En armonía con Dios

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«Que lo cuelguen». Esa fue la presión a la que se vio sometido el general Douglas MacArthur por parte de Washington respecto a qué hacer con el emperador Hirohito de Japón por los crímenes de guerra cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero cuando MacArthur fue testigo del colapso total de una nación que veneraba a su líder divino, llegó a la conclusión de que la venganza no era justicia. En su lugar, utilizó su influencia para emprender el camino de la reconciliación. La historia confirma que la reconstrucción de esta nación devastada por la guerra fue un triunfo.

Cuando Adán y Eva pecaron, Dios tenía todo el derecho a dejarlos morir, pero en lugar de eso tomó la iniciativa de reconciliar al mundo consigo mismo. El Señor no se alejó de Adán y Eva, sino que los buscó en el jardín (Génesis 3:9). Los pecadores son reconciliados con Dios, no Dios con los pecadores.

El plan para llevar a las personas de vuelta a Dios se llevó a cabo a través de Jesucristo. «Si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida» (Romanos 5:10). La palabra «expiación» capta esta unión y significa estar «en armonía» en una relación que se había distanciado.

El regalo de Cristo para nosotros va más allá de pagar el castigo por nuestros pecados. ¡Jesús ciertamente murió como el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29). El servicio del santuario afirma la necesidad de sacrificar un cordero. Pero también revela el ministerio intercesor de Jesús en el santuario celestial, donde los beneficios de su sacrificio perfecto profundizan nuestra reconciliación con Dios.

La expiación de Jesús no solo se llevó a cabo por nosotros, sino que nos transforma desde dentro para hacernos nuevos en Cristo. La reconciliación no es solo una forma de escapar del castigo, sino de reconstruir nuestras vidas a imagen de nuestro Creador. «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas las cosas se han vuelto nuevas» (2 Corintios 5:17).

Aplícalo:

¿Estás distanciado de alguien con quien necesitas reconciliarte? Ora para que el poder de Dios te guíe hacia la paz.

Profundiza:

Levítico 4:26; Efesios 1:19–23; Hebreos 9:22