¿Enseña Pablo que tenemos un espíritu separado de nuestro cuerpo?

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Los seres humanos somos muy complejos y hemos sido creados de manera maravillosa. A veces, para comprender los diferentes aspectos de nuestro ser, hablamos de las distintas partes que lo componen. El apóstol Pablo hace esto al mostrar cómo la obra santificadora de Dios actúa «por completo» sobre todo nuestro ser. Para ilustrar hasta qué punto el Señor influye en nuestras vidas, habla del «espíritu, el alma y el cuerpo».

La palabra griega para «espíritu» que se utiliza aquí es pneuma, que proviene de la palabra que significa «aliento». Se utiliza no solo para describir la vida de una persona (Lucas 8:55), sino también nuestra mente e inteligencia. Fíjate en cómo escribe Pablo: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16). El Espíritu Santo habla a nuestra mente y comparte la verdad con nosotros.

La palabra «alma» en este pasaje proviene de la palabra psuche, de la que deriva nuestra palabra psicología. Más allá de nuestros pensamientos inteligentes, esta palabra parece referirse a nuestras emociones y deseos. Hoy en día podríamos usar la palabra «corazón» para captar este concepto. Se trata menos de pensar y más de sentimientos e incluso instintos. Esta parte de nuestras vidas también es tocada por el Espíritu y es donde David desea que se escriba la ley de Dios (Salmo 40:8).

Incluso nuestro «cuerpo» es importante para Dios, nuestra propia carne y hueso. Cuando el Señor obra en nuestras mentes, no nos dejamos llevar por nuestra naturaleza inferior. Deseamos cuidar de todo nuestro ser para su gloria (1 Corintios 6:19, 20). Pero estas diferentes partes no existen por separado, del mismo modo que no se puede sacar el cerebro de una persona de su cráneo y dejarlo a un lado.

El mensaje de este pasaje no es enfatizar las diferentes partes de nuestro ser como elementos separados, sino la obra de Dios en todo nuestro ser. No existimos como entidades separadas y tampoco le interesa al Espíritu trabajar solo en un aspecto de nuestras vidas. ¡Dios obra de manera completa!