaje especial de advertencia en el Monte de la Transfiguración. Nos esperan días muy difíciles, y ahora debemos pasar tiempo en el monte recogiendo la luz de la Palabra de Dios para atravesar los valles oscuros. El mensaje de la montaña nos dice que Jesús es el Único, y que nosotros también podemos llevar las mismas vestiduras que Él, Elías y Moisés llevaron aquel día. Nos dice que escuchemos el testimonio de Jesús, y las leyes y los profetas, que apuntan al cumplimiento a través de Cristo. Es una imagen de la inminente segunda venida de Jesús, y una advertencia para que no nos adormezcamos espiritualmente. La experiencia en la cima de la montaña nos ayuda a recordar que, incluso cuando la gloria se desvanece, Jesús siempre está con nosotros y Jesús es el único camino al cielo. Siete personas aparecieron en la montaña ese día: Tres del cielo: Moisés, Elías y Dios Padre; tres de la tierra: Pedro, Santiago y Juan. Y luego estaba Jesús: el puente, la escalera entre el cielo y la tierra.