Un teatro cósmico

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El teatro moderno tiene su origen en la Grecia del siglo VI; surgió de una ceremonia religiosa en la que cincuenta hombres entonaban un canto coral dedicado al dios Dioniso. En el año 534 a. C., Tespis de Ática fue el primero en recitar frases individuales durante este canto. Pronto añadió narración y representó episodios dramáticos. Su influencia fue tal que todavía hoy llamamos «tespianos» a los actores.

El público de la antigua Grecia zapateaba para mostrar su aprecio a los actores. Los actores griegos utilizaban grandes máscaras para que las personas más alejadas pudieran identificar a cada personaje y lo que este sentía. Las máscaras se fabricaban con una pieza bucal a modo de megáfono para ayudar a amplificar las voces de los actores.

El escenario de actuación más grande del universo es la Tierra, y el reparto está formado por toda la humanidad. Hemos sido «hechos un espectáculo [literalmente, “teatro”] para el mundo». El libro de Job nos da una visión de esta obra cósmica cuando los hijos de Dios se presentaron ante el Señor y Satanás se unió a ellos. Cuando el Señor le preguntó a Satanás: «¿De dónde vienes?» (Job 1:7), él respondió: «De recorrer la tierra de un lado a otro y de andar por ella de un extremo a otro».

Esta convocatoria celestial revela una visión de la gran batalla que tiene lugar entre el bien y el mal. (Véase Efesios 6:12.) Nuestro planeta es el escenario en el que se libra una gran lucha entre Cristo y Satanás por los corazones de las personas. La vida de Job muestra de manera dramática este drama sobre la humanidad, que es observado por los seres de otros mundos.

Cuando el pecado rompió la relación entre Dios y la humanidad (Isaías 59:2), Jesús vino a la tierra para recuperar los corazones de su creación. En el centro de la vida y la resurrección de Jesús se encuentra la muerte de Cristo en el Calvario: el acto principal que pondrá fin a este conflicto universal.

Aplícalo:

¿Qué papel desempeñas tú en este gran conflicto entre el bien y el mal?

Profundiza:

Job 1:6–12; 2:1–10; Hebreos 10:32, 33; 1 Pedro 5:8