¿Es necesario rezar «en el nombre de Jesús» al final de cada oración?
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De hecho, Jesús nos ordena que recemos en su nombre. Dice: «En verdad, en verdad os digo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo concederá» (Juan 16:23). Sin embargo, esto no significa que el mero hecho de pronunciar su nombre tenga algún tipo de poder mágico.
Imagina que me acerco a un completo desconocido para pedirle un favor. Es poco probable que escuche mi petición. Pero si le entrego una carta de su mejor amigo, alguien a quien quiere, y está firmada por él… bueno, eso podría marcar una gran diferencia. Le digo: «Mira, vengo en nombre de Enrique, y aquí tienes una carta de Enrique, firmada por él mismo. ¿Puedes ayudarme con este problema?». Si quiere a Enrique, y yo vengo en nombre de Enrique, me escuchará.
Jesús nos dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Cuando acudimos al Padre, lo hacemos en el nombre del Señor Jesús y decimos: «Por favor, escucha mi oración. No porque me lo merezca. El pecado me ha alejado de ti. Pero por tu amor hacia tu Hijo, por favor, atiende mi petición por amor a Él». Eso es realmente lo que significa orar en el nombre de Jesús. También puede significar orar con la mente y el espíritu de Cristo y con la misma actitud que tenía Jesús.
Por supuesto, el Padre también nos ama; quiere que acudamos a Él. Por eso envió a Jesús para tender un puente entre nosotros. Jesús dijo: «En aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; pues el Padre mismo os ama, porque me habéis amado y habéis creído que yo procedo de Dios» (Juan 16:26, 27).