¿Enseña la Biblia que, para Dios, un día equivale a mil años?
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El apóstol se refiere aquí a los «burladores» que, en los últimos días, dirán: «¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres se durmieron, todo sigue como desde el principio de la creación» (v. 4). A aquellos que se sienten impacientes por la segunda venida, él trata de mostrarles que el tiempo es relativo. Les asegura que Dios no se ha olvidado de ellos.
Hace años, Albert Einstein dijo: «Pon la mano en una estufa caliente durante un minuto y te parecerá una hora. Si te sientas con una chica guapa durante una hora, parece un minuto. Eso es la relatividad». A los niños de tercer curso les parece que tardarán una eternidad en llegar a cuarto. A las personas que esperan a alguien que llega tarde les puede parecer que tarda una eternidad. La velocidad con la que pasa el tiempo es relativa a cómo piensas y a lo que estás viviendo.
Eso es lo que Pedro intenta explicar cuando dice que con Dios el tiempo no se mide de la misma manera que con los humanos. Dios no necesita un reloj. El Señor nunca se siente impaciente. Como Dios es omnisciente y conoce el pasado, el presente y el futuro, no está limitado por calendarios ni relojes. Nosotros vivimos dentro de los límites de los minutos, las horas, los días y los años. Dios no.
Hay una regla para entender el tiempo profético en la Biblia llamada el principio de «un día por un año» (véase Números 14:34 y Ezequiel 4:6), pero este pasaje no habla de una profecía bíblica en particular. Simplemente muestra nuestra impaciencia en comparación con la paciencia de Dios. «El Señor no tarda en cumplir su promesa, como algunos consideran que tarda, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento» (1 Pedro 3:9).
A quienes se burlan de la demora de la venida de Cristo, Pedro les dice que el Señor vendrá «como un ladrón en la noche». Pero los que confiamos en el Señor esperamos pacientemente la bendita esperanza. Cuando estás ocupado haciendo la obra del Señor, el tiempo vuela.