¿Espera Dios que vivamos con un cónyuge que nos maltrata físicamente?

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Es muy triste que se produzcan actos de violencia en tantos hogares cristianos. Estadísticamente, casi siempre es el marido quien maltrata a la mujer, pero también puede ocurrir al revés. Y hay muchas formas diferentes de violencia familiar más allá del maltrato físico: psicológica, emocional, sexual y verbal. El maltrato físico suele ir acompañado de otros tipos de maltrato. Cuando agredimos a otra persona golpeándola, dándole patadas, abofeteándola, propinándole puñetazos, apaleándola o sometiéndola a cualquier otra forma de maltrato, la menospreciamos como ser humano creado a imagen de Dios.

A veces se cita Efesios 5:22 para presionar a las esposas a permanecer en una relación abusiva: «Esposas, someteos a vuestros maridos». La parte que se omite es «como al Señor». También se pasa por alto este pasaje: «Maridos, amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella» (v. 25). Va en contra de los principios cristianos que un marido exija a su esposa que se someta a sus agresiones físicas contra ella o contra los hijos.

Lamentablemente, hay ocasiones en las que un matrimonio se deteriora hasta tal punto que el maltrato físico exige una separación. El daño físico puede poner en peligro la vida y es un problema grave que exige atención inmediata. El cónyuge y los familiares que hayan sufrido maltrato físico deben encontrar un entorno seguro en el que vivir. Tanto el marido como la mujer deben buscar ayuda profesional a través de un consejero matrimonial cristiano cualificado. El objetivo es la reconciliación sanadora, pero es posible que en algunos de estos casos no se alcance.

Está en consonancia con los principios cristianos que un cónyuge busque un lugar seguro y no viva sometido a maltrato físico. Las iglesias deben considerarse refugios y no precipitarse a cuestionar a una persona —normalmente una mujer— que lucha por mantenerse fiel en el matrimonio, pero que vive sometida a tal crueldad. Algunas comunidades ofrecen centros de acogida para víctimas de violencia doméstica que proporcionan espacio y tiempo para la sanación.

Ayudemos a quienes sufren maltrato y no ignoremos el problema.